“Mi esposo jamás aparecerá. Está muerto”: la esposa de Muñóz Rocha

CIUDAD VICTORIA, TAMPS.- “No tengo la menor duda: mi esposo jamás aparecerá. Esta muerto”, dice Marcia Cano Valdés, cónyuge de Manuel Muñoz Rocha, acusado de ser el autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu.
“Si él estuviera vivo, de alguna forma me lo hubiera hecho saber. Estaría muy preocupado, un hombre como Manuel, apegado a su familia, con profundo amor a sus hijos, ya hubiera dado señales de vida. No lo hace porque está muerto. Lo asesinaron”, insiste.
–¿Quién?
–No lo sé, y prefiero no tocar ese punto que tanto me lastima.
La señora Cano, con ayuda de sus hijos Manuel, Ana Verónica y Marcia, de 24, 22 y 17 años, respectivamente, se ha dedicado de lleno a la administración de los negocios que fundó con su esposo en esta ciudad: comercializadoras de llantas y un rancho.
–¿Cuándo fue la última vez que habló con su marido?
–Fue el martes 27 de septiembre por la noche (un día antes del crimen). Me habló por teléfono como siempre lo hacía. Hablamos de la casa, de los hijos. Una plática normal de matrimonio.
–¿Cómo lo sintió?
–Bien; no platicamos de nada extraordinario.
–¿Cuándo se enteró usted de la mala noticia?
–Al día siguiente, por la televisión.
–¿Cuál fue su reacción?
–Me sorprendió muchísimo. No podía creerlo.
–¿Por qué?
–Soy su esposa, lo conozco perfectamente. El Manuel Muñoz Rocha que vivió aquí, en esta casa, era un hombre de muy buenos sentimientos, muy atento, buen padre, buen esposo y además muy recto. Incapaz de hacer semejante maldad.
La entrevista se efectúa en su residencia, en el centro de esta ciudad. De los amigos de Manuel, Marcia prefiere casi no hablar, aunque reconoce que entre éstos se hallaban Raúl Salinas de Gortari y el senador Enrique Cárdenas González.
“A Raúl Salinas de Gortari lo recuerdo bien. Aquí es donde quisiera decir que en el caso de los amigos uno los acepta como son, no puedo hablar de ellos, pues no tengo derecho a juzgarlos. El hecho de que mi marido haya tenido amistad con estas personas no quiere decir que él haya estado enterado de lo que ellos hacían o dejaban de hacer.”
–A Fernando Rodríguez, secretario de su marido, vinculado con los hechos, ¿usted lo conoce?
–Sí. Pero prefiero reservarme mi opinión respecto a él.
–¿Por qué?
–¿Qué ganaría con hablar algo sobre esta persona?, la gente no me va entender.
–De todas las versiones que dicen que su marido fue visto en algunas partes de México y Estados Unidos, ¿cuál cree que haya sido cierta?
–Ninguna. Le repito: mi marido está muerto; ya no aparecerá. Si estuviera vivo, siendo el hombre más buscado de México, ya lo hubieran detenido para aclarar todo esto.