Inconsistencias, datos parciales y falta de rigor: las estadísticas oficiales ocultan el drama real del desempleo en México

WASHINGTON, DC.- La estimación oficial de desempleo en México camufla, mediante inconsistencias, verdades a medias y falta de rigor estadístico, la realidad de la desocupación y subutilización de la población económicamente activa en el país, establece un estudio del Departamento del Trabajo de Estados Unidos.
De acuerdo con el informe Empleo y desempleo en la fuerza laboral de México, dado a conocer hace un mes, la tasa de “desempleo abierto” –que este año se mantendrá por debajo de 4%– es apenas la punta de un iceberg de subempleo que podría comprender a casi una cuarta parte de los trabajadores mexicanos.
Y aunque en el estudio se reconoce que el gobierno mexicano ha ido mejorando la calidad de sus sondeos en este terreno y homogeneizando sus criterios con los de otros países, una de las autoras del informe, la economista Constance Sorrentino, afirma que las estadísticas oficiales difícilmente llegarán a mostrar el drama completo de la desocupación y subocupación:
“En México –dice, en entrevista– el desempleo absoluto se mantiene bajo porque muy pocos se pueden dar el lujo de no trabajar; para la mayoría, tener o no empleo puede ser cuestión de sobrevivencia.”
Lo cierto es que, aun en números oficiales, el presidente Carlos Salinas de Gortari dejó el “desempleo abierto” en niveles prácticamente iguales a los que heredó de Miguel de la Madrid. Sin embargo, esa tasa, que en 1988 y 1994 rondó 3.6% (del último año todavía no existen cifras definitivas) fue puesta en duda por Sorrentino como parámetro real de la desocupación, y por la también economista Susan Fleck, en el análisis, que requirió dos años de trabajo de campo.
Las autoras del estudio, quienes viajaron a México inicialmente para comprobar denuncias de grupos inconformes con la firma del Tratado de Libre Comercio, se enfrentaron a la ausencia de información o, cuando menos, a la falta de rigor en el levantamiento de datos sobre el sector laboral.
De hecho, un capítulo del informe, que fue publicado por una revista del Departamento del Trabajo, está dedicado a exponer el desorden que ha existido, particularmente entre 1976 y 1988, en la aplicación de sondeos, y muestra incluso que en el Censo Nacional de Población de 1980 se incurrió en severos errores estadísticos. Apenas en el sexenio que acaba de concluir, observa Sorrentino, se comenzó a sistematizar la aplicación de sondeos para obtener indicadores de la actividad económica.
Por ejemplo, en 1972 la encuesta nacional para medir la ocupación laboral se aplicó sólo en las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey. Luego de diferentes cambios de nombre y objetivos, el censo fue ampliando su muestra a ciudades más pequeñas en los años siguientes. Sin embargo, en 1983-84 regresó a las tres centros de población más grandes. Sólo a partir de 1987 ha tenido una cobertura geográfica consistente. Esos caprichos sexenales, se plantea en el informe, dificultan la comparación histórica de las cifras.
Inconsistencias similares han ocurrido en los conceptos. Una de las conclusiones de Sorretino y Fleck es que la llamada tasa de “desempleo abierto” –el indicador tradicional en el país– “es inadecuada para reflejar de manera realista el grado de subutilización del trabajo y la demanda de empleo en México”. Entre otras cosas, notan que antes de 1985, cuando se empezaron a estabilizar los criterios para medir el desempleo, el gobierno consideraba desocupados a aquellos que esperaban comenzar a trabajar o regresar a su empleo en un lapso de 30 días, y que a partir de ese año dicha consideración simplemente se revirtió.
Desde 1985, las personas empleadas son definidas como “aquellas que tienen 12 años o más y que, en la semana de referencia, (a) trabajaron por lo menos una hora por trueque o dinero o se emplearon a sí mismas; o (b) realizaron algún trabajo no remunerado como empleados integrantes o no de una familia; o (c) estuvieron temporalmente ausentes de su trabajo por enfermedad, vacaciones, viaje, motivos personales o estudios y recibieron una remuneración durante ese período (no se estableció límite de la ausencia mientras hubieran recibido un pago), o (d) no trabajaron ni cobraron, pero esperaban comenzar a trabajar o regresar a su empleo en las próximas cuatro semanas.
“Los desempleados son aquellas personas de 12 años o más, quienes, en la semana de referencia, no trabajaron por una o más horas y (1) estuvieron disponibles para el trabajo; y (2) buscaron activamente empleo en las cuatro semanas anteriores o (3) habían buscado empleo en los pasados dos meses y estaban esperando (a) que comenzara la siguiente temporada; (b) que se diera respuesta a su solicitud de trabajo; (c) que se les recontratara en los siguientes tres meses, o (d) el fin de una huelga o paro.”
