Luego de su fracaso en su montaje último hace 25 años, regresa Cada quien su vida, de Luis G. Basurto, escenificada por primera vez exitosamente en 1954 y que se considera como una de las obras con más representaciones en la historia del teatro en nuestro país.
Leperadas, dosis duras de erotismo y la actuación de primeras figuras que el espectador no sólo toca, sino con las que baila con orquesta, también son características de esta nueva y singular versión libre de Víctor Hugo Rascón Banda, dirigida por Enrique Pineda en un Salón México lleno de jueves a domingo, hasta con 400 espectadores por función.
El texto original de Basurto, “clásico” y “blanco”, que hace un cuarto de siglo chocó en el desaparecido Terraza Casino por moralista, anquilosado y retórico, es puesto al día con improvisaciones, sátira política, algo de carpa y melodrama en un espacio danzonero que se convierte a un tiempo en teatro y cabaret de mala muerte.
Por 70 pesos (derecho a una bebida), aparecen el diputado Manuel Muñoz Rocha interpretado por Héctor Bonilla, La Tacón Dorado María Rojo, La Pepsicola Carmen Salinas, La Siempre Viva Margarita Roel, La Dorita Margarita Isabel, El profesor Alfredo Sevilla, El Ojitos Alberto Estrella, El Brich Armando Palomo, y El Bobby Víctor Carpinteiro.
PAELLA, COCTEL, CIRCO Y MELODRAMA
La acción transcurre la noche que cubre el festejo de año nuevo. Los 23 personajes creados por Basurto con su fórmula aristotélica en tres horas de representación (una por cada acto), fueron reducidos a 17 por Rascón Banda en hora y cuarenta minutos, acto único disperso en tres espacios del Salón México.
Canciones como la del tema de la obra escrita ex profeso por Gabriel Ruiz en su estreno, y demás escogidas por Pineda, suenan en adaptación musical por el conjunto de Chuy Millán y Sus Estrellas con Gustavo Pimentel al piano, grupo de Carmen Salinas desde hace diez años. Y sin ser un teatro experimental de altura, el éxito comercial se debe al cartel de los propios actores que niegan a Proceso estar encasillados en actuaciones-estereotipo, acartonados por la resaca del teatro tradicional de autores como Basurto, Usigli o Carballido.
Para Héctor Bonilla la actualidad de Cada quien su vida se da a partir de una corriente general llamada “teatro interactivo” que busca acabar con el público estático, logro de “esa enorme paella de actores”. Y de que los problemas de los 50 son iguales hoy.
–Había que quitar el betún al pastel porque estaba pasado de moda. El mecanismo melodramático confronta grandes contrastes y está intacto; pero en la sociedad pudibunda de los cincuentas decían “Recórcholis” y “Zambomba”. Ahora tiene un segundo impulso por lo que está atravesando el país. La gente más que ser espectadora siente que somos nosotros los invitados a su espacio, donde movemos con ellos las caderas, donde el foro es una especie de circo de tres pistas.
El diputado creado por Basurto es “hombre de tejana, machísimo y que desea apantallar a todo mundo”. Bonilla:
–Ha cambiado la pátina, hoy son graduados en Harvard pero sabemos de la prepotencia y de la rudeza que hay en ellos debajo de la cáscara. Yo los he visto y la mayoría son así. Mi personaje tiene un rólex y traje inglés, trata de impresionar a la gente, seguramente es bilingüe y tiene una cultura de Selecciones del Reader’s Digest. Pero en la medida en que se da la transformación catártica del alcohol le sale el monstruo verde y lo que tapa la máscara del convencionalismo social con su Manual de Carreño.
