Marcos, el “mito genial”, el hombre que sacudió a México, objetivo de la gran ofensiva policiaco-militar

SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS, Chis.- Marcos, el mito genial: filósofo, escritor, estratega. Marcos enseñando la pierna. Patriótico, sosteniendo la bandera nacional. Sentimental, fumando su pipa recortada. Alburero, regañón. Marcos en muñecos de trapo, playeras, plumas y hasta condones, en videos y tema de corridos.
Primero de enero de 1994. En la plaza principal de San Cristóbal reina el caos. Desde las primeras horas de la madrugada de ese día, cerca de un centenar de indígenas armados se apoderaron de la población y ocuparon el palacio municipal. Un indígena leyó la “Declaración de la Selva Lacandona”, en la cual hasta ese momento el desconocido Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) declara la guerra al gobierno de la república y pide la dimisión del presidente Carlos Salinas de Gortari. Piden justicia y mejores condiciones para los pueblos indígenas de Chiapas.
Frente al palacio de gobierno, sorprendidos habitantes de San Cristóbal y decenas de turistas se arremolinan alrededor de un hombre vestido de negro, cubierto el rostro con un pasamontañas. No es indígena, pero habla del movimiento. Dice: “podrán cuestionar el camino, pero nunca las causas”. Alguien le pregunta quién es y responde: “subcomandante Marcos”. Su foto y sus declaraciones ocuparon las primera páginas de los principales diarios del mundo.
Al gobierno le llevó 405 días investigar la identidad del subcomandante del EZLN y correspondió al presidente Ernesto Zedillo Ponce de León dar la versión oficial de quién es el personaje oculto detrás del pasamontañas: Rafael Sebastián Guillén Vicente. El mismo Zedillo Ponce de León ordenó que fuera capturado, por lo cual el ejército mexicano inició el jueves 9 una gran ofensiva policiaco-militar.
Durante esos 405 días, la Procuraduría General de la República (PGR), algunos medios de información y versiones que rápidamente se propalaban señalaron equivocadamente a por lo menos nueve personas como el líder guerrillero: un ornitólogo venezolano, Peter Bischeer; el padre Joel Padrón; el desaparecido hijo de Rosario Ibarra de Piedra; el jesuita Gerónimo Hernández; el economista Hugo Trujillo Fritz; un hijo del exgobernador Manuel Velasco Suárez; el abogado Walter Félix Meade Treviño; el perredista Gonzalo Rojas; un dirigente sindical.
Según la Procuraduría General de la República, Rafael Sebastián Guillén Vicente nació en Tampico, Tamaulipas, el 19 de junio de 1957. Estatura 1.75 metros, tez blanca, pelo castaño, frente mediana, cejas pobladas, mentón regular, complexión regular.
El subcomandante Marcos, cuando era interrogado acerca de su verdadera identidad, bromeaba y daba pistas falsas. Algunas de ellas, inclusive, fueron seguidas por los aparatos de inteligencia del país.
“¿Quién es Marcos?”, fue la pregunta obligada de los primeros periodistas que lo entrevistaron. Vicente Leñero se lo planteó así a finales de febrero de 1994:
“–Ya, subcomandante, dígalo de una vez: ¿quién es Marcos?”
Marcos no contesta. Leñero lo provoca:
“–Por San Marcos, el primer evangelista que…
“–Dios me libre, no. Contra lo que dice Carlos Ramírez, que me tomaron unas fotos en los servicios religiosos, quiero decir que el último servicio religioso en que estuve fue cuando hice la primera comunión. Tenía ocho años. No he estudiado ni para padre, ni para papa, ni para nuncio apostólico.”
En esa misma entrevista, explicó que el nombre de Marcos lo tomó de un compañero llamado así, quien murió hace años en la lucha de su grupo.
Dijo que era provinciano, pero no norteño, haber sido periodista profesional, que nunca recibió chayote; que hizo estudios profesionales, universitarios; terminó una licenciatura y alcanzó un posgrado. No quiso decir en qué materia, pero negó enfáticamente ser antropólogo.
También reveló que por lo menos desde mayo de 1993, el presidente Salinas de Gortari estaba enterado de la existencia del grupo guerrillero, pero que ordenó el repliegue del ejército federal, pues estaba a punto de firmarse el Tratado de Libre Comercio.
El Marcos puesto al descubierto por la PGR estudió la primaria en el colegio “Félix de Jesús Rougier” y la secundaria y bachillerato, en el Instituto Cultural Tampico, dirigido por jesuitas. En la Universidad Nacional Autónoma de México, en la Facultad de Filosofía y Letras, se tituló en noviembre de 1980 con la tesis Filosofía y educación (Prácticas discursivas y prácticas ideológicas), y obtuvo mención honorífica. También estudió sociología, una maestría en filosofía y obtuvo una constancia de traducción de la lengua inglesa.
En marzo pasado, Marcos escribió al niño Miguel A. Vázquez Valtierra, de La Paz, Baja California Sur: “abandona, si lo tienes, el amor por la muerte y la fascinación por el martirio. El revolucionario ama la vida sin temer la muerte, y busca que la vida sea digna para todos, y si para esto debe pagar con su muerte, lo hará sin dramas ni titubeos”.
