MADRID.- ¿Qué implicaciones representa para México y América Latina el nuevo crédito de Estados Unidos? ¿Qué grado de dependencia tendrá México hacia el país vecino? ¿Hasta dónde afectará la soberanía nacional? ¿Cuáles son los costos políticos y electorales para el gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León?…
Estas y otras preguntas obtuvieron respuesta en el informe del Instituto de Relaciones Europeo-Latinomericanas (Irela) presentado ante el Parlamento europeo el lunes 30 de enero.
“México tendrá que ceder parte de su soberanía y ofrecer ciertas garantías en materia energética a cambio del nuevo paquete de rescate económico que Estados Unidos acaba de concederle”, dijo a la corresponsal Andrew Crawley, subdirector del Irela, el martes 31, después de conocer los créditos obtenidos gracias a la intervención directa del presidente de Estados Unidos, William Clinton.
El informe, titulado La crisis del peso mexicano: implicaciones nacionales y regionales, afirma que a pesar de la ayuda norteamericana, “los desafíos económicos inmediatos serán difíciles de afrontar”.
Menciona el documento las “severas” condiciones impuestas a México, como “el control de la inmigración mexicana, el diseño del presupuesto, el acceso de la inversión extranjera al monopolio estatal del petróleo e incluso la política respecto a Cuba”.
Explica que “México utilizará en lo sucesivo los ingresos de la exportación de petróleo como aval de las garantías de préstamo…”.
Sobre el costo político y electoral para el gobierno del presidente Zedillo Ponce de León, indica: “dado el clima político actual, es probable que el PRI (Partido Revolucionario Institucional) no obtenga ninguna de las cuatro gubernaturas (Jalisco, Guanajuato, Yucatán y Baja California)… las perspectivas del PRI se verán menguadas por los efectos del programa de austeridad; el retorno de la inflación y el bajo índice de crecimiento podrían erosionar su base popular”. Además, “esta crisis a corto plazo puede tener costos electorales para el gobierno de Zedillo Ponce de León, y la probabilidad de que haga inevitable un cambio político y social a largo plazo”.
LAS CONSECUENCIAS
El informe del Irela también se refiere a los compromisos de México frente al Fondo Monetario Internacional (FMI):
“México se compromete a un programa de ajuste que combina rigor monetario y recortes en el gasto público.”
Y a las condiciones impuestas por Estados Unidos: “cambios en la política económica mexicana más allá de las condiciones normales del FMI, tales como controles más frecuentes y severos de las reservas, la oferta monetaria y los objetivos fiscales”.
El informe considera que el gobierno del presidente Zedillo Ponce de León deberá demostrar “su seriedad en materia de rectitud financiera, control de la inflación y reducción del actual déficit de cuenta corriente”.
Pero muestra escepticismo sobre las proyecciones económicas del gobierno mexicano, que parten de una tasa de cambio de 4.5 nuevos pesos por dólar, una inflación media anual de 16%, un crecimiento de 1.5% y un déficit de cuenta corriente de 14,000 millones de dólares:
“Sin embargo, con una tasa de cambio actualmente en torno de 5.5 nuevos pesos por dólar, estas previsiones podrían revelarse en exceso optimistas. Por diversos motivos, los desafíos económicos inmediatos serán difíciles de afrontar”.