Los productores Guillermo Lowder y Esteban Schmelz (“de menos esta obra cuesta 300 millones”) consideran que María Rojo no necesitó de coreografía con el fin de ser natural. Ella expresa:
–En Cada quien su vida compartimos con el público el género de cine y teatro de ficheras que viene de la carpa y el sketch político. Tiene otro ingrediente: el melodrama que siempre gusta, le teníamos miedo pero es válido. No hay que olvidar que la obra se escribió en 1953 y aquí está la dignificación homosexual y el valor humano de las ficheras. Lo curioso es que los prototipos siguen siendo válidos: los profesores son explotados, los diputados transas y la gente continúa espantándose con el beso entre El Bobby y El Ojitos.
La actriz de Danzón abandonó Nunca hablará de nosotros cuando estemos muertos, la cinta que debió filmar en España, por Cada quien su vida, la cual espera dure “al menos un año”. Para ella, el público es el mejor crítico, y Margarita Isabel, La Dorita, coincide:
–No es un espectáculo para Cultisur, esta obra nos acerca a México y hay que dejar de quejarnos porque el tipo de teatrito europeo, norteamericano o clásico que llegamos a hacer no jala gente. Esto está más cercano a lo que hacía Palillo en la carpa. Las prostitutas de la obra tienen razones diferentes de por qué se dedicaron a su oficio, creo que uno por ciento de ellas lo hace por gusto. Trato de hacer un personaje que quiere controlar a los clientes, vivir muy bien, pero el alcohol va mostrando su transformación humana revelando el alma, quería sacar la lana de El Profesor y al final termino por no conseguir su cariño que es lo que necesito.
Adriana Roel se inspiró para su rol en un antiguo personaje teatral de prostituta que representó alguna vez, La marinera:
–Iba a La Merced con una amiga a comprar, me reconocían y gritaban “¡Marinera!”, ponían un danzón que yo bailaba para los vendedores. En 1957, cuando empezaba a actuar, vi esta obra y me impactaba ver su ambiente. Muchas personas me han preguntado lo que pienso por hacer el mismo personaje que Emma Fink, pero yo me basé en lo que leí de Víctor Hugo. Siempre Viva representa la mujer que ha pasado las historias que viven todas las otras prostitutas del antro, la experiencia la mantiene viva.
BASURTO DE AYER, HOY
Dejando a un lado carcajadas, aplausos y el “mover el bote” con las estrellas, la crítica por los estereotipos melodramáticos del teatro de Basurto puede aburrir a teatreros de vanguardia. O especialistas. Víctor Hugo Rascón Banda define su versión como “espectáculo teatral para cabaret cercano al teatro de revista política que alguna vez se hizo en México”.
Autor chihuahuense, Rascón Banda no vio ninguna adaptación anterior ni la película basada en la obra, “para no contaminarme”, y piensa que Cada quien su vida 1995 no traiciona a Basurto (“en el teatro no existen las traiciones”). Y sin embargo el texto del original dedicado por Basurto “a mi amiga Emma Fink” contiene el afán moralista de redimir a los pecadores, como señala en su epígrafe el mismo dramaturgo cristiano: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. La tesis de esta versión no es la salvación. Explica Rascón Banda, creador de Veracruz, Veracruz y Contrabando:
–El melodrama es el género más maravilloso del mundo y lo nuestro es un pretexto dramático para montar la obra en cabaret. No estoy de acuerdo en que sean estereotipos acartonados, sólo Carmen Salinas es ella porque no tiene una historia ni sicología como los demás personajes, Basurto la ponía fichando y aquí dice bromas, llena el espacio con chistes de revista política que se hacía en México.
El tema central de la obra era el aborto, trasfondo problemático de La Tacón Dorado que brota en su diálogo con el diputado al confesarle que lleva un niño en el vientre. La Siempre Viva la convence de que tenga el hijo. Rascón Banda echa mano en la historia y no toca ese tema “candente” de los cincuenta y en su versión libre hace que El Bobby, personaje que existe en el original, sea en su versión hijo de La Tacón Dorado, cambiando la parte última.
