Termina “el vuelo del águila”, donde el bisnieto de Porfirio Díaz encontró “inexactitudes históricas graves”

Indignado por las aberraciones históricas que se cometen en El vuelo del águila, teleserie sobre la vida de Porfirio Díaz, que concluyó la semana pasada, el primogénito de la cuarta generación en línea directa con el general, hace un balance de la novela y se pregunta:
“¿Dónde están los descendientes de toda esa gente que trabajó junto con don Porfirio y que dio su vida por México?, ¿dónde están los nietos de Justo Sierra, de Limantour, de Justino Fernández, las familias Creel, Peón, Luján, Molina, de los gobernadores y secretarios de la época, etcétera…?”
Y, convencido, hace “un llamado urgente a traer los restos de Porfirio Díaz para a repatriar a este gran mexicano, aunque sea a título personal”.
Porfirio Díaz IV, bisnieto del expresidente, considera que “estamos justo a tiempo de concluir esa gran injusticia de abandonar para siempre los restos de don Porfirio en Francia. El debe descansar en su patria que tanto amó y a la que tanto sirvió”.
Reconoce estar agradecido “por la actualización de un personaje de vital importancia para México, que ha sido calumniado por la historia oficial durante los últimos 80 años. Inclusive, creo que la novela dio oportunidad a los mexicanos para acercarnos a don Porfirio”.
Pero lamenta:
“Se cometieron graves inexac-titudes históricas”.
En entrevista, Díaz Pizarro se muestra sorprendido por errores “hasta de nombre”, en los que incurrieron “personas que se dicen doctores en historia”, y enumera las imprecisiones que pudo detectar, ya que ha dedicado toda su vida al estudio de documentos y libros sobre su bisabuelo:
Juana Cata no fue amante del general; se injuria a Ignacio de la Torre, esposo de Amada, hija de don Porfirio; el doctor Manuel Ortega Reyes, suegro del general, no fue un violador y sí fue muy querido por su yerno; Ramón Corral no murió de sífilis en París; no le atinan a la madre de Amada; el trato que le dio don Porfirio a Delfina era mejor, era su adoración; don Porfirio no fue ni mujeriego ni infiel; al secretario de Díaz, Rafael Chousal, lo rebautizan como Manuel…
Además, Díaz Pizarro acusa a Fausto Medina y a Enrique Krauze de basarse para la teleserie “en datos y fuentes no confiables, como lo es la fantasiosa tía Lila, nieta de don Porfirio, quien a sus diez años no pudo haber recordado y comprendido lo que manejan en la novela: que Porfirio Díaz era amante de Juana Cata y que ordenó que el tren pasara por enfrente de su casa para irla a visitar. ¡Por favor!
“También se basan en el libro completamente desacreditado –El exilio. Un relato de familia–, de Carlos Tello, quien no sabe nada de la historia familiar, lo distorsiona todo y opina sin más fundamento que su imaginación, porque yo tengo material histórico que comprueba que está desautorizado como investigador y oficialmente como vocero de los Díaz.”
Díaz Pizarro, de hecho, asevera que ha sido delegado, como descendiente directo de Porfirio Díaz, representante oficial de la familia, ya que “tengo el aval de los descendientes vivos más próximos a don Porfirio, mis tíos Luis Díaz Raigosa y María Rincón Gallardo de Pérez Cosío”.
Se refiere a los antecedentes “infames” que han retomado para la construcción de la biografía de Díaz:
“Utilizan el difamatorio México Bárbaro, de John F. Turner, la historia del fallido científico Francisco Bulnes y las oficialistas y erráticas versiones de José Vasconcelos –que no sé por qué le tuvo tanto rencor a don Porfirio– y de José López Portillo y Rojas.”
A raíz de la transmisión de El vuelo del águila, Porfirio Díaz IV dice que “todo el mundo me pregunta sobre la verdadera historia de don Porfirio”. Sin embargo, no comprende aún por qué, “si fui a ofrecerles documentos y anécdotas testimoniales sobre la vida y familia del general para que la gente conociera más a fondo al personaje, no me recibieron nunca en las oficinas de Ernesto Alonso en Televisa”.
Su balance general sobre la transmisión televisiva es, no obstante: “buena y valiosa”. Abunda sobre las actuaciones de los personajes, muchos de los cuales él conoció personalmente, y considera que la madre de Porfirio Díaz, Petrona (representada por la actriz Patricia Reyes Espíndola), se lleva las palmas.
“El general joven, aunque en realidad era más atlético, fue muy bien hecho por Humberto Zurita. También el último actor, Manuel Ojeda, trabajó con mucha dignidad, fuerza, y compenetrándose como si de veras fuera don Porfirio. Delfina también es un personaje que estuvo muy bien.
“Carmelita Romero Rubio –protagonizada por Jacqueline Andere– está bien, pero fue más dura de lo que aparece en la pantalla. De todos modos, era una persona adorable que quería mucho a don Porfirio y que ya en París era muy amorosa con su esposo.”
De hecho, agrega Díaz Pizarro que se melodramatizaron demasiado las correcciones lingüísticas que le hacía “Carmelita al general”, ya que “don Porfirio era profesor de latín y abogado, sólo que jugaba mucho con el lenguaje mexicano del país del maíz.
“Yo mismo admiré y quise mucho a Carmelita –dice–, e inclusive cuando se murió, llevé cargando su caja desde la calle de Quintana Roo hasta cerca del panteón francés, en donde el pueblo nos la quitó porque la querían mucho y entre todos la cargaron.”
En opinión del bisnieto de Porfirio Díaz, el personaje de Amada, hija de su antecesor, no fue correctamente logrado:
“Amada era muy importante en la vida de don Porfirio. Era la consentida, sí, pero era muy inteligente y tenía su propio carácter fuerte e independiente. No era tan sufrida, la conocí perfectamente y ella me quería mucho. Pienso que le faltó vigor a la actriz.”
En cuanto al sentimiento “obsesivo” de Porfirio Díaz hacia México, que se representa en la teleserie como delirio, el bisnieto asegura:
“Don Porfirio tenía su casa de verano en San Juan de Luz, Francia, donde yo nací, y ahí la puso porque era el punto más cercano a México que había en ese país. Ahí se pasaba horas contemplando las olas que venían del golfo mexicano, siempre añoraba, casi compulsivamente, a su patria a la que sirvió durante 60 años. Nunca pensó en otra cosa que no fuera México.”
Con esto en mente, y con la certeza de que “los mexicanos estamos lo suficientemente maduros para aceptar verdades históricas y personajes de carne y hueso”, Díaz Pizarro exhorta a que se regresen los restos del exmandatario mexicano al país.
“¿Cómo es posible –se pregunta– que no haya un museo del porfiriato dedicado a que la gente comprenda y conozca más a fondo este período histórico?, ¿qué clase de pueblo somos para satanizar a una figura que rigió durante décadas al país y que hizo tantas cosas por México?”
Convoca:
“Todos los descendientes de tantos colaboradores del porfiriato que dieron su vida por México deberían ayudar a que se cristalice este retorno. No puede ser que después de haber hecho tanto, carguen con el supuesto pecado de haber servido al general y se vuelvan personajes adjetivados por la historia oficial.”