México en órbita

La última semana de enero ha sido trágica para la independencia económica de México. Algunos vivimos escenas que tal vez nuestros antepasados presenciaron en el siglo XIX, cuando las tropas de Estados Unidos llegaron al zócalo de la capital de la república y reemplazaron nuestra bandera por la de las barras y las estrellas.
Ahora no entraron tropas yanquis ni se izó bandera distinta a la nuestra en el zócalo, pero a cambio se nos hizo sentir que somos dependientes en extremo del vecino país del norte cuando el gobierno de México y muchos diarios de la tarde, estaciones de radio y canales de televisión echaron las campanas al vuelo porque ¡al fin! el presidente William Clinton (WC) había salvado la patria mexicana al decidir, haciendo a un lado al Congreso estadunidense, aprobar un paquete financiero de apoyo a la economía mexicana, que importa una garantía total de casi 51,000 millones de dólares.
Las cabezas de algunos diarios vespertinos decían: “¡Viva Clinton!”, “¡Ya la hicimos!”, ¡”Al fin!”. Y en los noticiarios y comentarios de la televisión comercial y del Estado las loas al salvador económico de la patria mexicana no tenían medida. Algo verdaderamente indignante. Un gobierno de un protectorado yanqui no hubiera tenido una reacción tan lisonjera y adicta al jefe del gobierno protector.
Es cierto que la decisión de ayuda a un país extranjero del presidente de Estados Unidos, por su enorme cuantía, no tiene precedentes. Bill Clinton, mediante decreto, se comprometió a aportar 20,000 millones de dólares del Fondo de Estabilización Cambiaria, de la Reserva Federal y del Departamento del Tesoro. Al mismo tiempo, el FMI aprobó el acuerdo de derecho de giro con el gobierno mexicano por 17,800 millones de dólares, la operación financiera más grande realizada por una institución multilateral, logrando con ello una influencia decisiva en la dirección y ejecución de la política económica de México.
Poco se informa sobre por qué la “ayuda” de Clinton al gobierno mexicano, y por qué el FMI aprobó tan apresuradamente un acuerdo de derecho de giro por una cantidad seis veces mayor que la que le corresponde a México por su participación en el Fondo.
El señor WC se la jugó al hacer a un lado a un Congreso que se oponía a aprobar el “plan de rescate de la economía mexicana”, como le dieron en llamar en el vecino país al paquete financiero para México propuesto por WC y que inicialmente era de 40,000 millones de dólares. Y es que para Clinton y los intereses supermillonarios que representa es vital el ejemplo de la economía mexicana, tan publicitado en los seis años de gobierno de Carlos Salinas. El surgimiento de una economía en un país tercermundista como México, siguiendo los lineamientos neoliberales, obteniendo resultados positivos al detener la inflación, al atraer capitales foráneos y hacer crecer año con año el PIB tras diez años de crecimiento prácticamente nulo, resultó para los países del mundo capitalista, en especial para Estados Unidos y Japón, un magnífico ejemplo de modelo de gobierno para sugerir al resto del mundo subdesarrollado.
Como México, los demás países de América Latina podían avanzar. Había que seguir el camino de México: abrir las puertas de su economía, de par en par, a las grandes trasnacionales. La dominación económica de los países desarrollados era posible por ese camino sin la molestia de las guerras. Para qué matar y ser matados si era posible conquistar territorios y mercados por la vía pacífica, por la vía del mercado libre.
Carlos Salinas fue así el promotor ideal de los países desarrollados en su afán de dominar el mercado mundial y de repartirse el mundo. América para los americanos pudo ser una realidad con la política neoliberal que en México se llama liberalismo social. Durante seis años funcionó el engaño. Crecía el PIB, disminuía la inflación, llegaban los capitales. Sólo que los inversionistas preferían llegar a ganar con facilidad, sin pagar impuestos y sin mayores riesgos. Invertir en obras de infraestructura, construyendo fábricas, plantas, hoteles, es riesgoso sobre todo si el plan económico que se sigue en el país conlleva el control estricto de los salarios y el malestar social que ello produce. Es preferible invertir en la bolsa de valores donde se gana sin problemas laborales, sin sindicatos y sin seguro social. Si hay peligro, se retira el capital y todo queda a salvo. Por ello las inversiones que vinieron fueron a dar a la bolsa de valores en 70%. Y se fueron como patos de un lago al primer disparo.
En los años en que hacía crisis la corrupción de la burocracia de los países europeos dependientes de la Unión Soviética, y cuando ésta desapareció dejando ver la ineficiencia de un capitalismo de Estado totalitario y corrupto como el que imperó allá, el ejemplo de México desarrollándose exitosamente por la vía capitalista era ideal. George Bush, primero, y Clinton, después, le dieron apoyo entusiasta. Las naciones desarrolladas se sumaron al clamor de aprobaciones. Mitterrand en Francia, la Thatcher en Inglaterra, Felipe González en España. La publicidad pegó, el cabildeo en el mundo, que costó enormes cantidades de dinero, fue efectivo, las portadas de prestigiadas revistas en Estados Unidos, Europa y Asia recogieron la imagen del estadista Carlos Salinas que sacaba a México del marasmo, que atraía inversionistas, que paraba la inflación. Hasta Gorbachov, antes de acabar con la URSS, le prodigó elogios, Boris Yeltsin también, por supuesto. Y los chinos comunistas y Castro en la Cuba boicoteada, también.