Entre las contradicciones que Sorrentino y Fleck encuentran en estas definiciones está el que “aquellos que esperan empezar o regresar a trabajar en las próximas cuatro semanas son contados como empleados, independientemente de sus motivos (despido, huelga, naturaleza temporal del trabajo, cambio de empleo, etcétera)”. Asimismo, añaden, México es el único país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, el club de los 25 países más ricos del mundo) en contar a menores de 15 años dentro de su fuerza laboral.
También comparan la definición mexicana con la estadunidense y, entre las diferencias, cuentan que mientras que en México se considera “empleada” a una persona que espera ser recontratada en las siguientes cuatro semanas, en Estados Unidos esa misma persona es anotada como “desempleada”. La definición mexicana también contradice los criterios de la Organización Internacional del Trabajo, en, por ejemplo, considerar “empleado” a alguien que espera comenzar a trabajar en el siguiente mes.
Después, el estudio ajusta las tasas de desempleo oficiales a los criterios estadunidenses y muestra que la desocupación urbana reportada oficialmente tiende a subir. Así, la tasa de desempleo correspondiente a 1993, 3.1% en los números del gobierno mexicano, se convierte en 5% cuando es ajustada a criterios estadunidenses. Sorrentino y Fleck observan que, aun así, el nivel de desempleo en México resulta inferior al de varios países desarrollados y similar al que existe en Estados Unidos. Y se proponen explicar el fenómeno.
“Estas bajas tasas han provocado cierto grado de escepticismo entre analistas del mercado de trabajo”, comentan en el estudio, que fue financiado por la División de Estadísticas Extranjeras de la Oficina de Estadística Laboral del Departamento del Trabajo. A juicio de Sorrentino y Fleck, “dos factores ayudan a explicar las bajas tasas de desempleo medidas en México. Primero, el concepto mexicano de desempleo excluye a personas que serían contadas como desempleadas bajo el concepto estadunidense… Segundo, y más importante, las bajas tasas de desempleo de México enmascaran a un alto número de personas en trabajos inestables y marginales. Por tanto, estas tasas reflejan la necesidad que tienen las personas de subsistir mediante cualquier trabajo, en vez de una situación de empleo completo… Trabajo de medio tiempo, autoempleo marginal y trabajo no remunerado en negocios familiares son frecuentemente las únicas opciones de muchos trabajadores en México”.
Irónicamente, lo que en países desarrollados es azote de los menos favorecidos, en México es privilegio de unos cuantos. Los desempleados en México, agrega el estudio, “son sólo aquellos que tienen los recursos para permitirse buscar trabajo… Tienden a ser más jóvenes y mejor educados que el resto de la población. Muchas veces son integrantes de familias que pueden sostenerlos económicamente en cuanto que buscan trabajo”. Recuerdan que mientras que en Estados Unidos existe seguro de desempleo, en México los desocupados no están cubiertos.
Y aportan datos: 70% de todos los desempleados tienen una educación superior a la básica; 44% cursó la preparatoria; una cuarta parte fue a la universidad, y sólo 5% no terminó la primaria.
En cambio, agregan Sorrentino y Fleck, “gente que intenta sobrevivir son contados como empleados en los sondeos de fuerza laboral en México. Muchos mexicanos entran en la vasta economía informal como vendedores o reparadores en sus casas, en puestos de mercado, en las esquinas de las calles y en ventas de puerta a puerta; como trabajadores sin paga en negocios familiares, o como trabajadores con poco sueldo en microempresas”.
De acuerdo con sus datos, obtenidos de estadísticas oficiales, 5.3% de los trabajadores no recibieron sueldo en 1993. Esta cifra era menor en 0.2 puntos porcentuales cuando Carlos Salinas de Gortari asumió la Presidencia, en 1988.
Consciente –según el estudio– de la ineficiencia de la tasa de “desempleo abierto”, el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática elaboró diez clasificaciones adicionales para medir la subutilización de la población económicamente activa. Cada una va agregando elementos que ensanchan el espectro de la insatisfacción laboral. La tasa número ocho (en total son 11, pues la número uno es la que comúnmente se conoce como “desempleo abierto”) agrupa, al lado de los desempleados, a todos aquellos que trabajaron menos de 35 horas en la semana de referencia.
“Entre una cuarta y quinta parte de la fuerza de trabajo mexicana está en este grupo. La tasa ocho es de cinco a siete veces superior a la tasa de desempleo abierto y, desde 1988, ha sido la más alta del espectro”. Esa tasa fue de 23% en 1993 y de 23.9% en el segundo trimestre de 1994.
Entrevistada en su oficina, Sorrentino remata: “en una década caracterizada por el estancamiento económico y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, el incremento de empleos no remunerados y poco remunerados sólo refleja una estrategia de sobrevivencia”.