SAN FRANCISCO, CAL.- ¡Steve! ¡Steve!… El estadio era un alarido y acogía con los brazos abiertos al mariscal de campo Steve Young, quien durante la gran victoria sobre los Vaqueros de Dallas, el domingo 15, se convirtió para los aficionados de San Francisco en el inminente sucesor de “Mr. Superbowl”, Joe Montana.
La explosión de júbilo de los fanáticos se produjo porque su equipo, los 49’s, derrotó 38-28 a Dallas, con todo y sus astros principales, el corredor Emmitt Smith y a su quarterback Troy Aikman, para arribar al Super Tazón.
Steve Young, con el balón bajo el brazo, dio varias vueltas al estadio, celebrando algo más que esa victoria: aficionados y expertos estuvieron de acuerdo en que, por lo menos por ahora, Young se había despojado del fantasma, Montana, que merodeaba sobre el emparrillado del Candlestick Park.
¡Steve! ¡Steve!, era el nombre venerado. Montana, lesionado, y a sus 38 años de edad, había cambiado de casa. Se refugió con los Jefes de Kansas City. Pero dejó en la cancha uno de los legados más impresionantes de toda la historia del futbol americano profesional.
Para los aficionados de San Francisco, Montana era simplemente El Santo Joe.
Y no es para menos: Montana es el segundo mejor pasador de la Liga Nacional; es el mariscal de campo activo más productivo (108-42, para 72%) y el pasador más eficiente en la historia de la NFL: 63.5, el segundo menos interceptado.
Se dice que ha sido el mejor en la historia de los mariscales de campo, pero él mismo lo duda, porque reconoce a John Unitas como el jefe.
Este quarterback de los Potros de Baltimore –también con el número 19 en el jersey, como Montana–, siempre fue reconocido como el Joe DiMaggio del futbol americano. Ganó tres Supertazones y otros tantos trofeos por ser el jugador más valioso. Jugó en 10 Pro-Bowls, pero su mayor hazaña fue completar pases para anotación en 47 juegos consecutivos. Esta marca recuerda la de DiMaggio, quien bateó hits en 56 juegos seguidos.
Montana casi no actuó durante sus últimas dos temporadas con San Francisco, debido a lesiones en la muñeca, el tobillo y el tendón de la corva. Después vino su traspaso a los Jefes, equipo al que revivió y lo convirtió en un equipo casi invencible. En la actual temporada fueron campeones en su división, pero finalmente fueron eliminados por los Delfines de Miami, conducidos por otro gran veterano mariscal de campo, Dan Marino. Su problema fue que apenas jugó 38 de los 64 cuartos de juego posibles, debido, precisamente, a sus lesiones.
El Santo Joe fue transferido a Kansas City después de catorce temporadas con San Francisco, a principios de 1993.
Desde 1981, Montana había terminado entre los tres mejores pasadores en su conferencia. Es el segundo mejor en pases con 92.9 de rating, el cuarto en la historia con 257 pases completos y el único, con Terry Bradshaw, en lograr cuatro victorias en Superbowls.
Montana llegó a San Francisco en 1979 procedente de Notre Dame; nació el 11 de junio de 1956 en New Eagle, Pensilvania, y su salario del año pasado fue de 4 millones de dólares.
Pero este hombre no existe más en la conciencia de los “friscos”.
Steve es el nuevo elegido en el santuario del Candlestick Park.
En primer lugar, porque fue pieza clave –a pesar de los gravísimos errores iniciales de Dallas–, para vencer al enemigo natural en lo que se consideró como la verdadera final del supertazón.
Es el héroe del momento.
Y para la mayoría de los aficionados, lo que se debió hacer está hecho ya: El XXIX Super Bowl que jugarán el 29 de enero en el estadio Joe Robbie de los Delfines de Miami, será un mero trámite, nada más: los 49’s serán los nuevos campeones.
