MADRID.- “Esos seres desnudos con plumas que vivían en una especie de paraíso, son los indios. Ellos después fueron civilizados. La sublime carta de Cristobal Colón lo puede decir mejor…”
Así empieza el guía su recorrido por el Museo de América, al mostrar unas imágenes del “Descubrimiento colombino” a unos alumnos de secundaria.
Después de 13 años de discusiones, el gobierno español ha vuelto a abrir un museo que pretende evitar la “confrontación de la conquista”.
“Este no es un museo de América para los americanos, sino un museo de América para los europeos”, dice en entrevista con Proceso Salvador Rovira Llorens, conservador del museo.
El recinto reabierto quiere mostrar las culturas existentes en ambos lados del Atlántico antes y después de 1492, con un total de 2,600 piezas seleccionadas.
Tras una inversión de 1,700 millones de pesetas, el nuevo espacio está dividido en cinco grandes áreas: “Los instrumentos del conocimiento”, “La realidad de América”, “La sociedad”, “La religión” y “La comunicación”.
“Este no es un museo comprensivo de toda la enorme riqueza y la enorme cultura de América. Es un mosaico complejo, lo que el museo presenta es esa visión de complejidad que no se puede abordar con particularidades”, dice Rovira.
La historia del Museo de América esta sustentada en períodos. El 19 de abril de 1941 se creó el decreto para su fundación, pero su apertura se realizó hasta 1956. La primera etapa del centro se prolongó durante 25 años, hasta 1981. Desde entonces, con el pretexto de hacer obras en sus instalaciones, se cerró durante trece años.
Situado en las inmediaciones de la Ciudad Universitaria, posee actualmente una colección de 20,000 piezas entre pinturas, esculturas, textiles, cerámicas, armas, otros utensilios y orfebrería.
Lo más destacado de su acopio son el Tesoro de los Quimbaya –reclamado incesantemente por Colombia–, el códice Trocortesiano –uno de los cuatro códices mayas que existen en el mundo–, el códice de Tudela, el famoso Manto de Paracas del Perú, dibujos originales de varias expediciones científicas del siglo XVIII, los documentos de las primeras excavaciones en las ruinas mayas de Palenque, cuadros coloniales como los enconchados con el tema de la Conquista de México y las series sobre el mestizaje.
Según Rovira, el acopio de los fondos del museo se hizo desde los primeros contactos con América y se captó a través de las colecciones reales. Además, señaló que gracias a los cronistas se conoció la realidad del continente:
“Desde el siglo XVI empiezan a llegar materiales, documentación original del cronista que toma nota y dibuja la pieza que trae a España. Luego tenemos mucho material que procede de las expediciones científicas de los siglos XVIII y XIX que se trajo como recuperación de esos viajes, y eso pasó al gabinete real y después se distribuyó en los museos.”
–Muchas de esas piezas fueron fueron producto del expolio, según los cronistas. ¿Saben cuáles de las piezas fueron robadas y cuáles son donaciones?
–Yo creo que el patrimonio americano, como el patrimonio de todo el mundo, ha estado en manos de expoliadores y sigue estando. Entonces, es una política gubernamental en estos momentos, para evitar ese tipo de expolios; por lo demás, los materiales como tal robo yo no recuerdo en estos momentos que haya ninguno en las colecciones del museo. Son materiales acopiados digamos con todas las de la ley o bien con excavaciones científicas como las que se hicieron en Palenque o de la recogida de curiosidades. Yo no tengo constancia de que exista entre los fondos del museo ningún material que sea producto del expolio de patriomonio, porque cuando se acopió la mayoría de estos materiales no había una legislación de patrimonio como la que en estos momentos existe.
–Entonces, si no había ley, ¿cómo dice que son acopiados con todas las de la ley?
–Era la ley del momento, lo que se podía llamar derecho consuetudinario.
Explica que fue en el siglo XVIII, con la creación del Real Gabinete de Historia Natural, cuando se comenzó a disponer de descripciones e inventarios de los objetos procedentes de América.
Como ejemplo: “Las primeras excavaciones anónimas en Perú, de 1764; la colección peruana reunida por Martínez Compañón, entre 1782 y 1785; las primeras excavaciones científicas en las ruinas mayas de Palenque, llevadas a cabo por Antonio del Río; la colección de objetos de los indios de las praderas recogidas entre 1766 y 1772 por el cardenal Lorenzana, entre otros”.
En el último tercio del siglo XVIII las expediciones científicas de Ruiz y Pavón, Combey, Juan Pérez, Bodega y Quadra, Malaspina fueron, informa, otra fuente de material etnográfico y arqueológico.
En la guía del Museo entregada a los visitantes, se explica el contenido del acopio: “aunque el Real Gabinete prestó poca atención a algunas curiosas producciones indianas como unos cuadros mexicanos de tema religioso hechos con mosaico de plumas de colores, una serie de cuadros sobre el tema del mestizaje, varias bateas de madera policromada y otras rarezas, que podrían ser consideradas como el germen de la colección de Arte Colonial del museo”.