Durante los ensayos de la escena dramática final, cuando El Bobby se suicida y cae en brazos de la madre (para Basurto perecía en un accidente automovilístico), Carmen Salinas dijo varias veces a María Rojo: “No, María, no es así. Cuando se me murió mi hijo Pedrito yo caí desmayada, luego le di vueltas y vueltas, lloraba y gritaba desesperada, no podría yo, con el dolor de madre, quedarme abrazada ahí, y tuvieron que darme de su oxígeno y salvarme”.
Carmen Salinas relata que ella realizó el mismo papel (La Pepsicola) hace 25 años en el Terraza Casino. Ahora:
–Aplico mi propio sentimiento ad libitum (a voluntad), porque solamente quien ha perdido un hijo podría dar esa escena final y que la gente ovaciona tan bonito a todos cantando yo: Cada quien su vida, cada quien su cruz… No estoy aquí por el dinero, porque con mi “chou” de imitaciones gano cuatro veces más, pero no quería regresar ya a actuar. Me decidí a volver porque mi Pedrito estaría feliz si lo hacía. Creo en Dios, claro. Y en esta obra (dice sonriendo) seremos muy putas pero todas rezamos y somos muy católicas.
Alfredo Sevilla abre el acto tercero de la obra original y alcanza la cumbre con su “¡Mueran los diputados!” que lo enfrenta con Muñoz Rocha. Confirma el parecido de su papel con el maestro de secundaria en la película El ángel azul:
–¡Es la quinta referencia que me hacen! El espíritu debe estar tomado de ahí pero hace mucho que no la veo. Hace poco vi Primero “B” de Luis Francisco Escobedo y palpé el grado de descomposición que sufre una persona que se dedica al magisterio. El maestro de Basurto y el de la realidad actual no distan mucho, Rascón Banda incorpora textos del peluquero o el policía (que Rascón Banda elimina), más combativos, como que en Basurto el profesor es más deprimido. Ahí gano con mi personaje.
La música de la obra será llevada a un compacto, con Armando Palomo cantando Soy feliz, antiguamente interpretada por Benny Moré.
–Carlos Navarro –dice Palomo– hizo el personaje a lo largo de digamos 7 mil puestas en escena, yo lo hago como una necesidad de encontrarme a mí mismo. Soy un tipo de barriada harto de negocios sucios y de ser el cinturita del cabaret. El personaje está muy curtido y pese a todo se cambia por su amor a La Penas (Nadine Cuevas). Mi manejo corporal es como si fuera una pintura, ya que se quitó mucho diálogo y el personaje actúa no con texto, sino subtexto, corporalmente.
El beso de El Ojitos y El Bobby arranca sorpresa entre el público. Dice Alberto Estrella (bailarín quien en el Mundial de México 1986 fue la efigie del cartel y video oficial):
–Hace 20 años participé en una obra con una escena igual y la reacción del público fue la misma. Me divierte pues hay que suscitar cosas en la gente, hay una catarsis y el teatro conmueve. Yo simplemente hago la escena y ya. Si fuera homicida, siento el papel, pero no termino matando, si no estaría en el manicomio. Igual bailo con las muchachas sin salirme de mi papel. No siento que me encasillen en pachuco, cada papel es distinto.
Por su parte, afirma Víctor Carpinteiro (el enamorado ranchero de María Rojo en Danzón y ahora su hijo El Bobby) respecto a un posible “acartonamiento” basurtiano:
–El arquetipo melodramático debe ser así, sus reacciones son un tanto básicas: se plantan, se desarrollan y explotan en tres escenas. Para mí es un personaje de reto: primero se plantea mi relación con El Ojitos, luego mi duda en mi preferencia sexual y en tercer lugar el desenlace. En pocas obras he sentido tanta adrenalina. Creo que es importante conocer a los dramaturgos mexicanos de los 40 y descubrirlos hoy con diferentes lecturas.
Luis G. Basurto, catalogado como “El Molière mexicano” por Salvador Novo, sigue cabalgando un tanto irreconocible por este espectáculo de buenos actores amplificados con micrófonos, en un Salón México repleto.