Y se lo deberán a Steve Young, el mariscal de campo de 33 años que llegó a San Francisco en 1987; su salario de 1994 asciende a 4 millones 25,000 dólares.
Superó, en el momento oportuno a Troy Aikman, el cerebro de los Vaqueros de Dallas, quien a sus 29 años de edad –nació en Cerritos, California–, llevó a los texanos a dos triunfos consecutivos en el Super Tazón. Su salario base es de 1.7 millones de dólares, pero se asegura que obtiene 6 millones 250,000 dólares, para ser el mejor pagado de la liga.
Young, pues, superó el reto.
Tim McDonald, guardia de los 49’s, señaló después del triunfo:
–Jugamos básicamente impulsados por el temor: el temor de no poder llegar al partido final. Temor al fracaso. Nos daba pavor ser considerados otra vez como un equipo con gran talento, pero que al final pierde el partido clave.
Young estuvo a punto, sin embargo, de estar ausente del encuentro.
Un día antes del compromiso contra los Vaqueros, durante el entrenamiento, los jugadores practicaron sin hombreras ni rodilleras.
Young se ataba las agujetas, precisamente en el momento en el que Richard Dent iba por el ovoide. Capturó la pelota, pero no se pudo detener y chocó contra el quarterback. Steve no podía mover el cuello y se le recrudeció una lesión en el hombro izquierdo.
Pero lo había dicho ya el propio Young:
–De eso se trata el futbol americano: es para gente fuerte. La naturaleza de este negocio es exigir que compitan jugadores mentalmente fuertes. No se trata de negar que hay dolor, lo importante es no sentirse afligido por él.
Por ello, se decía en el estadio, que en el partido del domingo 15, Steve arrojó el dolor contra Dallas.
Y completó 33 partidos consecutivos en el emparrillado, como ningún otro mariscal de campo. Y se arriesga como estudiante universitario al correr el ovoide para alcanzar un promedio de 7.1 yardas cada vez que transporta la pelota. Y aunque ha sido designado el jugador más valioso, los exigentes fanáticos de San Francisco tenían sus dudas.
Claro, después de Montana… ¿quién? O bien, después de Montana, ¿Young?
La crítica era atroz: Steve debía demostrar, convencer, de que podía llevar a su equipo a los grandes triunfos, al Super Tazón.
Sin Montana, se decía en San Francisco, era como vivir sin “flores en tu pelo” –recordando la época de los hippies– o sin el puente Golden Gate.
Y es que tras una espera de seis años, Young logró ocupar el lugar de Montana, y en las temporadas regulares consiguió mantener a los 49’s como un gran equipo. Sin embargo, en dos ocasiones consecutivas los Vaqueros los dejaron fuera de la gran fiesta.
Así, para los aficionados, Young era “el que no es Joe”, refiriéndose a Montana. Esto no hubiera ocurrido, decía la crítica abrumadora, “si estuviera Joe con nosotros”.
Después de la última derrota ante Dallas, Lowell Cohn, del San Francisco Chronicle, escribió al respecto:
–Young caminó por el largo y húmedo pasillo del vestidor hacia el estacionamiento. Un guardia de seguridad lo tomó del brazo y lo encaminó a un fanático que deseaba un autógrafo. Young besó a una mujer en silla de ruedas y el mariscal recuperó entonces su estado de ánimo.
Y agregó el cronista:
–Alguien de mantenimiento observó a Young cuando caminaba por el estacionamiento. Y le dijo: “Algún día llenarás los zapatos de Joe”.
En 1987, el propietario de los 49’s, Eddie de Bartolo Jr., aceptó contratar a Young, de 1.87 metros de estatura y 92 kilos de peso y un brazo aparentemente privilegiado como para sustituir al de Joe Montana.
De Bartolo confió, pues, en Steve, y le asignó un salario de 26 millones 750,000 dólares por cinco años. Lo convirtió, así, en el segundo quarterback mejor pagado, después de Troy Aikman, de los Vaqueros.