Entre las donaciones que dice tener, está la Colección Oñate de cerámica mexicana del siglo XVII, el Tesoro de los Quimbayas donado por el gobierno colombiano en 1893, y en 1937 la colección de objetos incáicos recogida por Juan Larrea.
Para Rovira, el tema de la propiedad del arte es un tema secundario:
“Siempre he pensado que hay materiales que no son de ninguna nación, que son patrimonio de la humanidad, y bueno, lo que sí me parecería mal es que materiales que deberían ser de la humanidad fueran patrimonio de particulares. El tema de la propiedad me parece que pasa a un aspecto secundario: el acopio de materiales que, por el hecho de ser patrimonio de la humanidad, el que estén aquí o allá es algo secundario.”
–¿Piensan regresar el Tesoro de los Quimbayas, reclamado por el gobierno de Colombia?
–Todo el material que hay dentro del museo es patrimonio nacional, por tanto, sería una decisión a nivel nacional. Fue una donación de un gobierno, es una colección que está legalmente en nuestro país.
En 1892, coincidiendo con el IV Centenario del Descubrimiento de América, Colombia perdió este tesoro descubierto en 1891 y adquirido por el gobierno del presidente Holgin con el fin de regalárselo a la reina regente María Cristina de Habsburgo, en reconocimiento a un laudo arbitral firmado en favor de Colombia en una disputa fronteriza con Venezuela.
En 1992, al conmemorar el V Centenario, el gobierno de Colombia hizo la reclamación, sin recibir respuesta del gobierno español.
Según Rovira, el Tesoro de los Quimbaya es “una de las colecciones más importantes, no por el valor estético, sino por el tema de investigación casi inagotable que existe detrás de las piezas expuestas”.
–¿Cuál es la más importante aportación de México en el museo?
–Creo recordar que de los fondos que el museo posee, el de México es el más limitado. Las circunstancias históricas hicieron que la colección de materiales peruanos creciera espectacularmente. No hemos tenido ese tipo de donaciones en el caso de materiales mexicanos, muchos de los cuales se han adquirido últimamente de alguna colección o subasta.
Destacó la colección de materiales de las excavaciones de Palenque realizadas por Antonio del Río en el siglo XVIII: “Significa que tenemos los primeros datos arqueológicos y científicos americanos refrendados por las monografías, dibujos y escritos del equipo que excavó en aquel momento. Pienso que ese es un conjunto, aunque ninguna de las piezas es espectacular, el conjunto sí es como la niña de mis ojos, muy peculiar”.
–¿Por qué se ha evitado la confrontación de la conquista?
–La confrontación en sí no es un objeto museable. Sobre el aspecto de la confrontación de la conquista hay muchísima literatura vertida y me supongo que habrá más, así que nunca se podría contentar a ninguna de las posturas. Es un tema que conviene más bien obviarlo para lo que se pretendía en el montaje de este museo.
–Tampoco se hace gala de la gesta heroica…
–Eso de la gesta heroica me parece un tema absolutamente pasado, la presencia de los españoles en América supuso un rasgo de valor para quienes lo emprendieron, nada más.
El primer piso del museo es donde se inicia el recorrido de la Exposición Permanente, que consiste en cinco grandes áreas temáticas:
–”Los Instrumentos del Conocimiento” muestra cómo después del llamado Descubrimiento se fueron configurando las distintas ideas de América concebidas en Europa, desde las formas alegóricas hasta los mitos. Aquí se destacan los cronistas españoles y su producción literaria. Además, el conocimiento ilustrado se recoge en un Gabinete Científico, para después entrar en una sala dedicada a la Cartografía.
–El área segunda, dedicada a “La Realidad de América”, está situada también en la planta baja y empieza con una gran maqueta del continente americano. Se muestran las primeras etnias que poblaron el continente, los movimientos migratorios y el desarrollo cultural de polo a polo.
–”La Sociedad” es la tercera área donde se ofrece una perspectiva antropológica, una visión de la evolución de la sociedad de América y su complejidad. Ocupa parte del primer y segundo piso y hay una sala dedicada al “Ciclo Vital”, donde se muestran diversas formas de entender la vida por parte de los indios, los ritos y los adornos que usaban.
–El área cuarta, “La Religión”, expone representaciones de los jefes sagrados, reyes divinos y dioses que configuran los panteones que encabezaron las religiones americanas. Hay un sitio dedicado a los espacios sagrados como los templos y otros lugares de culto y los rituales, prestando particular atención a los ritos y ajuares funerarios (Momia de Paracas, Tesoro de los Quimabaya).
–El área cinco, finalmente, es para “La Comunicación”, con un compendio de los sistemas empleados en América para registar y transmitir información, desde las formas pictográficas y primitivas a la iconografía colonial, la escritura mesoamericana, la música, las lenguas nativas y el idioma español en América.
–En realidad, ¿qué es lo que se pretende ofrecer al visitante?
–Cuando nos sentamos a deliberar, pensamos que el propio título de Museo de América era un título desafortunado, en el sentido que el propio visitante llegue aquí y piense que dentro de un museo esté todo el contenido cultural de América. La verdad es que nosotros nos hemos escapado por la tangente. Por ejemplo, para aprender de la cultura mexicana, hay que ir a México para conocerla bien.








