Redistribución de espacios y adaptaciones en la nueva Escuela de Artes Plásticas: Mario Rendón, director de La Esmeralda

“Uselo, maestro, lo invito a que lo pruebe”, decía del parquet importado de madera tropical que se colocó en el taller de Escultura Monumental el arquitecto Ricardo Legorreta al director de La Esmeralda, Mario Rendón.
Esto, durante una de las muchas visitas que han hecho juntos a la nueva escuela ubicada en el Centro Nacional de las Artes (CNA) a estrenarse el próximo marzo.
“Si no le gusta, en año y medio lo quitamos.”
Cuenta el maestro Rendón en entrevista, y agrega: “ya me han dicho que en Japón se usa ese tipo de parquet hasta en fábricas, sólo que al principio pensé que era un error”.
Así, en un intercambio abierto de sugerencias y opiniones se han pasado muchos meses Rendón, maestros de la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda, arquitectos de Legorreta, encargados de la nueva escuela en el CNA, y los constructores asignados para los terminados de la obra.
El propósito, dice Rendón, es hacer las adaptaciones finales al recinto que ocuparán en marzo los estudiantes de pintura, grabado y escultura que hasta principios de este año, desde 1942, habitaban el viejo edificio atrás del Convento de San Hipólito en el centro histórico.
“Los edificios están por vivirse”, afirma Rendón y, aunque no niega estar un poco preocupado por la funcionalidad del nuevo recinto, afirma:
“Hay gran expectativa de los alumnos. Preguntan con regularidad que cuándo nos cambiamos y veo un ambiente esperanzador con el traslado.”
Y es que, basta arribar al viejo edificio en donde dieron clases Diego y Frida, Francisco Zúñiga y fueron alumnos Luis Nishizawa, Rafael Coronel y Arnold Belkin, entre otros, para ver que las nuevas instalaciones ofrecen muchas posibilidades para el alumnado de Artes Plásticas.
No obstante, aún prevalecen inquietudes de tipo práctico entre maestros, el propio Rendón y la oferta del CNA, las cuales que enumera el director de La Esmeralda:
“Saldrán más cosas porque a veces con el reacomodo, tienen que salir.”
Se refiere a la escasa cantidad de luz artificial en partes del edificio; al ruido y polvo que se hará en los espacios contiguos para tallado de piedra y madera que, hasta ahora, están unidos –”los arquitectos pensaron que habría comunicación interdisciplinaria entre alumnos y maestros”–, a los de yeso, cerámica y barro, además de estar techados por cúpulas que pueden incrementar el panorama sonoro del uso de la herramienta neumática.
También habla de los nuevos espacios que requieren los talleres –no programados en el viejo plan de estudios– de multimedia y videos; de un muro sin puerta junto al taller de fundición que puede provocar un enfriamiento al estudiante sometido varias horas al calor intenso…
Del cambio de color tan distintivo de Legorreta –rosa mexicano– que se usó en paredes de un patio al aire libre y que se refleja en los talleres de litografía y grabado. Tendrá que repintarse.
Así como de un espacio en la azotea que inventaron los diseñadores de Legorreta para dibujo al aire libre, “que se tendría que techar para poder ser aprovechado”.
De cientos de detalles que estaban considerados en el diseño arquitectónico, pero los constructores no los incluyeron. De otros que no estaban en el diseño original, pero que se construirán en este mes que falta para la mudanza, y de otros más, que “seguramente saldrán con el tiempo” ya que, a pesar del contacto permanente que tiene el director con la obra y los responsables, “hay cosas que sólo se aprecian hasta que están”.
Rendón confía en el apoyo que le ofreció el CNA para realizar el cambio de La Esmeralda en marzo y, conforme revisa todos los detalles posibles, considera que para entonces estará listo, aunque dice que aún falta equipo por llegar.
Sin temor para manifestar inquietudes que le plantea el traslado, y con el ánimo de corregir lo que detecte que no concuerda con los intereses de la escuela, Rendón comenta:
“La investigación inicial que hicieron los arquitectos para incorporar a su obra nuestras necesidades fue parcial, pudo ser más profunda. Pero, finalmente, todas las investigaciones siempre pueden ser mejores.”
La mañana del martes 31 de enero, no obstante la optimista afirmación del coordinador del CNA, Alvaro Rodríguez Tirado, de que sólo faltaba 1% de la obra, exhibió el trabajo de albañilería no hecho durante diciembre, conforme reveló personal de mantenimiento.
La biblioteca alfombrada se comenzó a anegar, goteras caían sin piedad sobre material nuevo; taburetes, baúles, enchufes eléctricos, bancos. Un salón del segundo piso, convertido en terraza por la omisión de los constructores para techarlo, se inundó por la evidente falta de coladera. Expuestos a los charcos quedaron cables eléctricos a nivel del suelo. Filtraciones importantes en las cúpulas cubiertas por mosaico azul que distinguen el área de Artes Plásticas dentro del CNA.
Es que, dice Rendón, “mientras no pasemos una época de lluvias y de frío, no podemos corroborar cómo están algunos terminados, qué dirección tienen los vientos”.
Entretanto, aunque aún no se sabe qué sucederá con las antiguas instalaciones de La Esmeralda, Rendón expresa: “Estamos solicitando que nos las dejen”.
Para el escultor, primer premio en el concurso nacional “La Revolución Mexicana, sus realizaciones” en 1960, el edificio viejo sería ideal para ofrecer cursos independientes de la licenciatura. “Como muralismo que interesa mucho a los extranjeros y por ahora no podemos cubrirlo”; así como para recibir a estudiantes aún no definidos en sus intereses, que posteriormente desertan de la carrera, pero con grandes posibilidades en otras áreas, entre muchas otras alternativas.
Rendón informa que la nueva escuela estará saturada –con 350 estudiantes– “ya que tenemos las licenciaturas de grabado, pintura, escultura y artes plásticas. Sólo que esta última, para el futuro próximo, abarcará a las otras tres”.
Más que el edificio, al director le preocupa la adaptación académica al ambiente intercultural del CNA para alumnos y maestros:
“Se planea actualizar los sistemas de evaluación, los didácticos y, además, se incorporarán dos materias para todas las escuelas del CNA que son concentración complementaria y cultura integral. Hay que ver qué sucede porque se cambiarán los hábitos de los alumnos.”
Así que, además de los detalles por corregir, a un mes de que concluya sus actividades La Esmeralda, a la nueva escuela en Churubusco sólo le faltan los nuevos talleres, que la usen para ver cómo funciona y el panorama inspirador del centro histórico.