Y agrega:
“Será difícil controlar la inflación. La devaluación aumenta en gran medida el costo local de los bienes y servicios importados, conduciendo inevitablemente a la inflación. Muchos productores han incrementado ya sus precios y, aunque los líderes sindicales aceptaron restringir el alza salarial a 7%, acordado antes de la devaluación, las masas podrían oponerse a esta limitación. Si bien el gobierno prevé una inflación de 16% para 1995 (contra 7% en 1994), algunos analistas independientes sugieren que este índice podría ser sustancialmente mayor. Por otra parte, si las autoridades logran mantener las limitaciones salariales, los ingresos reales disminuirán marcadamente…
“El presidente Zedillo Ponce de León tendrá que introducir altos tipos de interés, decrementos en la oferta monetaria y recortes en el presupuesto público. Estas medidas reducirán los niveles internos de inversión y demanda, a expensas del crecimiento económico. En vez del 4% pronosticado originalmente para la expansión del producto interno bruto en 1995, los observadores independientes sostienen que será difícil alcanzar incluso el objetivo de 1.5%…
“La situación del desempleo podría empeorar. Numerosas empresas que habían financiado sus inversiones con préstamos en dólares venden la mayor parte de su producción en el mercado local en pesos. Ahora, con mercados reducidos, deudas más elevadas y altos tipos de interés, muchas firmas tendrán que reestructurar sus operaciones. Algunas podrían quebrar, con efectos adversos sobre el empleo. Las plantas y líneas de producción de vehículos de Ford, Mercedes, Nissan y Volkswagen han cerrado temporalmente, y Fiat ha suspendido planes para construir vehículos en México…
“El incremento de las exportaciones mexicanas se verá truncado por restricciones en la capacidad de producción y distribución; numerosos sectores de exportación dependen de insumos importados, cuyo precio aumentó. Así, el crecimiento de las exportaciones podría ser insuficiente para actuar como fuerza motriz en el conjunto de la economía. Tal como se señaló, la industria automotriz –primer sector no petrolero de exportación– ha sido severamente afectada por la crisis…
“La crisis ha sometido a intensa presión el sector bancario. Sus propios pasivos, sumados a los de sus clientes, podrían llevar a varios bancos a la quiebra. Lo anterior ha motivado una propuesta de ley para reducir los límites sobre la participación extranjera en la banca mexicana. La oposición a esta medida, por algunos sectores conservadores del PRI, ha provocado, a su vez, implicaciones políticas.”
REPERCUSIONES POLITICAS
El Irela considera que 1995 se presenta “lleno de desafíos” para el gobierno del presidente Zedillo Ponce de León, por lo cual recomienda “acelerar el proceso de reforma política”.
Señala el informe que la elección de Zedillo Ponce de León el 21 de agosto del año pasado fue en gran parte por “la percepción pública de que estaba más capacitado que sus rivales para dirigir la economía y, por consiguiente, generar una mayor prosperidad.
“Estas expectativas se cumplirán difícilmente tras la crisis del peso. La alta inflación y las reducidas alzas de salarios sugieren la posibilidad de protestas públicas, especialmente considerando el creciente protagonismo de algunos sindicatos mexicanos.”
Más adelante, señala:
“El PRD (Partido de la Revolución Democrática) ha logrado reafirmar su posición en la escena política nacional, reconquistando al parecer parte del terreno perdido tras el descalabro electoral del 21 de agosto de 1994. El partido podría consolidar su recuperación si las condiciones del FMI en materia de gasto público generan recortes en programas de lucha contra la pobreza, como el Pronasol (Programa Nacional de Solidaridad).
“La crisis financiera expondrá al gobierno de Zedillo Ponce de León a reveses comiciales… en virtud de las reformas políticas y electorales conducidas bajo la presidencia de Salinas, las votaciones constituyen actualmente una oportunidad más eficaz de reprobar al gobierno.”
Dice que aun cuando no habrá elecciones federales antes de 1997, los comicios en Jalisco, Guanajuato, Yucatán y Baja California los perderá el PRI.
Abunda:
“Una derrota electoral constituiría un revés para la moral del PRI y podría debilitar el control del presidente sobre su propio partido. Este fenómeno ya se ha hecho evidente. Algunos miembros del Revolucionario Institucional se han opuesto a la propuesta de autorizar la participación extranjera en el sector bancario.”
