Como servios y croatas, como rusos y chechenos, así se odia la gente de teatro de ciudades pequeñas, donde el infierno de la envidia es grande.
En el interior del país, nadie reconoce el talento del otro, todos le echan tierra al trabajo ajeno y los esfuerzos de algunos por escapar a la mediocridad son anulados por los celos de muchos que no reconocen otro teatro que el suyo. Estos odios, recelos y envidias impiden hacer causa común para conquistar el público, para defenderse de la censura de ciertas autoridades locales y para ganar espacios y recursos para el teatro, pues las energías se agotan en dimes y diretes y en liquidar al contrario que ejerce el mismo oficio teatral.
En la ciudad de Guadalajara se ha desatado en las últimas semanas una disputa que ha unido a los teatristas, la cual pudo haber tenido su origen en viejas rencillas, pero cuya litis ahora es de interés público y merece atención, ya que su adecuada y justa resolución puede beneficiar al teatro jalisciense y servir de antecedente para casos semejantes en otras regiones.
Los contendientes son la asociación civil llamada Teatristas Unidos de Jalisco, VS Rafael Sandoval, director de la compañía de teatro de la Universidad de Guadalajara. La litis de fondo es la posesión del Teatro Experimental de Jalisco. La causa que desencadenó el conflicto fue el cambio de nombre de este espacio teatral conocido como TEJ, por el del dramaturgo jalisciense Fernando Calderón, iniciativa que envió el Ejecutivo del Estado al Congreso local.
La Asociación de teatristas vio en este hecho una maniobra de Rafael Sandoval para quedarse definitivamente con el teatro, cambiando su nombre y, de paso, el origen de la detentación de este espacio teatral.
La placa de bronce estaba lista para que el pasado 10 de diciembre se efectuara el nuevo bautizo, pero Gabriel Díaz Topete, presidente de la Asociación mencionada, se presentó a la sesión del Congreso donde se votaría la decisión y logró la suspensión del acto legislativo: la iniciativa fue enviada a comisiones para que se consultara a la comunidad teatral. Hecho insólito en la historia del teatro de este país. Se está discutiendo, democráticamente, el cambio de nombre.
Pero ahora los teatristas van más allá y quieren que Rafael Sandoval y su Compañía de teatro salgan del TEJ, su sede, y tienen sus razones.
Todo se originó una noche de diciembre de 1986, en el restaurant Baccarat de Guadalajara, donde el gobernador Enrique Alvarez del Castillo ofreció una cena al escritor Vicente Leñero que ese día había recibido el Premio Jalisco. Ante una pregunta del gobernador sobre qué hacer con el Teatro Experimental, Leñero opinó que debía remozarse y darse a los teatristas de Guadalajara, para que todos los grupos independientes tuvieran un espacio digno y no anduvieran penando por falta de foros; sugirió también que Rafael Sandoval, ahí presente, fuera el administrador o el responsable del teatro.
Fuimos testigos de este hecho, entre otras personas, Martha González, jefa del Departamento de Bellas Artes; Oscar Trejo, director de Servicios Culturales; Leticia Vera, subjefe del Departamento de Teatro; los tres, funcionarios del gobierno estatal, y el autor de esta columna. Días después, Leticia Vera, por instrucciones de su jefa Martha González, dio posesión del teatro a Rafael Sandoval, quien lo convirtió en sede de la Compañía de la Universidad de Guadalajara, por él dirigida.
La Asociación de Teatristas acusa a Rafael Sandoval de no haber facilitado el teatro en estos ocho años, a otros grupos, siendo que el compromiso inicial fue convertirlo en un foro plural para todos. En la prensa de Jalisco, el acusado se defiende diciendo que las cosas no fueron así, que el comodato respecto al teatro fue firmado por el gobernador Cosío Vidaurri, que gracias a su esfuerzo personal se remodeló el teatro, que no impide la entrada a otros grupos, siempre y cuando paguen 600 nuevos pesos diarios, que su único padrino es el público y no ningún dramaturgo del centro, que habla desde el cuarto poder, léase Leñero.
Suponiendo que los asistentes a aquella cena estemos locos, que esa cena sólo esté en nuestra imaginación y que los hechos ahí ocurridos no hayan sucedido jamás; suponiendo que exista un contrato de comodato debidamente suscrito por algún gobernador de Jalisco (documento que nadie ha visto hasta ahora); suponiendo que hayan sido exitosísimas las temporadas teatrales de la Compañía de la U. de G. en el TEJ; suponiendo que ahí se haga el mejor teatro de México; eso no impide que el gobierno del Estado atienda un reclamo de la mayoría de los teatristas de la ciudad y que, en uso de sus facultades, rescinda el contrato de comodato, sea verbal o escrito, recupere el teatro, lo administre directamente y facilite su uso a todos los grupos de Jalisco, en igualdad de condiciones.
La petición de los Teatristas Unidos, A.C. de que el TEJ sea para todos es, a todas luces, procedente. La decisión está en manos de Carlos Rivera Aceves, gobernador actual.








