SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS.- El día en que con cientos de feligreses y una docena de obispos –de México y de América del Sur– celebró el 35 aniversario de su consagración episcopal, Samuel Ruiz escuchó en el altar de la Catedral de esta ciudad:
“Continúa tu camino… deja que te sigan difamando.
“Ese camino –agregó el obispo Arturo Lona, de Tehuantepec– que recorriste ya durante 35 años y que debes seguir recorriendo…”
Protagonista fundamental como mediador reconocido entre el gobierno de la República y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, Ruiz fue postulado candidato, por segunda ocasión consecutiva, al premio Nobel de la Paz 1995 por el argentino Adolfo Pérez Esquivel, galardonado con esa distinción en 1980.
El miércoles 25, don Samuel también presidió la apertura del III Sínodo Diocesano, organizado para revisar la práctica pastoral en los 41 municipios que abarca el obispado de San Cristóbal.
Como presidente de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai) –avalada por las dos partes en conflicto–, Ruiz fue testigo del encuentro que sostuvieron, en Guadalupe Tepeyac, el domingo 15, el subcomandante Marcos y los tres enviados presidenciales: el secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, y los subsecretarios Beatriz Paredes Rangel y Luis F. Aguilar.
Ya el 20 de enero, en Comitán, había revelado que la comandancia zapatista le dijo a Moctezuma que el gobierno tenía “el deber de hacer que desaparezcamos no por la vía militar, sino por el camino de la justicia y del derecho”; pero el miércoles ofreció más información en lo que, dijo, era “una confidencia”.
En una conferencia de prensa, acompañado, entre otros, por los obispos Alejandro Jiménez, de Valdivia, Chile; Mario Medina, de Paraguay; y por el dominico Miguel Concha, Ruiz recordó que el sucomandante Marcos advirtió a la parte gubernamental que sólo había “el camino del diálogo para una salida política y no militar”.
–Háganos imposible el uso de las armas… y desaparecemos – dijo el jefe del EZLN al enviado presidencial, quien reviró:
–Pero ustedes cuándo van a dejar las armas; algunos dicen que no quieren la guerra, pero que tampoco quieren la paz. Que van a quedarse con sus armas para estar amagando constantemente durante todo el sexenio…
“No –interrumpió Marcos–, esa es una lectura equivocada. Porque ustedes, que quieren desaparecernos, sólo lo van a hacer por la vía política y así, simultáneamente, harán inaccesible el camino de las armas.
“¿Quién –siguió el jefe rebelde– va a querer pagar el máximo precio, con su vida, para alcanzar aquello que puede alcanzar a través de los medios de una sociedad que funcione bien?.”
Y arremetió: “Ustedes quieren desaparecernos y nosotros queremos tumbarlos. En este mutuo acuerdo –narraba don Samuel–, en el que ustedes deben desaparecer del poder como partido y nosotros de las armas como levantados, no tenemos más que un camino, que es el diálogo y la convergencia para una salida política y no una militar.
“Háganos imposible –continuó Marcos– el camino militar y desaparecemos; pero ustedes también saben que no descansaremos hasta tumbarlos del poder, hasta que el Estado y el PRI se separen de su convivencia.”
Don Samuel, quien manifestó sentirse muy optimista –”como cristianos tenemos que serlo”–, recordó entonces que Marcos le dijo a Moctezuma: “Nuestras contenciones son tan frágiles que el Ejército pudo penetrar (el 19 de diciembre) hasta el corazón de la selva; y aunque parezca muy fuerte la contención del Ejército, pareció tan débil que pudimos pasar hasta 38 municipios”.
Eso fue lo último que reveló el obispo, antes de que considerara que en México “o hay cambios profundos ahora, o no subsiste ni el país ni el sistema político nacional.
“Aunque sea con otros intereses –añadió– hay la convergencia de buscar a fondo las soluciones. Yo me imagino que poco a poco tendrá que irse dando, junto con el movimiento zapatista (que no cristalizó tan fuertemente el 21 de agosto), la posibilidad de que el Ejecutivo tenga otro parámetro diferente del que ha tenido anteriormente; y es que si se quiere el cambio, el partido oficial tiene que desaparecer.”
Don Samuel había comido antes con algunos de los obispos que asistieron a la apertura del III Sínodo y con decenas de fieles que fueron invitados al festejo, al que llegó Amado Avendaño, denominado así mismo gobernador de Transición en Rebeldía.
El obispo Arturo Lona, presente en la comida, explicó a este reportero por qué le había pedido a don Samuel que continuara su camino pastoral, aunque fuese difamado persistentemente.
Amigo suyo, Lona manifestó que había recordado las palabras que le dijo Sineón a la Vírgen María y a San José cuando le fueron a presentar a Jesús en brazos: “Este niño está puesto como signo de contradicción: unos sí… otros no te aceptarán”.
“Don Samuel –dice Lona– es un signo de contradicción: es el signo característico que lleva todo auténtico profeta. La incomprensión, la difamación en su contra; y, por el otro lado, gente que lo acompañamos con mucha esperanza en su compromiso con el pueblo. Por eso le dije: `adelante…sigue caminando’.”
–¿Y por qué don Samuel es víctima de esas difamaciones?
–Porque es una característica del auténtico profeta. Los falsos profetas son los de los aplausos, los del “todo va bien”, y se olvidan de su misión. El caso de Samuel es el reverso: es un hombre en lucha por su pueblo, corre el peligro de que lo maten, pero él sigue tranquilo.
“Samuel, en un sentido auténtico del Evangelio, está con los desposeídos, que lo quieren a morir, y eso despierta envidia, celos…”
Lona dice que ha notado “un cambio de pensamiento y una nueva manera de ver la teología encarnada en el pueblo” de Samuel Ruiz:
“He visto retratos de él recién llegado a San Cristóbal, con demasiada vestimenta episcopal: no sé si era por el frío o por los cánones de la época. Y me extraña ahora verlo vistiendo como el pueblo.
“Le doy gracias a Dios que él esté a la cabeza de la Coani; estoy seguro que providencialmente está Samuel en los diálogos como mediador, si no ya se hubiera soltado la guerra…”








