Droga mental del “rave”

Señor director:

Espero sea posible publicar las siguientes observaciones sobre el artículo: “Rave: delirio y reventón…”, publicado en Proceso 948 con la firma de Roberto Ponce.
Durante los últimos meses ha decaído la calidad en la organización de raves, pues antes los escenarios no eran lugares viejos y abandonados, sino sitios como el Frontón México, el Poliforum Siqueiros y el Salón México, entre otros.
Creo que debería ser un compromiso de los DJ’s la creación de su propia música, y no simplemente la repetición de la creada en Europa.
Por otra parte, citando las palabras del DJ Cosmic, en una entrevista realizada durante el programa Radio Virtual: “Es cierto que este tipo de eventos traerá a muchos invitados indeseables”.
Es lamentable la existencia del consumo y distribución de la droga “éxtasis”, así como el hecho de que se presenten “niños bien” dispuestos a probar lo que se les ofrezca, y si no, pues a saturarse de alcohol. Si bien esto es verdad, también lo es que acuden personas no adictas, cuyo interés dista mucho del consumo de algún tipo de sustancia estimulante o embriagante y que se limitan a danzar y “contorsionarse”, sin ser monos, a los ritmos de la música de nuestra década, que poca relación tiene con la pertenencia a un Primer Mundo, y que tal vez sí tenga mucho de virtual.
La droga que algunos prefieren es la mental: activar sus neuronas y cuerpo en un éxtasis incomparable y de una duración de más de doce horas si así se desea; y no me refiero a un “flash back”, sino a una experiencia provocada por uno mismo con lo que tenemos dentro de nosotros.
No es cosa sencilla, pero tampoco imposible. Se pueden alcanzar estados de euforia, o sumergimientos en profunda meditación, sin que esto cause ningún daño y sí mucha satisfacción.
De manera que la música rave sí tiene un mensaje, y en una comunicación masiva, se produce un intercambio de energía no permeable para esos invitados indeseables.

Atentamente
Claudia Deschamps Santana.