Después de relatar lo sucedido en Tabasco, agrega:
“La amenaza de mayores divisiones en el PRI aumentaría en caso de que las garantías de préstamo exigidas por Estados Unidos fueran vinculadas a condiciones consideradas contrarias a la dignidad y soberanía nacionales de México; los conservadores del partido, por ejemplo, se opondrían firmemente a la cesión de activos de Pemex (Petróleos Mexicanos).”
Por otra parte, explica que “la crisis del peso ha impreso también mayor urgencia a la necesidad de una solución aceptable a la rebelión zapatista, iniciada un año atrás. En primer lugar, el presidente Zedillo Ponce de León debe mostrar ahora un auténtico liderato político, para lo cual la negociación de una paz duradera con el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) podría ser de gran utilidad.
“Ante un contexto económico de austeridad, el gobierno debe contener el conflicto de Chiapas a fin de impedir su extensión a otros estados pobres, como Guerrero y Oaxaca.”
AMERICA LATINA
Según el Irela, América Latina sigue expuesta a la influencia de la crisis mexicana. Explica:
“Tras haber sufrido pérdidas en México, muchas sociedades de capital extranjero vendieron sus activos en otros países latinoamericanos para obtener capitales de rescate. Esto se tradujo en la volatilidad inmediata de los mercados financieros de varias naciones.
“Los inversionistas extranjeros han percibido por lo general a Latinoamérica como una región homogénea, ignorando fundamentales diferencias políticas, comerciales y de estrategia económica entre países. Por tanto, las dificultades de México expusieron al retiro de capitales toda la zona.
“Para el conjunto de América Latina, la crisis podría tener señaladas repercusiones a mediano plazo. La vitalidad de los mercados emergentes de la región se ha resentido, igual que su imagen.
“En adelante, el capital extranjero será más selectivo y los inversionistas, más cuidadosos en el momento de optar entre diferentes mercados. Al menos en lo inmediato, el resultado será un descenso de la afluencia de capitales a Latinoamérica. Adicionalmente, el colapso del peso, las dificultades asociadas con la respuesta estadunidense y la probabilidad de un flujo reducido de fondos podrían traducirse en una desaceleración económica en varios países.”
Acerca del Tratado de Libre Comercio (TLC), explica:
“Para las relaciones interamericanas, uno de los aspectos más llamativos de este episodio es el modo en que ilustra que la `interdependencia’ debatida durante las negociaciones del TLC era algo más que retórica.
“La magnitud actual de las inversiones fabril e institucional estadunidenses en México –buena parte de esta última en manos de millones de ciudadanos estadunidenses, a través de cajas de jubilación y fondos mutuos– es tal, que la ayuda ofrecida por Washington redundaría en gran medida en beneficio propio. Según varios analistas, un colapso financiero en México provocaría que la contracción del comercio y la desestabilización de los mercados financieros conducirían a recortes laborales en Estados Unidos.
“Algunos congresistas estadunidenses de ambos partidos desean utilizar las garantías de préstamo como pretexto para arrancar a México concesiones que no fueron posibles durante las negociaciones de 1993.”
¿EXISTE ALGUNA ENSEÑANZA?
La crisis del país –según el informe– “ha mostrado los riesgos potenciales de optar por un sistema financiero completamente libre y abierto. México abrió sin reservas sus mercados a la inversión, exponiéndose en consecuencia a un cambio de actitud de los inversionistas.
“Algunos analistas sugieren, por consiguiente, que la crisis mexicana ha puesto en tela de juicio algunos de los dogmas esenciales del `modelo mexicano’ de reforma económica. Las dificultades del país muestran los peligros de la ajustada vinculación de una moneda sobrevaluada con el dólar estadunidense.
“Se han levantado voces en favor de una revisión de las políticas económicas en Latinoamérica, que incluya una liberalización más pausada y selectiva. La crisis ha invalidado la visión oficial de que la liberalización continuada, apuntalada por la pertenencia al TLC y a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, llevaría indefectiblemente a la prosperidad.”








