TEOPISCA, Chis.- “Tal vez se trata de otro, de alguien que se llama igual que yo”, dijo, tranquilo, de espaldas a la chimenea de su hogar, Jorge Santiago Santiago. Dieciocho horas después, unos 30 policías judiciales federales, apoyados por el ejército federal, lo detuvieron.
Señalado por el presidente de la República, Ernesto Zedillo Ponce de León, como parte de la dirección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), Santiago Santiago se enteró de la acusación por “tantas y tantas llamadas telefónicas de amigos y familiares que comenzaron a preocuparse por mí”.
No quiso huir porque, según él, el mensaje presidencial le provocó angustia, pero no miedo, toda vez que se sabe inocente.
Originario de San Cristóbal de Las Casas, donde nació hace 51 años, Jorge Santiago fue hasta el día de su captura –10 de febrero– coordinador de Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas (DESMI) –asociación civil financiada por las Naciones Unidas– y parte del grupo de asesores de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai), que encabeza el obispo Samuel Ruiz García.
Hasta el jueves 9 todo les pareció normal a él y a su compañera. Estuvo trabajando en San Cristóbal y a las seis de la tarde, hora en que Ernesto Zedillo Ponce de León leyó su mensaje, cruzó el retén militar de Rancho Nuevo en su vehículo marca Nissan, placas DLB6610, para dirigirse a Teopisca, lugar donde vive desde hace más de 25 años.
Se identificó, como todos los días, con su licencia de manejo y no pasó nada, a pesar de que ya existía orden de aprehensión en su contra, según difundió esa misma tarde la televisión.
Desde que llegó a su hogar, situado en la Segunda Avenida Oriente Sur número 20, y comenzó a contestar el teléfono. “Decían que habían escuchado mi nombre en la televisión y que estaban preocupados por lo que pudiera pasarme. Y yo todavía no sabía nada, por lo cual en principio me desconcerté”.
Fue hasta las 20:30 horas cuando escuchó el mensaje íntegro leído por el presidente de la República, a través del canal cinco de la televisión local.
Todavía incrédulo, externó a Proceso: “me extraña que pueda aparecer como un alto dirigente de una organización guerrillera, cuando todos quienes me conocen saben que estoy trabajando abierta, públicamente, que no estoy haciendo nada que no pueda demostrar con toda claridad”.
Añadió: “por lo menos tengo que pensar si no existe una persona que tenga el mismo nombre que yo o que las autoridades tengan un juicio no correcto de lo que realizo o, de plano, que las investigaciones que hayan hecho en relación con lo que sucede en Chiapas las hayan hecho sin tomar en cuenta más elementos que los nombres”.
Seguro de sí mismo, dijo que no tenía por qué esconderse y que, si lo requerían, estaba dispuesto a presentarse a declarar ante la autoridad competente.
“No tengo nada que esconder y menos por qué huir”, reiteró una y otra vez este hombre de tez morena y pelo cano, que estudió la licenciatura en teología en la Universidad Gregoriana de Roma, de 1965 a 1969.
Jorge Santiago afirmó que su trabajo ha estado siempre vinculado al desarrollo de las zonas indígenas; primero, con el Centro Nacional de Misiones Indígenas; luego, con la Diócesis de San Cristóbal, en DESMI.
Insistió en que no tiene vínculos con el EZLN y que la primera vez que lo relacionaron con un grupo armado fue en septiembre de 1993, en declaraciones hechas a Proceso por el jesuita Mardonio Morales. Dicha versión fue desmentida posteriormente por el vicario diocesano, Gonzalo Ituarte Verduzco.
“Ultimamente he estado trabajando muy preocupado por la misma problemática que vive Chiapas. Pertenezco al equipo de asesoría de la Conai y estoy coordinando proyectos de desarrollo en esta región que tienen que ver con el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas.
“La semana pasada –del 2 al 4 de febrero– estuve visitando comunidades de San Cristóbal con el señor Alfredo Pérez Bravo, encargado de la Dirección de Cooperación Técnica y Científica de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Vinieron a reconocer nuestro trabajo, a entenderlo, porque es muy complejo trabajar en esta zona, en la cual laboro desde hace más de 25 años”, explicó.
Advirtió: “lo que puedo decir es que no voy a dejar de trabajar, porque el desarrollo no es la guerrilla, y si no me siento responsable, pues no me voy a evadir, no voy a huir”.
–¿Cree que la vinculación con el grupo guerrillero tenga relación con el señalamiento que hizo el padre Mardonio Morales hace dos años?
–Considero que no la tiene. En ese mismo momento consideré que el padre Mardonio estaba haciendo una memoria un poco rara, tergiversada, de acontecimientos, como participar en asambleas diocesanas, participar en grupos de reflexión, de estudio, de análisis, y considerar que ésa puede ser una actividad subversiva.
No cree que la Secretaría de Gobernación “o los analistas actuales o quienes están encargados de esta situación a nivel nacional tomen en cuenta ese artículo y a partir de él estén actuando. Me imagino que tienen otros elementos, que deben tener razones, y por eso me quedo un poco pensando en que se trata de la existencia de otra persona con el mismo nombre”.
–¿En qué consiste su trabajo?
–Damos asesoría sobre trabajo económico, producir, organizar una cooperativa, realizar servicio comunitario, conseguir financiamiento; ¿cómo hacer todo esto legalmente? En eso estamos insistiendo, porque la base del desarrollo tiene que ser con personas morales, no tanto con individuos; precisamente para que haya una legalidad, una relación con las instituciones.
Jorge Santiago fue detenido a las 14:20 horas del 10 de febrero, en su casa. El mismo hizo pasar a la modesta construcción de block y adobe, color blanca, a los agentes de la Procuraduría General de la República que eran acompañados por soldados. Escuchó atento la lectura de la orden de aprehensión y se dejó conducir, sin oponer resistencia.