Steve, pues, está, según los adoradores de San Francisco, en la ruta: podría llegar a ser un segundo o primer Montana, y ocupar no sólo un sitio en el Salón de la Fama, sino en uno de los principales corredores del aeropuerto de la ciudad de San Francisco, donde está la galería de los deportistas más notables de la bahía.
Steve… Steve Young: quizá.
Porque a pesar de todo le falta un nuevo reto: Superar la ofensiva de los Cargadores de San Diego, con Stan Humphries al frente, quien estuvo limitado debido a lesiones la mayor parte de la temporada anterior.
Por ello, y debido a una lesión en el hombro, fue un perdedor con cinco victorias y diez derrotas. Completó 18 de 30 pases para 272 yardas en el juego final de la temporada anterior en Tampa.
Tiene un récord de 20 ganados y 10 perdidos como abridor en la NFL. Es el cuarto mejor mariscal de campo de los cargadores, con 5,337 yardas por pase.
Stan, nacido en Shereveport, Luisiana, el 14 de abril de 1965, fue adquirido por San Diego en 1992 de los Pieles Rojas de Washington.
Comenzó su carrera en LSU antes de ser transferido. Su salario base es de 4 millones de dólares. El quarterback mide 1.87 y pesa 95 kilos. La diferencia entre él y Young será el trabajo no solamente de la línea, sino de sus receptores.
Por ejemplo, Young cuenta con el jugador más valioso del Superbowl XXIII en 1988, el receptor abierto Jerry Rice.
Sin embargo, Steve Young, como quarterback tiene un difícil principio en el mundo de los mariscales de campo más famosos de la historia de este deporte.
Tendría que superar a Bart Starr, Joe Namath, Len Dawson, Roger Staubach, Terry Bradshaw, Jim Plunkett, y desde luego, a El Santo Joe Montana.
Si en realidad Young está destinado a ser uno de los mejores hombres sobre el emparrillado, necesita destacar lo suficiente como para estar incluido en la enciclopedia deportiva de los Estados Unidos como Jim Brown, Paul Brown, Bear Bryant, Al Davis, Vince Lombardi, Joe Namath y Pete Rozelle.
Ya los especialistas deportivos en Estados Unidos decían que el único equipo que podría despojar a Dallas como “escuadra de la década de los 90”, eran los 49’s.
Una combinación afortunada, pero fallida finalmente, entre los viejos amigos Jerry Jones –el dueño– y Jimmy Johnson –el entrenador–, condujo a los Vaqueros a la conquista de dos Superbowls consecutivos.
Y cuando se consideraba que el equipo podría conseguir el tercer Superbowl consecutivo, el primero en la historia del futbol americano, los Vaqueros tuvieron un problema fundamental: los viejos amigos se divorciaron.
Y Aikman, el gran mariscal, transgredió una norma fundamental establecida en el deporte:
–Ningún jugador será más importante que el equipo.
Por ello, por esta sentencia deportiva, y a pesar de que Steve Young es el héroe de la semana, nadie desde luego podría descalificar a Stan Humphries y a su tropa para contrarrestar el orgullo y la prepotencia de los aficionados de San Francisco.
Stan es el rival de Steve.
Y ambos lo saben.
Los dueños de los equipos están de acuerdo.
Y no porque se trate de un reto personal entre dos mariscales de campo.
Lo que sucede es que Young, de alguna manera, debe devolverle a la Bahía la emoción de El Santo Joe; si lo logra, ningún otro terremoto resquebrajará los corazones de los sanfrasquisqueños.
Si por el contrario, sufre una derrota, el recuerdo de Montana permanecerá imborrable y pronto se olvidarán las imágenes del domingo 15, con un Young rebosante de alegría, con el uniforme lleno de lodo, dando vueltas al estadio, mientras la multitud gritaba: ¡Steve! ¡Steve!