Hábil en el manejo de su imagen, desde febrero de 1994 consolidó su fama durante las pláticas de paz celebradas en la catedral de San Cristóbal. Memorable es el discurso que pronunció el martes 22 de febrero, cuando modulando la voz, que a veces se le quebraba por la emoción, dijo:
“Venimos a preguntarle a la patria, a nuestra patria: ¿por qué nos dejó ahí tantos y tantos años? ¿Por qué nos dejó ahí con tantas muertes? Y queremos preguntarle otra vez, a través de ustedes: ¿por qué es necesario matar y morir para que ustedes, y a través de ustedes, todo el mundo escuche a Ramona –que está aquí– decir cosas tan terribles como que las mujeres indígenas quieren vivir, quieren estudiar…”
Incansable escritor de comunicados, cartas y todo tipo de textos (poesía, teatro, cuento, fábulas y reportajes, entre otros), repentinamente disminuyó su producción, sobre todo en los últimos dos meses.
Parte de un poema:
“Esto de la patria
es algo difícil de explicar.
Pero más difícil es comprender
eso del amor de la patria.
Por ejemplo…”
Algo de un guión cinematográfico:
“Medium shot. Hortensia, insurgente zapatista y costurera, enseña orgullosa su máximo logro: de cinco pantalones rotos y desgarrados ha conseguido hacer uno. Cuando lo muestra a la tropa, todos recuerdan que tienen algo que hacer en otro lado. Hortensia queda con el pantalón en las manos: es de cuatro colores distintos y tiene, accidentalmente dice ella, una florecita en la entrepierna.
“Close up. Semidescubiertas por mangas color marrón, las manos manejan lezna e hilo grueso, recosen una bota que tiene ya más cicatrices que el lomo de la ballena de Acab. El rojo paliacate alivia las ampollas…”
Así empieza una de sus fábulas:
“DURITO Te voy a platicar una historia que me pasó el otro día. Es la historia de un pequeño escarabajo que usa lentes y fuma pipa. Lo conocí un día que estaba buscando el tabaco para fumar y no lo encontraba…
“–Ejem, ejem –dije yo para que el escarabajo se percatara de mi presencia, pero no me hizo caso.
“Entonces le dije:
“–Oiga, ese tabaco es mío.
“El escarabajo se quitó los lentes, me miró de arriba a abajo y me dijo muy enojado:
“–Por favor, capitán, le suplico que no me interrumpa. ¿Qué no se da cuenta que estoy estudiando?”
En lo militar, sorprendió hasta a los más experimentados estrategas de la guerrilla y contraguerrilla latinoamericana, al innovar métodos de lucha y tomar sorpresivamente ciudades tan grandes como San Cristóbal de las Casas.
La hazaña la volvió a repetir casi un año después, cuando todos pensaban que estaba cercado totalmente en la Selva Lacandona. El 19 de diciembre anunció que el Ejército Zapatista había ocupado posiciones en 38 de los 110 municipios de Chiapas.
Dos días después, el peso se devaluó y la bolsa de valores sufrió una gran baja, iniciándose la actual crisis económica, de la cual fue responsabilizado directamente por el entonces secretario de Hacienda y Crédito Público, Jaime Serra Puche.
Sin embargo, menos de un mes después, el 15 de enero de 1995, Serra Puche había renunciado y Marcos se reunía en plena Selva Lacandona con el secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma Barragán, enviado directamente por el presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León.
Ahora el subcomandante Marcos –o Sebastián Guillén Vicente, según la PGR– se ha convertido en el hombre más buscado de México.
Pero, de atenerse a lo dicho por Marcos en febrero de 1994, será difícil encontrarlo.
En aquella entrevista publicada por Proceso (903), el 21 de febrero de 1994 se le preguntó:
“–Un nombre simbólico entonces, ¿cómo el pasamontañas?
“–Por el trabajo de Marcos no se puede saber quién es Marcos. O sea: si queda plenamente identificado Marcos y desaparece, va a traer problemas al ejército.
“–No entiendo.
“–Si desaparece Marcos con pasamontañas, cualquiera de nosotros se pone un pasamontañas y ése es Marcos.”
Negó la opción del clandestinaje y mucho menos por algún delito. “No tengo ni siquiera multas de tránsito”, dijo.
Para entonces, él mismo había hablado ya sobre la muerte y explicó:
“–Sí, estoy viviendo de prestado, porque nosotros pensábamos que el primero de enero se nos iba a caer el mundo encima. Cuando llega el día dos, y pasa, todo es extra. Por eso ahorita estoy escribiendo como loco todo lo que no escribí.”
Esa vez la entrevista inició así, ante los periodistas que dormitaban en una choza a su espera. Describió Vicente Leñero:
“De la puerta que se abre desde el exterior surge a contraluz, imponente desde la perspectiva a piso, horizontal, una imagen en sombra. Truena la voz de una chacota, que es lo que despierta:
“–¡No tenemos armas! ¡No tenemos dinero! ¡No somos extranjeros! ¡Soy un mito genial!”