La política no es un acto de fe, pero en ese plano el Acuerdo Político Nacional (APN) es la única solución para el país; o es la transición a la democracia o es la catástrofe, advierte Porfirio Muñoz Ledo, quien previene:
“Nada hay más peligroso que el fin de un sistema altamente centralizado, porque generalmente transita hacia autoritarismos desconcentrados, que son los peores. En estos momentos hay que hacer un esfuerzo absolutamente excepcional para que el fin de un sistema autoritario, que está próximo, no nos lleve a un retroceso.”
¿Resistencias? Todas: Las del PRI (“las resacas”, manifestadas en Tabasco, y las alianzas entre resabios del salinismo); las del PAN (“ellos aspiran más al poder que a la democracia”); y las de oligarquías locales (“aparentemente apoyadas por las prolongaciones de la administración pasada que hay dentro del gobierno central”).
¿Riesgos? Aun más: De un “doble lenguaje”, que niegue acuerdos; de incapacidad para cambiar normas y procedimientos electorales en los estados donde habrá elecciones este año, y sus consecuentes confrontaciones; de “la protesta social inevitable” por los nuevos ajustes económicos.
“Este puede ser un año explosivo para el país, si no logramos encauzar por la vía pacífica tanto la protesta social como los procesos electorales. Y eso, entiendo que qel gobierno lo sabe, cuando menos así lo ha expresado. Además, solamente un ciego no lo ve”, sentencia el presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRD.
Lo que plantea el APN, dice en entrevista en su casa, “no es una reforma cualquiera, se trata de la primera verdadera reforma electoral de los últimos tiempos”.
Muñoz Ledo niega “ingenuidad” en la primera negociación abierta del PRD con el gobierno (“hemos actuado con sentido patriótico”); por el contrario, dice actuar “con un cálculo respecto de la opinión histórica delante de nosotros”, aunque, concede, “puede no resultar”.
El acuerdo, reconoce, es en efecto histórico, pero en los dos sentidos: “Es histórico si es el principio de la transición democrática, pero también es histórico si fallamos, porque no nos vamos a quedar donde estamos, iremos para atrás. Es como una bicicleta. Si se para, se cae. O te vas para un lado o te vas para el otro”.
–¿Por qué creer que ahora sí habrá una reforma electoral definitiva?
–La política no se hace de creencias, sino de proyectos, propuestas y estrategias. El diálogo es una vía indispensable en cualquier proceso polítco, y el PRD, en su Consejo Nacional, por unanimidad, decidió plantearlo al nuevo gobierno como posibilidad de un cambio democrático… Uno no va al diálogo por creencias, sino por principios, midiendo riesgos, oportunidades. El problema de México es hoy: democracia para la gobernabilidad. Entendemos que Ernesto Zedillo –cuando menos así lo ha dicho, de modo claro y enfático, tanto en la reunión con el PRD como con los otros partidos políticos– quiere transitar por este camino. Es una expresión de voluntad, aunada a su convencimiento de que, de otro modo, el desbordamiento de las presiones sociales puede llevar a México muy próximamente al caos.
Rechaza haberse convertido en apoyador del gobierno “al menos del lado de la oposición democrática”, sino en factor de un cambio que favorezca al país.
–En un sistema presidencialista agotado, como éste, ¿no debe esperarse también una suerte de abdicación de poderes metaconstitucionales?
–Ese es parte del problema, es parte de una realidad compleja que estamos viviendo. Es evidente que aquí está a prueba la posibilidad efectiva que el gobierno federal tiene, en el supuesto de que su propósito sea firme, de encauzar las reformas que hemos propuesto. De inmediato se han hecho sentir las resacas.
Por lo pronto, sostiene, “una de las dimensiones de este problema es el fin del salinato, por el que entendemos no sólo la nefasta política económica de la anterior administración, sino un sistema perverso de manipulación política e informativa; de solapamiento y muy presumiblemente complicidad con los crímenes políticos; de feudalización del aparato político y de alianza entre intereses especulativos y oligárquicos con cúpulas corruptas del gobierno…”.
Ante las elecciones locales de este año (“en todas ellas, el PRI está en peligro”), y los rezagos de conflictos poselectorales en Tabasco, Chiapas y Veracruz, Muñoz Ledo acepta que una “solución justa” sería también “contraria a los intereses de las oligaquías locales”, y se explica así “la reacción que se está teniendo por parte de los intereses locales más retardatarios, aparentemente apoyados por las prolongaciones que hay dentro del gobierno central de la administración pasada”.
