La construcción de una “nación teatral” a partir de un programa de teatro escolar a nivel nacional, el rescate de “un lenguaje estético” para la Compañía Nacional de Teatro y la redefinición bajo una óptica más racional de las formas de producción de las compañías teatrales constituyen los planes más inmediatos del nuevo Coordinador Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), Mario Espinosa, en el cargo desde el pasado 1 de febrero.
Esta “es la política teatral que propongo” y “está pensada a nivel nacional para preparar al público del futuro, para preparar una compañía que sea de alguna manera modelo de otras y para dejar abiertos los proyectos que no son parte del gobierno y que no sólo deben existir sino que deben ser estimulados”.
Su primer paso, sin embargo, será integrar un consejo consultivo, sin el cual –advierte– “no se puede trabajar”, ya que “las decisiones colegiadas son muy importantes”.
Formado profesionalmente en el Centro Universitario de Teatro de la Universidad Nacional Autónoma de México, becario en el pasado por el Instituto Internacional de Teatro en Alemania y por el Consejo Británico en Inglaterra, Espinosa fungía hasta hace unos días como coordinador de Teatro del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), donde a menudo combinaba sus tareas de promoción teatral en todo el país con su labor de director escénico. Entre sus montajes más recientes se cuentan los de las óperas Fausto, de Gounod; La traviata, de Verdi, y La hija de Rapaccini, de Octavio Paz, además de Habitación en blanco, de Estela Leñero, y Palinuro en la escalera, de Fernando del Paso.
Hasta la llegada de Espinosa, la Coordinación Nacional de Teatro del INBA estaba en manos del director escénico José Solé, quien sumaba ya 13 años en el cargo.
El IMSS, asegura Espinosa, “fue muy generoso con los proyectos de teatro en los últimos tres años y conmigo mismo, porque me permitió aprender cosas; en el desarrollo del proyecto de teatro escolar en la república mexicana se hicieron cinco o seis producciones que fueron una experiencia maravillosa, muy importante, por eso estoy convencido de que hacer eso a nivel nacional va a cambiar este país en materia de teatro, estoy seguro porque tuve oportunidad de hacerlo en un programa piloto y los efectos son sorprendentemente buenos”.
De hecho, señala que el programa de teatro escolar a nivel nacional sería el primero de sus proyectos básicos en el INBA. Lo que se necesita, explica, es “construir una nación teatral”, ya que “estamos todos en la capital, y la gente que quiere hacer teatro, que quiere vivir del teatro, se viene para acá y los que somos de aquí nos quedamos; por eso tenemos un mercado saturado y no hay una red teatral en todo el país”.
Espinosa reconoce al mismo tiempo que “sí hay gente que hace teatro, pero no hay movimiento, no hay interacción, todo está reducido al mínimo y eso se puede resumir en que no hay nación teatral.
“México incluso es una gran isla”, analiza: “estamos aislados del exterior y estamos aislados entre nosotros, y creo que el proyecto de teatro escolar será muy importante para construir esta nación teatral y atacar este aislamiento”.
Advierte que tratará de realizar su proyecto de teatro escolar “de manera integral, en paquete”, ya que “se trata de que la gente de teatro tenga capacitación con experiencias que hubo en el pasado, con cursos que se impartieron aquí mismo, en el INBA, pero se pondrá mayor énfasis en la producción de obras escolares, pues en la medida que el teatro no sea un hecho básico de la educación de los escolares de este país, y que la gente no vea teatro en su niñez o en su adolescencia, no tiene por qué haber espectadores de teatro dentro de diez años”.
En lo que se busca incidir básicamente, dice, es “en la preparación de la gente de teatro de cada uno de los estados, en su profesionalización, lo mismo que en la preparación del público del futuro, que tal vez sea también el germen de los teatristas del mañana”.
Asimismo, Espinosa tiene previsto vincular los esfuerzos de los teatristas del interior del país mediante coproducciones, “si es posible, con los gobiernos de los estados o con diversas instancias federales”, aunque a final de cuentas “no se trata de que vayan cosas de aquí o de otro lado y se conozcan sino de que se produzcan obras en cada uno de los estados, y eso es una inversión a futuro”.
Otra prioridad del nuevo coordinador nacional de Teatro del INBA es el rescate, “poco a poco, a través de un proceso”, de la Compañía Nacional de Teatro, que “es desde hace ocho años un membrete.
“Se hacen producciones y se les pone el logotipo de la Compañía Nacional de Teatro”, analiza Espinosa, “pero no hay una compañía como tal, un núcleo de personas, de artistas, actores, directores y demás, que producen una serie de obras bajo ciertos postulados estéticos”.
Lo que hay que construir, sostiene, “es un lenguaje estético, una unidad de propuesta artística, y no va a ser que desde mañana queden contratados 40 actores, porque no es así como funciona: tendrá que ser un proceso lento que tal vez tenga un núcleo pequeño de gente que dé alma a este proyecto y que, poco a poco, al paso del tiempo y de los montajes, vaya conformando el trabajo de una compañía”.
Por otra parte, advierte, “el repertorio de la Compañía Nacional de Teatro ha de proseguir con las obras nacionales más importantes o las nuevas, con estrenos de autores nacionales, pero debe complementarse, porque tenemos seis años con puros autores nacionales y creo que eso tiene que variar un poco; hay que seguir con los autores nacionales relevantes, pero tenemos que conocer lo que se hace en el resto del mundo, lo que hacen los autores contemporáneos importantes que conocen en todos lados y que nosotros no hemos visto”.
También, dice, “de vez en cuando hay que montar un clásico, que ya nadie los pone y son importantes; claro, no montados al modo de museo, como arqueología teatral, pero sí buscando la vigencia de los clásicos, que la tienen mucho más de lo que creemos”.
En la actualidad, observa Espinosa, la Compañía Nacional de Teatro “no tiene actores, repertorio ni continuidad de la gente que forma parte de sus proyectos, ni una idea estética que unifique los montajes, ni el público fiel de una compañía”.
Otra prioridad “es cambiar las formas de producción de las compañías”, explica: “ya no se puede pensar que todas las obras tengan 100 funciones sino que las obras duren lo que tengan que durar, que estén preparadas para que los artistas ganen por su trabajo de manera decente, digna”.
Sobre todo, subraya, se trata de que “las obras duren lo que su público diga, para lo cual también hay que cambiar las estrategias de difusión, porque hasta ahora se dan muchas funciones en un teatro gigantesco con poco público –a un costo grande– para que los actores ganen un salario digno, lo que constituye es un círculo vicioso”.
Por último, Espinosa considera también como prioritarios “los espacios que tienen que abrirse a los proyectos independientes, que deben ser incluidos, porque es tarea de la Coordinación Nacional de Teatro ofrecer un menú donde todos puedan participar”. Ahí, dice, “hay que trabajar con los proyectos de coinversión del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, con la Coordinación Nacional de Teatro del IMSS y con proyectos independientes, de tal manera que tengan acceso a los espacios institucionales”.
Al mismo tiempo, concluye, “hay que hacer que los teatros del INBA vuelvan a tener, como alguna vez tuvieron, una fisonomía y un carácter propios, que cada teatro tenga su propio carácter para que el público lo identifique con un tipo de teatro y no reine la confusión que tenemos ahora”.








