Como van las cosas, la Confederación Deportiva Mexicana se aproxima cada vez más a lo que podríamos concebir como ficción alegórica.
Y es que desde su existencia, que data de 51 años, todavía está a la deriva en cuanto a ocupar un sitio prominente en el deporte de alto rendimiento. Y su vida cotidiana –encaminada por sus propios dirigentes– la llevan de la mano para convertirla en un mito institucional.
Desde que concluyeron los Juegos Olímpicos de Barcelona, el Comité Olímpico Mexicano aprovechó la coyuntura y, fuera de todo orden estatutario, se quedó tranquilamente con el alto rendimiento; es decir, con el poder sobre las federaciones deportivas nacionales.
Entonces, quedó toda maltratada, como chica de la noche sin protección ante el cliente maloso y abusón.
Es decir, la Codeme se quedó ajena al proceso deportivo para el cual fue creada: la coordinación de las federaciones deportivas. Entonces, el ganapán fue el COM, que irrumpió en su jurisdicción con la complicidad de la Presidencia de la República y la tolerancia de la Comisión Nacional del Deporte.
Bueno, pues ahora, Felipe “Tibio” Muñoz –político extraído de los conceptos tradicionales del priísmo– realiza un trabajo para fortalecer el poder del COM en la ingerencia nacional del deporte. Y no sólo coincide con Mario Vázquez Raña para que México sume más descrédito en caso de no cumplir el compromiso del Mundial de Atletismo 1997 sino que integró su equipo de asesores con gente del COM… No de la Codeme.
Se llevó a Olegario –hermano de Mario– y a otros cuates del magnate olímpico: Mondragón y Kalb, Pascual Ortiz Rubio y Javier Ostos. Incluyó al profesor Gorráez, quien es director técnico del CDOM, y –desde luego– al incondicional Juan Charteris. Bueno, se atrevió a sacar del museo deportivo al coronel Antonio Haro Oliva y, lo inaudito: hasta desempolvó al senador Eduardo Andrade, exlocutor y extitular de Codeme, pero cuate al fin de Mario. Y prescindió de un gran conocedor, don Guillermo Montoya, también del COM.
El popular y bien intencionado Tibio dejó en la banca a federaciones populares, que han trabajado mucho por su deporte: dos ejemplos, sin pretender omitir otros trabajos meritorios: beisbol y tae kwon do. Ya no digamos atletismo, que al menos en caminata da satisfacciones mundiales, el modelo vanguardista del tenis o los esfuerzos del basquetbol o del triatlón.
Hace tiempo, Felipe me dijo que para reactivar nuestro deporte, deberíamos solicitar otra sede olímpica. Y ahora, cuando le pregunto sobre el Mundial de Atletismo, dice que no es conveniente…
A este paso, la sufrida muchacha federativa se convertirá en algo inverosímil. Y el chivo expiatorio, en su momento, será el excampeón olímpico de los 200 metros de pecho en México 1968.








