Señor director:
Como cualquier ciudadano mexicano, siento que no pueden ni deben quedar impunes el engaño, las concertaciones “representativas” de unos cuantos y el desconocimiento de las conquistas sociales de este país.
El engaño tiene nombre y apellido en derecho penal, y la entrega de la riqueza del país a intereses privados o ajenos también tiene nombre y apellido en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y en el alma, la dignidad y la miseria de los mexicanos. Todos conocemos acciones ilícitas o legaloides de altos funcionarios pasados y presentes que, por temor o conveniencia, no se citan abiertamente como traidores a la patria. Pero todo tiene un límite.
Recientemente leí un libro cuya traducción literal es: “La locura de los reyes”, ensayo sobre los traumas personales en el destino de las naciones, escrito por Vivian Green y editado por St. Martin’s Press, Nueva York, 1993. Reyes y presidentes deberían ser sometidos a un perfil neuropsiquiátrico antes, durante y al final de su mandato: Siempre unos pocos han hecho sufrir a muchos, y este país de ninguna manera es la excepción. Los viejos políticos “callan”, y los “nuevos” destrozan al ya decorticado mexicano que por inercia le teme al cambio, mismo que tampoco garantiza.
No hace mucho, los ricos de este país con apodos de animales que normalmente están en zoológicos y enjaulados se jactaban de su riqueza hablando de “los jodidos”, que “jodidos” seguirán. El único camino que tenemos es el de la politización de las bases mediante el esfuerzo de las clases medias y las pensantes para acabar con los malos gobiernos, sus cohortes oportunistas y su ejército lumpen; tarea fundamental de salud pública de la cual se cuida mucho la clase dominante, esa de la información privilegiada, esa que pone a nuestro país en manos del Congreso de Estados Unidos, esa que está promoviendo, “legitimando” su poder con “los guías espirituales” del país para practicar el genocidio del mexicano a través de medidas que como boomerang regresarán a su origen para que conforme a ley dentro o fuera del país, directores o no de organizaciones mundiales paguen por lo que han hecho y asuman las facturas que hasta hoy siguen endosando al pueblo de México amparados por la mafia internacional.
Atentamente
Doctor Luis A. Pando Orellana.
Neuropsiquiatra del Centro para la Atención de Lesiones Cerebrales.








