La confusión del crepúsculo

Así escribió Borges: “Yo me escurría de la casa hacia el alba, en la confusión del crepúsculo”. También “… acudí a la menos perspicaz de las pasiones, el patriotismo”. Así andan los mexicanos, escurriéndose de la pesadilla salinista sin acabar de otear el alba de la esperanza, de las certidumbres.
A más no poder también agudizan los ingenios, la perspicacia, para discernir sobre los acontecimientos inmediatos y su destino, su desenlace. Ahora están atosigados por la humillante injerencia de los bisoños y rapaces congresistas norteamericanos en cuanto que reclaman garantías extremas para avalar el rescate financiero –su delirio por poseer y explotar los energéticos mexicanos, Pemex, la CFE, etcétera, etcétera– y lucrar con el infortunio de gobiernos tan ineptos como corruptos.
No obstante, entre el marasmo de la caída de las finanzas, ante el azoro de certificar que Salinas y su gente mintieron paladinamente al asegurar que el país estaba en tránsito hacia la modernidad ricachona y que los recursos y dineros estaban firmes, sobrevienen logros que para otros serían absurdos, en México es triunfo que los diputados rescaten la vigilancia de los manejos de los haberes nacionales, de sus compromisos.
Al aprobar la Ley de Ingresos en la Cámara de Diputados, se rescató la atribución que tiene constitucionalmente el Congreso de la Unión para aprobar los créditos internacionales que contrate el Ejecutivo. Triunfo panista, asumido por el PRD y el PT inmediatamente, recabó la anuencia de los priístas que así comenzarían a obtener dignidades propias y sociales.
Sin embargo, a pesar de que el propio Clinton, el New York Times, algún congresista norteamericano han dicho verdad cínica y rotunda, al sostener que lo que está en riesgo grave también es el lucro, el sistema de ganancia y el financiamiento de sus capitalistas, aún persisten incertidumbre y miedo, rencores, porque los gananciosos de la pobreza y dependencia mexicanas insisten en que se saque raja de este drama de los mexicanos reclamando cambios en la política internacional, en los manejos migratorios, en cuanto se dejen los perplejos de México.
El jueves 26, el secretario del Tesoro de los EU, Robert Rubin, ratificó las pretensiones intervencionistas: no avalarán el intento de estabilizar las finanzas mexicanas, no absoluta e inequívocamente sentenció, si no se otorgan avales colaterales para garantizar la integridad financiera.
El presidente Zedillo aseguró que no aceptará condicionamiento ninguno si se requieren compromisos vulnerantes de la soberanía. Por lo pronto ya mandó carta de intención al Fondo Monetario Internacional para un avío de 7,575 millones de dólares para un crédito contingente de 18 meses para las mermadas arcas del Banco de México. Todo para que los inversionistas de aquí y de allá tengan confianza, seguridad de que podrán seguir con ganancias gracias a la dependencia crónica de los gobiernos mexicanos.
Los panegiristas del salinato de antaño, hogaño paliadores y reclamadores de sensateces que ellos no ejemplificaron, con o sin el cheque en blanco que supone Enrique Krauze, insisten en que ni todo está mal y que no se trata de buscar culpables, sino de encontrar soluciones, salir del atolladero que los propios norteamericanos llaman “dramático colapso”.
Ciertamente no se trata de buscar culpables. Conforme a la ley y a los hechos están identificados. No se trata de buscarlos, sino de sancionarlos. Los encabezó Carlos Salinas de Gortari.
Los compromisos políticos y las demandas están fincados. Ante la quiebra y saqueo del neoliberalismo social y sus beneficiarios y secuaces, se deberá establecer un nuevo, diferente, plural, pacto entre los mexicanos. Pero para cumplirlo, si no todo será atizar.