LA HABANA.- Cuba confía en que México “no se someterá a las presiones de Estados Unidos, por muy fuertes que éstas resulten, pues su tradición es de una independencia muy clara”.
Carlos Lage Dávila, vicepresidente del Consejo de Estado y secretario ejecutivo del Consejo de Ministro de Cuba, declaró lo anterior ante representantes de gobiernos, instituciones financieras y hombres de negocios reunidos en el Foro Económico Mundial, en Davos, Suiza.
Y precisó: “no es la posición del gobierno de Estados Unidos sino de algunos congresistas que la promueven. Tenemos confianza en la política mexicana, que no acepta imposiciones y que ha sido muy firme a lo largo de su historia”.
Las palabras del vicepresidente Lage Dávila –difundidas por la agencia Prensa Latina– marcaron la posición de Cuba frente a las supuestas “condiciones” que el Congreso de Estados Unidos había impuesto a México para aprobar las garantías de un préstamo por 40,000 millones de dólares.
Uno de los puntos del borrador de Garantías, filtrado en Washington a la prensa, señalaba que México “no ofrecerá asistencia a Cuba, incluyendo la reducción de su deuda”.
Cuba reestructuró su deuda con México por 310 millones de pesos mediante un esquema de swaps: empresarios mexicanos compraron deuda y activos cubanos a cambio de inversión en las áreas siguientes: turismo (grupo DESC), cemento (Cemex), telefonía (Grupo Domos), petróleo (Mexpetrol) y plásticos (Grupo Vitro).
Para el vicepresidente cubano, “las presiones ejercidas sobre México para que corte sus vínculos con Cuba son una demostración de cómo a veces Estados Unidos actúa contra los propósitos de nuestros dos países de desarrollar sus relaciones”.
Calificó de “verdaderamente despreciable el hecho de que, ante las dificultades de una nación aliada, que forma parte del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, se pretenda sacar provecho político”.
El crédito proporcionado a México por 20,000 millones de dólares provenientes de fondos federales y los 27,500 millones del Monetario Internacional y el Banco Internacional de Pagos, autorizados el 31 de enero, fueron bien vistos por el gobierno de La Habana.
“Me parece correcto y justo que se ayude a México a salir de una situación de este tipo”, dijo Carlos Lage Dávila, el martes 31, a pregunta expresa sobre la ayuda promovida por el presidente de Estados Unidos, William Clinton.
Para el gobierno de Fidel Castro, era lógico que la Casa Blanca fuera al rescate de la economía mexicana pues, según Lage Dávila, “los efectos negativos (de la crisis) en la población mexicana perjudicarían a Estados Unidos, al cual interesa la estabilidad de México”.
Las palabras del vicepresidente cubano se sumaron a las de Fidel Castro, quien –la semana pasada– declaró al periódico El Sol de México que, “Estados Unidos tiene intereses económicos, créditos pendientes, inversiones importantes y no puede permitir que México vaya a una catástrofe financiera y económica”.
Lage Dávila reconoció que por la devaluación del peso mexicano, “deben disminuir las inversiones de México en el exterior y, en alguna medida, podría haber una influencia en el ritmo y volumen de sus inversiones hacia Cuba”. Advirtió, empero, que “ello no será de manera definitiva ni con consecuencias importantes para la economía de la isla”.
A raíz de la crisis financiera, unos 15 proyectos de inversión conjunta cubano-mexicana en turismo, alimentación e industria básica quedaron en el aire. Dos de ellos fueron definitivamente cancelados: el grupo Del Valle retiró su propuesta para hacer jugos bajo la marca cubana Taoro, y la Cartonera La Magdalena canceló su proyecto para producir cartón y derivados.
El turismo mexicano hacia la isla –el cuarto en importancia para este país– que había crecido en 20% anual, cayó a más de la mitad tras la devaluación del peso mexicano.