Pocos levantábamos la voz por los marginados, por los trabajadores del campo, de la ciudad, por los empleados, los profesores de todos los niveles, los investigadores que día con día veían disminuir su salario real, sus ingresos reales. La pobreza de los más era el marco donde lucía la riqueza insultante de los menos, de los pocos, de los privilegiados.
Esos pocos, dueños de los medios de difusión masiva, de la radio, la televisión, la prensa –con contadas, pero extraordinarias excepciones– son los que hicieron posible, dentro del país, manipular a la población para infundir temor al cambio de gobierno y empujaron la elección de agosto hacia el no cambio. Fueron esos pocos los que han contribuido ahora a hacer un héroe nacional del señor William Clinton por decretar el paquete financiero para México. Son esos pocos, ante los micrófonos, ante las cámaras, con una catarata de elogios, quienes han hecho creer que a México se le ha salvado la vida con el paquete financiero aprobado. Son los privilegiados por Carlos Salinas también, quienes ahora se suman a las condenas verbales contra el expresidente, los que promueven los chistes para que el pueblo calme su enojo en contra del responsable de la debacle económica en que se debate el país, en contra del que se fue.
El oportunismo y la indiscutible habilidad de los privilegiados de siempre les permite sumarse a la condena general contra la corrupción que practicó Carlos Salinas y de la que participaron con entusiasmo, a la vez que defienden al nuevo gobierno que, aseguran, nada tiene que ver con el pasado. Son esos los mismos que promueven que sigamos por el camino que trazó Salinas y así defienden la privatización de los ferrocarriles y de la telecomunicación vía satélite, cerrando el paso a la difusión de las opiniones contrarias a sus privilegios. Estamos así en la situación difícil de luchar contra una política neoliberal que se sigue promoviendo aunque ya demostró en los hechos, con la debacle económica en que nos debatimos, que no es el camino para hacer avanzar a México por el camino del progreso, la justicia, la equidad y la paz social.
Tanto el presidente Zedillo como el secretario de Hacienda y Crédito Público, Guillermo Ortiz Martínez, han dicho que el país no se endeudará más con el paquete financiero que WC ha propiciado, porque los 51,000 millones de dólares servirán para garantizar el pago de la vieja deuda. Hay que decirlo con todas sus palabras: nadie les cree una palabra. Antes nos decían que los Tesobonos constituían una deuda interna, en pesos. Pero a quienes reclamábamos que era externa porque tenían la garantía de ser pagados, tanto el capital como los intereses, tomando en cuenta su paridad con el dólar en el momento de ser adquiridos, se nos replicaba que no era deuda externa y que eso ocurriría sólo si cambiaba la paridad del dólar con el peso.
El 1 de enero de 1995 supimos que se debían 29,000 millones de dólares, no x o z cantidad de pesos. Y esos dólares, que no pesos, son los que hay que pagar en 1995. El paquete financiero de WC es una garantía para los inversionistas foráneos que exigen el pago de sus inversiones en dólares. Sólo será utilizada esa línea de crédito, nos dicen, si se necesita. Y se va a necesitar. Lo mismo ocurre con la garantía que el gobierno de México otorga con la facturación del petróleo que vendemos al extranjero y cuyo producto debe depositarse en el banco de la Reserva Federal en Nueva York para que el gobierno de Washington pueda disponer de él si México no cumple sus compromisos de la deuda externa, que no podrá cumplir porque, contra lo que afirman las autoridades, en el Congreso de Estados Unidos se ha hecho ver que la deuda externa es de 180,000 millones de dólares y que, nada más en 1995, los vencimientos de la deuda de México suman 80,000 millones de dólares. ¿De dónde saldrán si la reserva al día de hoy (2 de febrero de 1995) apenas es de 3,483 millones de dólares y el déficit en la cuenta corriente en 1994 fue de casi 30,000 millones de dólares? ¿Alguien les va a creer que tendremos superávit en 1995? La venta de las empresas de la nación que ya han aprobado en el Ejecutivo y en el Congreso contra nuestro voto, apenas producirá 14,000 millones de dólares.
El pueblo quiere saber qué se ofreció a cambio para que Clinton diera el aval por el paquete financiero. La facturación del petróleo sólo cubre 20,000 millones de dólares, según el secretario de Hacienda y el director de Petróleos Mexicanos. Se presume que la garantía va más allá de las obligaciones que el FMI impone, tope a los salarios y al gasto público. ¿Hay compromisos para limitar nuestras relaciones internacionales, para contener a nuestros hermanos que salen al norte del país? Todo indica que México ha caído en la órbita imperial de Estados Unidos.