Arturo Huerta, de la UNAM En doce años de gobierno neoliberal, México se volvió perdedor y tiene que ceder todo

El esquema de “victorioso y perdedor”, que desde del siglo XIX –con la ocupación del estado de Texas– trazó las relaciones entre Estados Unidos y México, cobró fuerza con la intervención del gobierno estadunidense en el otorgamiento de una línea de crédito, por cerca de 51,000 millones de dólares que, en el fondo, se empeña en llevar a los mexicanos a condiciones de mayor subordinación y pasar del subdesarrollo al atraso, considera Arturo Huerta González, director de la revista Investigación económica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“En su papel de perdedor, México ha ido cediendo prácticamente en todo. No sólo aceptó la imposición del programa económico neoliberal, que durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari se financió con base en el proceso de privatización de la economía nacional y el mejoramiento de las leyes de inversión extranjera –incluido el Tratado de Libre Comercio (TLC)–, sino que hoy se ve obligado a recurrir a su vecino del norte para definir su futuro.
“En 12 años de implantación del modelo económico neoliberal (1982-1994), México perdió más soberanía, al grado de que con la actual crisis el gobierno estadunidense obligó al mexicano a aceptar, por ejemplo, la privatización de Ferrocarriles Nacionales. Mañana será el petróleo. Después, una vez que termine con la venta de todos sus activos, vendrá la incursión de los marines que nos querrán obligar a pagar lo que no podamos.”
Con grados de maestría y doctorado en economía, Huerta González es autor de cuatro libros: Más allá del milagro (1986), Liberación e inestabilidad económica en México (1992), Riesgos del modelo neoliberal mexicano (1992) y La política neoliberal de estabilización económica en México (1994).
“Lo grave –precisa–, es que a pesar de la crisis, el gobierno mexicano insiste en mantener esta política neoliberal que nos empuja a una mayor subordinación y coloca a la economía nacional en la más alta vulnerabilidad que haya tenido en casi 200 años de relación con Estados Unidos. Esto se explica con la intervención directa del gobierno de William Clinton para salvar a México de una crisis económica de mayor dimensión, que afectaría a América Latina y a Estados Unidos.”
Entrevistado en las instalaciones del área de posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM, Huerta González explica que el gobierno de Ernesto Zedillo continua con la política de dar signos y señales falsas sobre las implicaciones del nuevo endeudamiento, lo cual es un indicio de que México seguirá supeditado a las condiciones impuestas por Washington y la banca comercial internacional:
“El presidente Ernesto Zedillo dice que el nuevo crédito no va implicar mayor deuda. Lógicamente no la va implicar en este momento, pero después de que se cumplan los 18 meses de plazo del préstamo, por su puesto que va implicar 51,000 millones de dólares más de endeudamiento.”
Recuerda que hasta diciembre pasado los pasivos en moneda extranjera (la deuda externa pública y privada), ascendían a 211,000 millones de dólares, cifra a la que se sumará el nuevo crédito.
“La cuestión es que la economía nacional carece de condiciones de pago alguno y esta nueva línea de crédito sólo resolverá el problema del endeudamiento de corto plazo; no soluciona el déficit de cuenta corriente. Tampoco servirá para respaldar el crecimiento económico.
“El problema, entonces, es saber cómo disminuir ese déficit del comercio exterior, lo que no se podrá hacer a través de las actuales relaciones económicas existentes entre México y Estados Unidos, las que nos obligan a tener que contraer la actividad económica interna.”
Huerta González considera que el modelo neoliberal llegó a sus límites en México, porque al no haber condiciones de crecimiento económico interno –”esta capacidad se acabó con la decisión del gobierno mexicano de vender sus grandes empresas”–, tampoco las hay para el pago de la deuda externa, incrementada con el nuevo préstamo.
“A finales de la década de los cuarenta, la política proteccionista de la economía mexicana fue el elemento crucial para el desarrollo industrial nacional. Se protegió el mercado interno de importaciones y eso generó condiciones de rentabilidad de nuestro mercado. Entonces, la única viabilidad que tiene México para superar su situación económica, es que el Estado asuma mayor poder en la economía.”
Señala que con la aprobación de la nueva línea de crédito, Estados Unidos trata a toda costa de ocultar el fracaso del proyecto neoliberal, y México de rehuir, de nueva cuenta, al fantasma de la moratoria, que ha estado presente desde la primera crisis económica nacional a principios de 1970.
“Si la crisis se profundiza, como de hecho va a suceder, porque sigue siendo relegada la esfera productiva, cuando concluyan los 18 meses de plazo, se va evidenciar nuevamente que la economía no tiene condiciones de pago y se va a tener que declarar la moratoria. No hay otra salida para México”, enfatiza.
Advierte, no obstante, que el gobierno mexicano aún está a tiempo para poner un alto a esta política económica, declarando, primero, la moratoria del pago de la deuda y, segundo, la revisión del TLC, que otorga ventajas a las industrias estadunidenses.
Se requiere, además, que los créditos no vengan condicionados al pago de la deuda externa de corto plazo. “Lógico es que la economía mexicana necesita créditos, pero de largo plazo y que vayan a las áreas productivas, condiciones que no se cubren en el nuevo préstamo.
“Hay que rescatar el proyecto de nación que se ha venido desdibujando totalmente. Y para ello se necesita un desarrollo estable. El gobierno mexicano no debe comprometer sus pocos activos que le restan en el sostenimiento de un contexto de economía abierta, donde la favorecida es la economía estadunidense. Todo esto nos lleva a una relación cada vez más subordinada, en la que Estados Unidos determina las reglas del juego y exige mayores condiciones a su favor.”
Piensa que un fuerte movimiento social podría llevar a la negociación de un nuevo modelo económico nacional, con posibilidades de crecimiento sostenido. “Esta fuerza social aún no esta presente, aunque se acercará conforme la crisis nacional se profundice.
“La economía mexicana, que fue puesta como modelo a nivel mundial, no solamente con respecto a América Latina sino también con respecto los países exsocialistas, hoy está haciendo agua y todo mundo va a tener que revisar su política, con el riesgo de que esto afecte a Estados Unidos, el cual con la caída del sistema socialista logró ampliar sus mercados y sus exportaciones.
“El proyecto económico neoliberal es un modelo que tiene sus límites, y estos están en función de su capacidad de pago, y la capacidad de pago está en función del proceso de privatización, que en el caso de México ya llegó a un callejón donde la única salida es la moratoria.”