(In Memoriam Yolanda Moreno)
De modo progresivo, Enrique Diemecke ha demostrado una habilidad manifiesta para ejercer tareas de edición musical. Tal labor se vuelve necesaria en varias circunstancias: si una partitura ha quedado inconclusa y/o existen distintas versiones de la misma; cuando la edición impresa contiene errores, susceptibles de ser corregidos de acuerdo con el manuscrito original; o bien para finalidades concretas al ejecutarse en la sala de concierto, en caso que el material resulte poco atractivo y se vuelva posible un reacomodo de sus episodios, etcétera.
Así, en el caso de la Sinfonía X (1909/…), de Mahler (1860-1911), Diemecke ha fusionado diversas realizaciones –partiendo del trabajo de Deryck Cooke (1919-1976)– hasta alcanzar una amalgama satisfactoria, llevada a cabo con lucidez y eficiencia patentes. Por lo tanto, la vehemente tensión dramática del texto orquestal de Mahler cobra en manos de Diemecke una intensidad expresiva así como coherencia orgánica, notorias. Siempre –claro está– a manera de propuesta, como hipótesis afortunada.
De modo similar, Diemecke ha establecido una organización llamativa para La Selva del Amazonas (1958-1959) de Villa-Lobos (1887-1959), dadas las azarosas condiciones del material primero y sus diferencias con la grabación realizada por el propio compositor. Gracias a ello, esta obra disfruta actualmente de la solidez y atractivo que pueden caracterizar a una cantata de concierto.
Como la manifestación más reciente de este tipo de faena fructuosa emprendida por Diemecke, aparece su edición de Redes (1934-1935), de Silvestre Revueltas (1899-1940), misma que ha grabado al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional (SONY CDEC 470998). La aparición del disco correspondiente vuelve necesario el referirse a cuanto éste contiene, e intentar un análisis al respecto.
Escrita originalmente como música cinematográfica, Redes fue retrabajada por Revueltas en una suite sinfónica que se estrenó en 1936 dirigida por el propio autor. La partitura de esa versión se encuentra perdida hasta la fecha.
En 1943 el director de orquesta Erich Kleiber (1890-1956) –movido por un impulso generoso, digno de reconocimiento– elaboró a su vez una suite, la que durante cinco décadas permaneció como representativa del repertorio sinfónico mexicano.
Ahora, Diemecke rescata varios episodios no incluidos por Kleiber, reordena los componentes y realiza una aportación decisiva al conocimiento de Revueltas, poniendo de relieve la capacidad indiscutible del magno compositor mexicano para dar al trayecto sonoro cualidades –se diría– gráficas, casi táctiles.
La edición de Kleiber tenía una desventaja patente: Redes parecía dividirse en dos secciones principales, simétricas, sin quedar completamente vinculadas. Tal característica desaparece por completo al lograrse mayores unidad y contraste entre los episodios, gracias al diseño de Diemecke. Tal estrategia se traduce también en casi el doble de duración para el transcurso actual, de modo fructuoso. Asimismo resulta bienvenida la reaparición de materia temática del “Corrido”, que antes sólo constituía un destello esplendente.
Aparecen también otros episodios de patente riqueza, dotados de brío compulsivo que aportan gran cohesión al total. La obsesividad elocuente y arrastre de tales fragmentos contribuyen, en forma espléndida, a imprimir tanto una brillantez pronunciada como poder de fascinación al amplio arco así trazado.
Al oír esta versión de Redes, el entusiasmo cobra cuerpo como reacción manifiesta, pues Diemecke acierta en ella de modo sabio, imaginativo y opulento, convincente por entero.








