“No hay duda, está clarísimo: la dependencia financiera se acentúa y México va a tener muchos compromisos de una enorme complejidad”, afirma el especialista en la historia financiera de México, Carlos Marichal, quien considera que “fue mejor” que el paquete de ayuda haya sido otorgado mediante varias instancias internacionales y no sólo por Estados Unidos.
Dice: “creo que la primera propuesta de 40,000 millones de dólares sí representaba una amenaza mucho más seria a la soberanía mexicana, sobre todo en el plano político. La discusión en el Congreso estadunidense se había convertido en un botín político. Estaban discutiendo los legisladores qué podrían sacar a cambio”.
Considera que no sólo en la deuda mexicana sino también en la de Latinoamérica, el problema va más allá de la falta de liquidez y la injerencia de países u organismos internacionales en la soberanía nacional: en realidad demostró la ineficacia del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la necesidad de modificar la regulación del sistema financiero mundial.
Señala que el FMI “fracasó en su capacidad de percibir que la crisis venía. No logró enfrentarla y tuvo que intervenir el Tesoro de Estados Unidos. La falta de previsión, tanto de las autoridades mexicanas como del Fondo Monetario Internacional y de la banca internacional, llevó a la crisis.
“Esto demuestra que el FMI ya no está cumpliendo el mismo papel de antes, al contrario. Por eso se barajaron varias opciones para resolver la crisis”. Finalmente, actuaron antes de que México hablara o se planteara la posibilidad de la moratoria.
Insiste en que la intervención del Tesoro estadunidense , el FMI y el Banco de Pagos Internacionales –considerado el banco central de bancos centrales– “indica que estas instituciones y la banca internacional tienen que buscar un nuevo esquema para manejar las finanzas internacionales. Nunca antes se había dado este tipo de paquete de rescate.
“El problema es más complejo que la mera situación de las finanzas mexicanas, porque en la actualidad éstas se vinculan con una potencial crisis financiera mundial: México ahora es una de las economías del tercer mundo más importantes; es uno de los mercados de capitales emergentes; tiene importancia financiera e industrial; no es el México del siglo XIX ni de principios de éste.”
Ante esta situación, considera que México –cuya historia financiera se ha convertido en un ciclo de endeudamiento y crisis con suspensión de pagos en varios momentos– “no tenía otra opción, estaba entre la espada y la pared”, por eso aceptó las líneas de crédito, que tendrán que ser utilizadas a lo largo de este año, convirtiéndose así en deuda mexicana, por lo que se trata del mismo problema.
Hace historia: la primera crisis de la deuda ocurrió en 1828, cuando se suspendieron los pagos a los empréstitos que tomó México después de la Independencia. Siguió un largo período de moratoria y solamente en diferentes momentos, por uno o dos años, se volvió a pagar. Con Benito Juárez, en 1862, se vuelve a suspender el pago de la deuda, provocando que las potencias europeas intervengan en México. Con la derrota de los franceses, Juárez sostiene la suspensión hasta la década de los ochenta, cuando se reestructura y renegocia.
En 1888 se volvió a contratar deuda y empieza un auge que lleva paralelo un proceso de endeudamiento. Este se cierra al final del porfiriato, cuando estalla la Revolución y se agravan los problemas financieros. Ya en este siglo, en 1914, en medio de la Revolución, se vuelven a suspender los pagos; sólo en forma limitada se hicieron algunos en más de 30 años.
En 1946, después de la Segunda Guerra Mundial, México tenía ya una deuda externa de 1,000 millones de dólares: 500 por cuenta del gobierno federal e intereses atrasados, y 500 de Ferrocarriles Nacionales. Hubo una nueva renegociación, pero en condiciones muy ventajosas para México, cuenta Marichal.
Un factor importante, considera, fue el regreso de casi 12 millones de soldados estadunidenses. Esto planteaba la necesidad de repatriar a los mexicanos que, como mano de obra, se encontraban en Estados Unidos, por lo que este país “necesitaba que México accediera a ciertas condiciones”.
México logró una reducción de 90% de la deuda. Esta renegociación “refleja la complejidad de las relaciones de Estados Unidos y México, en varios planos. Los problemas financieros no están desligados de la relación, tan estrecha, que hay entre una economía y otra”.
Sigue: después vino el auge de endeudamiento de 1975 a 1982, que terminó con las crisis de este último año. En aquel momento México no declaró la moratoria.
Marichal explica por qué: “hoy en día la banca internacional tiene una mayor coordinación y capacidad para controlar las finanzas de los distintos países, por lo que una moratoria sería castigada de una manera mucho más severa. Por otro lado, el tamaño de la deuda externa mexicana es mucho mayor que en otras épocas, la suspensión afectaría al sistema financiero mundial; y, finalmente, la economía mexicana, por su tamaño, tiene hoy un carácter estratégico”.
Asegura que es indudable que México ha vivido una revolución industrial a partir de los años cuarenta: “se ha convertido en una parte integral del sistema mundial industrial, no sólo en el financiero, y estando atado a la locomotora económica más poderosa del mundo, la economía estadunidense, resulta sumamente importante para Estados Unidos y su sistema financiero industrial que no haya un desequilibrio fuerte en nuestro país”.
Ante la pregunta de si esto implica una invasión a la soberanía del país –aparte de la Carta de Intención con el FMI– dice que más bien ha demostrado lo contrario: que el Fondo Monetario Internacional y los organismos internacionales no fueron capaces de percibir y controlar la crisis.
Dice que se trata de un problema de falta de información: el secretario de Hacienda, Pedro Aspe, no informó con claridad por qué se emitieron 30,000 millones de dólares en Tesobonos. Esto refleja que hubo un fuerte déficit en 1993 y 1994, “que fue financiado en parte con Tesobonos. Ahora vemos que ésta era una forma muy cara y riesgosa de obtener préstamos y financiar el déficit”.
Señala que las nuevas líneas de crédito sí comprometen a México. Siempre que se firma un préstamo con el FMI se tienen que firmar acuerdos paralelos, al igual que con el Tesoro estadunidense, por lo que “México va a tener muchos compromisos financieros, de una enorme complejidad; la dependencia financiera se acentúa. No hay duda, es clarísimo, pero insisto, esto va más allá”.
Para el investigador de El Colegio de México, doctor en historia de la Universidad de Harvard y autor del libro Historia de la deuda externa de América Latina, la crisis actual demostró que el sistema financiero internacional tiene que reestructurarse, porque corre peligro. Ante la rapidez de las transacciones actuales no tiene capacidad de controlarlas.
“Es el momento de que los países, en forma colectiva, hagan propuestas para la defensa de su soberanía financiera, porque cualquier arreglo, como el que se le acaba de hacer a México, puede representar una amenaza.”
–Ante esta nueva relación financiera de los países con los organismos financieros mundiales ¿ya no se puede hablar de soberanía nacional?
–Es un planteamiento con el que no concuerdo. El problema no es meramente de los organismos como el FMI o el Banco de Pagos Internacionales. El problema es la complejidad del sistema financiero actual, la banca internacional, los movimientos de capitales internacionales a todas las bolsas; lo que está en duda, no es tanto el que un país pueda establecer sus propias políticas económicas sino en qué medida los gobiernos tienen capacidad para regular los flujos financieros internacionales. Parece que cada día hay menos capacidad.
“Los economistas neoliberales dicen que no debe haber regulación. Sin embargo, lo que está demostrando la crisis financiera de México es que se necesita regular, porque no sólo se desequilibra la economía de los países deudores sino también la de los acreedores.”








