Mas males, menos bienes

Señor director:

Le solicito atentamente publicar la presente carta, que fue dirigida al Presidente de la República por un grupo de intelectuales, líderes sociales y ciudadanos en general de Baja California.
Sergio Quiroz Miranda
Señor Presidente:
Doce años han sido más que suficientes para concluir que el abandono total del camino trazado por el movimiento revolucionario de 1910 es un costoso error, cuyo resultado final ha sido despojar a la nación de sus bienes acumulados en decenios de esfuerzos de todos los mexicanos, dejar a la patria monstruosamente endeudada y comprometida; y, por añadidura, al pueblo en la miseria. Se vendieron bienes, supuestamente para remediar males; pero los males se multiplicaron, y nos quedamos sin bienes. Esa política favoreció el saqueo y comprometió el futuro de México.
Ahora, ignorando los resultados del modelo neoliberal, cifra usted la esperanza de que en breve tiempo saldremos de la profunda crisis económica en que se encuentra la nación; en consecuencia, nos pide a los mexicanos unidad, esfuerzos y sacrificios adicionales a los ya realizados. Los que suscribimos le manifestamos que, a nuestro juicio, ha llegado la hora de abandonar la política neoliberal, librecambista y de sacrificios para la clase trabajadora y los pequeños y medianos empresarios que caracterizó al anterior régimen, encabezado por Carlos Salinas de Gortari, porque es precisamente esa política la causa fundamental del desastre económico que padecemos.
Seguir vendiendo el patrimonio nacional, seguir sacrificando al pueblo para pagar los onerosos intereses de la deuda, seguir propiciando la quiebra de las pequeñas y medianas empresas del campo y la ciudad para favorecer la libre circulación de mercancías en beneficio del capital extranjero, no garantiza que ni en corto ni en largo plazo salgamos de la crisis, sino al contrario: que el ciclo crítico se repita, y con ello se comprometa aún más la soberanía nacional al Fondo Monetario Internacional y a Estados Unidos, de tal suerte que a la vuelta de seis años nos encontraríamos en una situación todavía más difícil que la actual.
La amenaza de enajenar la paraestatal Petróleos Mexicanos y otras empresas fundamentales para el desarrollo con independencia, de consumarse, tocaría las más sensibles fibras patrióticas del pueblo de México.
El programa de emergencia para enfrentar la crisis debe incluir la revisión del Tratado de Libre Comercio, para proteger la economía nacional, en el marco de un proteccionismo competitivo, a través de medidas selectivas para el capital extranjero y la imposición de obligaciones arancelarias, fiscales, de transferencia de tecnología y de productividad, en sustitución del librecambismo que prevalece aún y que propició la especulación financiera y la más injusta distribución del ingreso de que se tenga memoria.
Es incuestionable que para la comunidad internacional, y con mayor razón para el pueblo de México, hoy más que nunca se justifica el establecimiento de una moratoria en el pago del servicio de la deuda externa, al menos por tres años, a fin de contar con los recursos financieros suficientes para apoyar el desarrollo del campo y estimular la producción industrial, así como para establecer un aumento generalizado de salarios, acompañado del control de los precios para evitar la inflación, que inyecte dinamismo a la economía nacional, y se supere el estado de recesión y estancamiento, propiciando un creciente y firme desarrollo del mercado interno. La ruptura con el modelo neoliberal, señor presidente, es una demanda de la mayoría de los mexicanos, lo mismo en lo económico que en lo político.
Por otra parte, los responsables de la crisis que afecta a la nación en su conjunto no deben quedar impunes. Es hoy necesidad inaplazable dar curso a una seria y profunda investigación de la conducta política, de las fortunas mal habidas y de los actos de lesa patria que cometieron los funcionarios responsables de la crisis, empezando desde luego por el señor Carlos Salinas de Gortari; lo mismo que deben quedar claros quiénes son los responsables de los magnicidios de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu, recibiendo las sanciones que la ley establece.
De esta forma, señor presidente, estamos seguros de que el pueblo en su conjunto se entregaría a trabajar unido, sin importar los sacrificios del presente, convencidos de que a corto y mediano plazo consolidaríamos el progreso material del pueblo, avanzando en el elevado propósito de construir la patria progresista y soberana que anhelamos.

Atentamente
Antonio Castañeda (empresario), Angel Norzagaray (dramaturgo), Sergio Quiroz Miranda (profesor), Leticia Figueroa (investigadora), Jesús López Gastélum (escritor), Dolores de Méndez (dirigente social), Graciela Romo (dirigente social), Juan Ríos (profesor), Antonio Heras (periodista), Federico García Estrada (abogado), Jesús López Toledo (escritor), Baudelio Mena (obrero), Agustín Zavala (ejidatario), Alfonso Lizárraga (maestro en ciencias sociales), Sergio Hernández (maestro universitario), José Luis Romo Cuevas (arquitecto), Francisco Contreras Mora (historiador), Ana García (investigadora), Pedro González (actor), Juan Carlos Ruiz (sociólogo), José Domínguez B. (ingeniero), José Carlos Rojo (abogado), Carlos Quiroz Miranda (ingeniero), Víctor González (contador), María Eugenia Rivas (profesora), Isabel García (ama de casa), Jesús Quiroz Valdez (estudiante), Fernando González (maestro universitario), Joel Rincón (dirigente obrero), Carmen Bustamante (empleada), Jesús Héctor Guerrero (contador), Teresa Hernández (ingeniero), Oscar Salcedo (abogado), David Ramírez (comerciante), Luis Avendaño (técnico), Víctor Sánchez Corona (licenciado), José Luis Zárate Camacho (empleado) y Salvador Lara Lomelí (maestro en ciencias sociales).
Mexicali, Baja California, a 17 de enero de 1995.