El martes 24 de enero, a menos de dos meses de iniciado el sexenio zedillista, el Zócalo, el corazón político del país, fue tomado singularmente a convocatoria de perredistas, panistas y priístas.
El propósito de la manifestación: la defensa de la soberanía y el rechazo a la garantía crediticia por 40,000 millones de dólares, que está en debate en el Congreso estadunidense.
Cuauhtémoc Cárdenas, orador principal, lo puso en términos de plebiscito. Contra reloj, citó para el 12 de febrero. En ciudades y comunidades, habrán de instalarse mesas de votación. Una simple papeleta con la pregunta: ¿autorizas al gobierno de México a contraer una nueva deuda con los Estados Unidos por 40,000 millones de dólares? Y dos opciones: sí o no.
“Es una iniciativa a destiempo y sobre todo planteando las cosas como no son, porque se trata no de un préstamo sino de un fondo de garantía; no se trata de más endeudamiento”, dijo el presidente nacional del PAN, Carlos Castillo Peraza, el mediodía del jueves 26, mientras los legisladores de su partido proponían y conseguían que la Cámara de Diputados recuperara su capacidad constitucional de aprobar los empréstitos internacionales.
“El objetivo es que se sepa que una corrida contra el peso fracasará; ese fondo de garantía ayudará a restituir la confianza de los inversionistas”, explica Castillo, quien previene: “Si no se acepta ese fondo, el país se pondría al borde de la quiebra”.
La visión de Cárdenas es totalmente opuesta. “La cifra (40,000 millones de dólares) es tan alta como baja es la confianza en Ernesto Zedillo y su gobierno… Las condiciones (que trata de imponer Estados Unidos) son vejatorias, sólo concebidas por la soberbia y que únicamente se ofrecen a subordinados débiles e incapaces, como es hoy el gobierno mexicano frente a los gobiernos de los grandes especuladores.
“No necesitamos 40,000 millones de dólares a precios de usura, con la hipoteca de nuestro presente y futuro y a condición de ceder nuestras decisiones soberanas. Necesitamos un liderazgo económico y político, que sólo puede provenir de la raíz originaria de la soberanía nacional.”
Ya antes, Cárdenas había expresado: “Las negociaciones con la comunidad financiera no pueden ni deben seguir en las manos de quienes nos precipitaron a la crisis actual”.
En su oficina de la sede nacional del PAN, Castillo Peraza sostiene que “desde que México es dueño del petróleo, su garantía contractual han sido sus facturas petroleras; de eso se trata, México no tiene dinero para pagar sus compromisos inmediatos, pero lo va a tener. Entonces Estados Unidos pone ese dinero y el gobierno de México se compromete a que sus ingresos por venta de petróleo se destinarán a ello”.
De las filtraciones estadunidenses sobre algunas de sus propuestas para avalar el apoyo a México, dice: “Lo que cuenta es el resultado final. Una vez finalizado el documento, buscaríamos que fuese sometido al Congreso, y cualquier condición extraeconómica que contuviera la votaríamos en contra”.
Castillo Peraza considera, por lo demás, que se trata de “filtraciones interesadas de grupos minoritarios, que no reflejan la posición de un socio, sino de un verdugo”.
Y concluye: “Puedo no estar de acuerdo con la política exterior de México, pero no admitiré que se la impongan en otro lado”.
Días antes, en Guadalajara, el excandidato presidencial Diego Fernández de Cevallos, en una de las esporádicas presentaciones públicas que ha tenido después de los comicios del 21 de agosto, consideraba que la crisis aun no tocaba fondo y que era “humillante” que incluso Estados Unidos hubiera reconocido que el apoyo económico a México era “para proteger sus propios intereses”.
En desplegado, previo a la comparecencia en la Cámara de Diputados del secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, el PAN demandaba “la verdad y sólo la verdad, por dura y dolorosa que sea; sólo así podremos conocer la exacta dimensión de la crisis económica, quiénes la generaron, su responsabilidad ante la nación y la explicación suficiente de la estrategia del actual gobierno federal para resolverla”. Adelantaban que no aceptarían ningún acuerdo que pusiera en riesgo la soberanía nacional.
En el Zócalo, mientras, compartían tarima con Cárdenas el exgobernador tabasqueño Enrique González Pedrero, los panistas Javier Livas y Ricardo Villa Escalera, el diputado federal priísta Alejandro Rojas Díaz-Durán, la escritora Guadalupe Loaeza, el exembajador Arturo González Cosío; Armando Labra, impulsor en sus orígenes de la Corriente Democrática y asesor del gobierno de Oaxaca, el expriísta Demetrio Sodi de la Tijera, la actriz Martha Verduzco, el expanista Jesús González Schmal y los perredistas alejados del PRD, Ricardo Pascoe y Graco Ramírez.
Y perdidos, abajo, entre los miles de manifestantes –entre 20,000 y 40,000, según varias estimaciones–, el exembajador e iniciador de la Corriente Democrática, Rodolfo González Guevara, y el legislador panista Alejandro Villaseñor.
“El plebiscito, entendiendo que están en juego presente y futuro de nuestra nación, debe ser un gran esfuerzo colectivo”, apuntalaba su convocatoria Cárdenas.
Demandaba de las autoridades políticas del país “la apertura de los medios de comunicación, televisión y radio, para que desde allí se convoque a participar en el plebiscito y que se den debates entre quienes se vayan alineando a favor o en contra”.
Consideraba que “el plebiscito va a delimitar los campos. Sabremos quiénes defienden una posición y quiénes otra, con todas sus consecuencias. Dejará ver cómo se agrupan las fuerzas y las que resulten mayoritarias recibirán del sí o del no como mandato, proseguir sus esfuerzos”.
El jueves 26, dos días después, el PAN se anotaba un éxito legislativo, con el apoyo del PRD y el PT en principio, y del PRI después, partido que, perdida la iniciativa, apuraba cambios en su Comité Ejecutivo Nacional.
Luego, el viernes 27 en Morelia, Michoacán, al término de una comida que le ofrecieron perredistas michoacanos, Cuauhtémoc Cárdenas afirmó que él, el PRD y “el movimiento democrático nacional” apoyarían a Zedillo “a empujar los cambios que necesita el país” si el Presidente reorienta su política económica, realiza la reforma del Estado y si hace cambios en su equipo de trabajo, según una entrevista concedida al periódico Nuevo Michoacán.
De las pocas voces alarmadas que se oyeron en el PRI por el curso que tomaban las negociaciones con Estados Unidos, se dio la del exsecretario de Relaciones Exteriores, el ahora senador Fernando Solana, quien afirmó que en el Congreso de ese país “hay quienes nos quieren ver ahorcados”.
Solana consideró que para el gobierno de México debían ser inaceptables las presiones de tipo político en dichas negociaciones y que tendrían que limitarse en todo caso al renglón financiero.
Así, ante el fondo de 40,000 millones de dólares, Cárdenas se ponía al frente de la enésima batalla con su convocatoria al ple-biscito, mientras el PAN lograba consensos y se fortalecía en el Legislativo.








