GUADALAJARA, JAL.- Cuando en junio de 1969 se casaron Ignacio de Jesús Montoya González y María Leticia Yeme Damy, vivían en un departamento rentado.
Con el fruto de lo que le daba el trabajo en una pequeña empresa textil propiedad de su padre (Sunny), Montoya González tenía para vivir bien. Nada más.
Años más tarde, fue directivo de la Cámara Regional de la Industria Textil, de donde saltó en 1983 a la vicepresidencia municipal de Guadalajara, puesto que invariablemente el PRI cede a un miembro del sector privado, aunque jamás haya militado en sus filas.
Le gustó la política, y se convirtió en colaborador del exalcalde tapatío y exsecretario general del Departamento del Distrito Federal, Guillermo Cosío Vidaurri, quien en su campaña electoral como candidato a gobernador de Jalisco lo designó tesorero del Comité Directivo Estatal del PRI. Ya gobernador, Cosío Vidaurri lo nombró secretario de Finanzas.
El 30 de abril de 1992, después de la explosión de varios colectores en Guadalajara, Cosío Vidaurri pidió licencia, y Montoya González también tuvo que salir del gobierno.
Sin embargo, para esas fechas, con tres años al frente de la Secretaría de Finanzas, poseía ya cerca de una veintena de bienes inmuebles, con un valor no inferior a los 15,000 millones de viejos pesos. También era socio de unas ocho empresas diferentes y accionista de al menos cuatro clubes importantes de la ciudad, entre ellos dos deportivos.
Al dejar su cargo tenía varias cuentas en casas de bolsa y bancos, con movimientos anuales por varios miles de millones de pesos viejos.
Pero ante los vaivenes del peso, de acuerdo con una denuncia en poder de Proceso, el secretario de Finanzas tomó sus providencias y a diario compraba dólares, con dinero del fondo fijo de la Caja General del Gobierno. Ahora tiene sus ahorros en Islas Caimán, cuenta número 02122010045827, en el Dynaworld Bank & Trust.
Solamente del 15 al 30 de octubre de 1991, a través de Banca Serfín, había hecho transferencias al Dynaworld Bank & Trust por 296,000 dólares.
En Los Angeles, California, hay otra cuenta, en el Security National Bank, a nombre de Ignacio Montoya y/o Miguel Sánchez Chávez, a donde ha hecho transferencias en dólares a través de Banca Confía.
En San Diego, en el Merril Lynch, con el número 291-44968, abrió posteriormente una cuenta mancomunada con su esposa Leticia Yeme, pero a la fecha tiene muy pocos fondos. Después abrió una cuenta secreta en el Bank Sarasin & Co. de Zurich, Suiza.
Curiosamente, un mes después de la caída del gobierno de Cosío Vidaurri, Montoya González se desplazó a Suiza, donde duró apenas tres días; a decir de la señora Yeme, fue para hacer movimientos en esa cuenta que abrió a su nombre, si no con la totalidad, sí con una muy buena parte del crédito que por 180 millones de marcos –en junio de 1992, cada marco valía alrededor de 2,000 viejos pesos– que un año atrás había autorizado el Congreso al gobierno del estado para financiar la línea 2 del Tren Ligero. El decreto fue el 14247, de agosto de 1991.
El entonces responsable del dinero público de los jaliscienses se daba una vida de lujo: viajaba muy frecuentemente a Estados Unidos y Europa y se hospedaba en los mejores hoteles.
Además, daba costosos regalos a su amiga Eva Catalina Pérez de Vázquez, según consta en el expediente número 1383/93 del Juzgado Segundo de lo Familiar, del que Proceso tiene una copia, y es causa de una demanda interpuesta por la señora Yeme Damy, quien pide la disolución de la sociedad legal –no el divorcio, “contrario a mis principios morales y religiosos”– formada con su esposo Ignacio de Jesús Montoya. Exige que le entregue el 50% de todos sus bienes. “Bueno –acota–, los que fueron bien habidos”.
En otra parte de su demanda, hace una relación de los lotes, fincas y departamentos, en Guadalajara, Manzanillo, Puerto Vallarta, Ocotlán, Tlaquepaque, propiedad de su esposo, y de sus intereses en distintas empresas.








