Señor director:
Soy, desde hace 947 ejemplares de Proceso, permanente lector de esa revista, obra y creación suya; seguí paso a paso la maniobra de que fueron víctimas usted y el grupo de periodistas que lo respaldaban, por el entonces presidente Echeverría que, al fin, con mil y una artimañas, logró sacarlos de Excélsior. Si desde entonces soy lector de Proceso, bien me considero con derecho –y espero que usted me lo convalide– a opinar sobre lo que en esa revista se publica.
Conozco a Rigoberto Ochoa Zaragoza desde hace más de 40 años y lo he tratado, de cerca y de lejos, en las buenas y en las malas. Tengo por él un afecto sincero, una amistad que ha perdurado a lo largo de cuatro decenios. Veo con tristeza cómo en el número 947 de Proceso, en una nota firmada por Felipe Cobián, algunas personas lo critican y atacan con maldad.
Los declarantes de Felipe Cobián actuaron con mala fe y vertieron ponzoña contra una persona que, a lo largo de toda su vida, si bien puede tener errores como cualquiera, se ha distinguido por su sinceridad, por su manera franca y leal de abordar los problemas y de tratar a las personas, que se han forjado en la lucha diaria, librando batallas sin fin, pero siempre de frente, con valentía, sí, y también con un profundo respeto para quienes fuesen sus adversarios. (Carta resumida.)
Atentamente
Antonio Sáizar Quintero.








