Por fin el gobierno del presidente Ernesto Zedillo parece dirigirse resueltamente por los caminos de la democracia. Al escribirse este artículo se acaba de firmar un documento que contiene Compromisos para un Acuerdo Político Nacional. Estos compromisos los suscriben el Partido Acción Nacional, el Partido de la Revolución Democrática, el Partido Revolucionario Institucional y el Partido del Trabajo.
El acuerdo se debe principalmente a la presión que el PRD ha ejercido recientemente para que se modifiquen los resultados de algunas elecciones, como las de Chiapas y Tabasco.
Y es que las reformas políticas efectuadas por el gobierno de Salinas de Gortari sólo contaban con la aquiescencia del PAN. De hecho, el PAN colaboró intensamente para dotar a ese gobierno de una legitimidad que no tenía por lo ambiguo y fraudulento de las elecciones del 88. Aparentemente, a cambio de ese apoyo se aprobaron algunas medidas muy sentidas por el PAN, como las relativas a la Iglesia Católica, y se profundizó en la coincidencia entre PRI y PAN relativa a la exaltación y apoyo a la clase empresarial.
De estos acuerdos quedó fuera el PRD, entre otras razones, por la incompatibilidad visceral entre Salinas de Gortari y Cuauhtémoc Cárdenas. Entonces el PRD procedió como los activistas de la UNAM que, sin tener la representación de la mayoría, ocupaban las direcciones de las escuelas y presionaban tumultuariamente al Consejo Universitario. Así, sin demostrar que habían obtenido apoyo mayoritario, los activistas del PRD ocuparon las alcaldías que no habían ganado y objetaron tumultuariamente las gubernaturas que tampoco habían alcanzado. Esta presión, aunada al levantamiento en Chiapas, del cual tampoco el PRD es ajeno, incidieron en la crisis económica y se convirtieron en obstáculos para resolverla.
La consecuencia lógica fue que el presidente Zedillo decidió establecer la comunicación con el PRD para solucionar el problema y también para atenuar en alguna medida la fuerte influencia del PAN y así convertirse en un árbitro en las pugnas entre izquierda y derecha. Situación que tiene que matizarse porque el PRI ya es de derecha y el PRD no es tan de izquierda.
En la ceremonia de la firma, el presidente del PAN, Carlos Castillo Peraza, aludió a un problema que es ya secular. Dijo que el PAN consideraba que los intereses de la Nación deben estar por encima de los intereses partidistas. Yo no sé qué tan sincero fue, pero esta exhortación deben tomarla muy en serio los tres partidos políticos, porque es la condición indispensable para que se resuelva la crisis, que tiene aspectos muy peligrosos, pues en este momento ya los norteamericanos se están poniendo las botas en materia de condiciones para el préstamo que le van hacer a México. Ello quiere decir que están vinculando los asuntos económicos con los políticos y quieren exigir que México cambie su política con Cuba sin que esto sea una cuestión económica pertinente.
Si de alguna manera los partidos dominantes no apoyan ciertos acuerdos básicos, no podrán presentar un frente unánime ante las exigencias desmesuradas del país que nos tiene acogotados. Hay que aclarar, sin embargo, que los Estados Unidos no tienen la principal culpa en este asunto, sino nosotros mismos que hemos manejado las finanzas como si no hubiéramos estudiado en Harvard.
Muchos mexicanos están acostumbrados a ver en el presidente una figura fuerte, una autoridad dominante y por eso los presidentes entrantes han tenido que efectuar actos de autoridad, a veces injustos, pero que les sirven para consolidar el presidencialismo tradicional de México, como fue el caso del encarcelamiento de Vallejo por López Mateos o de La Quina por Salinas de Gortari. Ahora se le está pidiendo al presidente Zedillo un acto análogo y si no lo hace quedará tildado de presidente débil e indeciso.
Si él quisiera acceder a ese tipo de opiniones tiene una oportunidad espléndida si mostrara suficiente energía para castigar a los autores intelectuales de los asesinatos del cardenal Posadas, del candidato Colosio y del priísta Ruiz Massieu. Si lo hiciera, se estaría precaviendo no sólo contra acontecimientos análogos, sino contra efectos desintegradores de su propio régimen, que funcionaron muy eficazmente en el régimen anterior. La impunidad de los autores de estos asesinatos políticos ahondó la crisis; y la resistencia para llegar al fondo de estos asuntos echó una sombra de sospecha sobre el Presidente de la República con el consecuente daño nacional.
Decíamos en otra ocasión que una diferencia entre el pueblo norteamericano y el mexicano consiste en que el primero, siguiendo la tradición washingtoniana, cree en la palabra de su gobierno mientras no se demuestre que miente, mientras que el segundo en principio cree que su gobierno miente mientras no se demuestre que está diciendo la verdad. Uno de los defectos del presidente Salinas fue una sobremanipulación de los medios informativos, de tal manera que por la diversidad de opiniones, muchas de ellas arbitrarias y caprichosas, se desorientaba totalmente a la opinión pública. Por eso en el cambio de gobierno reciente fue dominante un imperativo de verdad, de que finalmente el gobierno se mostrara al pueblo mexicano con la verdad en la mano y no con un capote de torero.
Todo esto viene a cuento porque en el programa de televisión en el que se transmitió la firma de los Compromisos, también se entrevistó a varios personajes que estaban presentes, como Octavio Paz y Enrique Krauze, quienes, comentando las palabras del presidente de que se transitaba de una época a otra en la historia mexicana, dijeron que ojalá sea cierto. Es decir, ojalá si estemos ahora ante la verdad. Ciertamente, cabe aclarar que el compromiso no lo es sólo del régimen sino de las principales fuerzas políticas actuales que están respaldadas, según la última elección, por el cuarenta y tantos por ciento de los votos de los mexicanos. Entonces el imperativo de verdad no va sólo contra el gobierno sino contra la posibilidad de que los partidos asuman actitudes tortuosas y defrauden la confianza que en ellos puede tener una opinión pública ya recelosa, pero que también responde a necesidades muy urgentes de la población.








