“La línea de crédito otorgada a nuestro país puede resultar tan onerosa como los préstamos que la corona británica nos hizo en 1823 y 1824, los cuales, a duras penas, pudimos pagar muchos años después, con la desamortización de los bienes del clero”, advierte Josefina Zoraida Vázquez, investigadora de El Colegio de México y, con Lorenzo Meyer, autora del libro México frente a Estados Unidos.
Recuerda:
“Aquellos préstamos británicos tenían un interés muy alto, eran leoninos, y nuestro gobierno se comprometió a pagarlos con los ingresos que le dejaban sus aduanas, que en ese tiempo representaban la entrada más fuerte de México. Ahora, igual que entonces, condicionaremos nuestro pago con una de nuestras principales fuentes de ingreso: el petróleo.”
Entrevistada en sus oficinas de El Colegio de México, Zoraida Vázquez dice que le preocupa el hecho de que la experiencia vuelva a repetirse:
“Hasta se me pone la carne de gallina nada más pensarlo. En aquel tiempo padecimos la presión de los especuladores, usureros de verdad. Entre ellos había algunos nacidos en México que se nacionalizaron británicos para presionar mejor a nuestro país. En sus préstamos, descontaban intereses por adelantado, por lo que a México le daban sólo una parte de lo que pedía. Aquella deuda se convirtió en una bola de nieve que fue creciendo con el tiempo. Comprometió el futuro de México.”
–¿Y cómo se resolvió el problema?
–Gracias al gobierno liberal, que pagó en gran parte con la desamortización que hizo de los bienes del clero, en los años sesenta del siglo pasado.
A diferencia de entonces, la historiadora encuentra un agravante en la época actual:
“Los liberales del siglo pasado eran muy distintos a nuestros neoliberales: aquellos eran hombres austeros, patriotas; en cambio, éstos son unos verdaderos yuppies, pese a que el presidente Ernesto Zedillo, en su toma de posesión, haya alabado a Benito Juárez.”
Y recuerda una anécdota del presidente liberal José Joaquín Herrera:
“En una ocasión, su secretario de Hacienda, Mariano Riva Palacio, lo vio comiendo en unos platos desportillados. Exclamó sorprendido: `¿cómo es posible que el presidente coma así?’ Y Herrera, que además venía de familia pudiente, le contestó: `usted arregle sus asuntos y déjeme comer’.
“Es una rara anécdota en un país como el nuestro. A don Antonio López de Santa Anna le gustaba el dinero y era un manirroto, que parece ser el carácter mexicano. Los liberales ya pensaban crear un ahorro interno, hacer de México un país de pequeños propietarios. Hasta la fecha no hemos podido emular a Japón, que es el país que más ahorra en el mundo. Los europeos también son ahorrativos. Así se acumula el dinero interno.”
Con un doctorado en Historia de América en la Universidad Central de Madrid, y otro en la Universidad de Harvard, donde estudió historia de Estados Unidos, Vázquez es autora de más de una decena de libros, entre ellos: Mexicanos y norteamericanos ante la guerra del 47, México y el expansionismo norteamericano y México, Gran Bretaña y otros países. Agrega:
“La cercanía con Estados Unidos siempre nos ha representado dos cosas opuestas: una amenaza, que ya la vivimos cuando nos quitaron parte de nuestro territorio, y la oportunidad de estar al lado del mercado más grande del mundo. Esta nunca la hemos sabido aprovechar.”
Para la investigadora resultaba inevitable abrir nuestro mercado al estadunidense, ya que, dice, no podíamos permanecer cerrados ante un mundo abierto. Sin embargo, considera que la apertura debió hacerse con mayor cuidado:
“Como las medicinas que se dan poco a poco al paciente, para que se vaya acostumbrando. Pero nosotros vivimos un cambio muy drástico.”
Nuevamente recurre a la historia:
“Anteriormente hemos abierto dos veces nuestro mercado: una vez durante la Independencia y otra en la época de Porfirio Díaz. Las dos veces nos fue como en feria. La primera vez aplastamos a una industria mexicana que comenzaba a nacer. La segunda, quedamos más dependientes y ligados a la economía estadunidense. No hemos aprovechado estas lecciones.”
–¿A qué se debe el fracaso?
–A que no hemos podido competir. Igual que ahora. Los textiles poblanos y queretanos de finales de la colonia, hechos a mano, tuvieron que competir con los producidos en los telares británicos, de mejor calidad y más baratos. Nos venimos abajo. Hasta para los calzones de nuestros campesinos se compraba manta importada.
“Estamos pagando nuestra ineficiencia. Nuestros capitalistas no han sido capaces ni de exportar, ni de mejorar su planta productiva, ¡ni nada! Se acostumbraron a estar protegiditos. No hemos sabido ni siquiera vender nuestros productos en el extranjero, con base en una buena publicidad. ¿Cómo es posible que la publicidad de la cerveza mexicana, en Estados Unidos, la manejen compañías estadunidenses? ¿Cómo es posible que aquí se venda la cerveza de Estados Unidos, que es la peor del mundo? Nos falta imaginación.”
–¿De acuerdo con la experiencia de nuestra historia, qué efectos puede traer este nuevo crédito?
–Tendremos que experimentarlos. Sin embargo, creo que por lo pronto aumentará nuestra dependencia económica de Estados Unidos. El préstamo ha demostrado también el grado de consolidación del financiamiento internacional, la gran interdependencia comercial. El presidente Clinton nos prestó no por buena gente sino porque así salvaba también al mercado estadunidense.
A diferencia del presidente Ernesto Zedillo, para quien el crédito no incrementa nuestro endeudamiento, dice la historiadora:
“No soy economista, pero si el país pidió prestado, pues entonces se endeudó. Y lo que se presta se devuelve. Eso, ni modo.”
Zoraida Vázquez cree que, pese a las versión oficial, nuestro gobierno se ajustará a ciertos condicionamientos sobre migración y narcotráfico:
“De alguna manera quedarán incluidos algunos de estos tópicos. No quisiera ser paranoica, pero estamos tan acostumbrados a las mentiras, que francamente ya sospechamos de todo.”
–¿Considera que con este crédito sólo se esté aplazando una inevitable moratoria?
–No lo sé. Lo que puedo asegurar es que el préstamo es sólo un tentempié. Y gran parte del dinero de los Tesobonos saldrá del país.
Por último, la investigadora señala que, para evitar otro fracaso, debemos superar nuestro desconocimiento sobre el sistema estadunidense:
“Todavía cuando tenemos conflictos con los estados de California o Texas, queremos que Washington los resuelva. Esto demuestra nuestra ignorancia del federalismo norteamericano. Aquí carecemos de abogados especializados en derecho estadunidense. Siempre contratamos a despachos de juristas de Nueva York para que resuelvan nuestros problemas, y éstos, a parte de cobrarnos una fortuna, no pelean por nuestros intereses como lo harían los nacionales.”