Lo grave de los acontecimientos de Tabasco, define, “es que hay todo un marco y toda una intención que los hacen posibles, que es un manoseo del problema, con filtración de información hacia los actores locales por agentes del propio gobierno central, y desde luego con complicidades ocultas, supongo, a espaldas del Ejecutivo.
“Si esta resaca violenta que ha exhibido al PRI como un partido de rufianes, en Tabasco cuando menos, detuviera la aplicación de una solución justa, eso significaría que no hay capacidad para cambiar las normas y los procedimientos electorales en ninguno de los estados donde va a haber elecciones, y eso significaría que viviríamos un año de confrontaciones crecientes, con las distintas oposiciones, que se mezclarían con la protesta social inevitable que va a derivar en los nuevos ajustes.”
La próxima reforma electoral, dice, “no es una reforma cualquiera; se trata de la primera verdadera reforma electoral de los últimos tiempos, en la cual es claro para nosotros que la autoridad electoral tendrá que ser autónoma, y lo dijo Zedillo. Por cierto, a los del PAN se les torció la cara porque ellos fueron los que pidieron que el gobierno estuviera en el órgano. Gutiérrez Barrios ya había ofrecido en 1989 que el gobierno se salía del órgano electoral, al menos formalmente. Una reforma electoral en serio, es parte de una reforma del Estado. Está imbricado”.
Por lo pronto, apenas se llegó a consensos y compromisos para llegar a un acuerdo, y recuerda los reclamos de Salinas, antes de que dejara el poder, para resolver la guerra en Chiapas y el conflicto en Tabasco.
“Salinas hizo todo lo contrario. Le dejó manzanas envenenadas, piedras en el camino y bombas de tiempo a Zedillo. Es parte del carácter de Salinas.”
Muñoz Ledo considera que actualmente la sociedad está comprendiendo los cuestionamientos que hizo el PRD durante el sexenio salinista.
–¿Y le dieron la razón cuando fue a Los Pinos?
–Nunca he sentido más apoyo de la gente que ahora. Nunca. Porque la gente está buscando salidas, porque siente que una oposición que ahora tiene la razón y que ha estado afuera, puede empezar a influir en los acontecimientos, en favor del país, y llegar al ejercicio del poder.
Por lo pronto, “si no hay cambio democrático ¿a dónde vamos? Ponte del otro lado del escenario: ¿refeudalización del sistema? ¿Quién desea el golpe militar? También es importante que las posiciones se esclarezcan. ¿Quién desea convertir a México en un protectorado estadunidense? ¿Y quién desea un cambio democrático con estabilidad y ejercicio de la soberanía? Esas son las preguntas que se deben plantear”.
–¿Podrá el gobierno cumplir sus compromisos?
–Ese es otro problema. Yo te respondo, hasta donde me sea posible, por mí, y espero poder hacerlo a partir de este consejo nacional (que se inició el viernes 20) por mi partido. El gobierno tiene que responder por sus compromisos. Claramente dijo Zedillo que este acuerdo divide dos épocas en la vida del país.
–¿Está incluida esa alternancia en el poder en el Acuerdo Político Nacional?
–Se ha dicho, y con razón, que en regímenes autoritaros el cambio democrático sólo se completa cuando hay alternancia, porque entonces hay una devolución del poder a la ciudadanía y una reconstitución del aparado del Estado. En esto es en lo que estamos embarcados.
Muñoz Ledo sostiene que “la ruptura pactada” en México ocurre en plena vigencia formal del sistema político anterior. “El problema es que se está dando en un proceso de disolución de ese mismo sistema. Dicho de otro modo; se retrasó seis años. Esto era en 1989. Desgraciadamente por el carácter del salinato, por errores que sin duda cometió el movimiento democrático (y uno de ellos, por nuestra propia pluralidad, fue no hacer más presión) y desde luego por la defección del PAN, que fue el esquirol del 89, este propósito no se cumplió.
“Desde el punto de vista del manejo gubernamental, si hubiera habido voluntad, hubieran encontrado menos resistencias. Ahora lo singular de este caso que se está planteando, es que se da en un momento de debilidad del gobierno, no de fortaleza. Y eso evidentemente lo hace muy complejo.”
–¿Las resistencias ahora?
–Vamos a tener obstáculos del PRI y el PAN, que ha preferido un patrón de relación de tipo selectivo. Los panistas tiene aspiraciones de otra naturaleza. Ellos aspiran más al poder que a la democracia, por decirlo de alguna manera. Quiero decir, con toda claridad, que nosotros hemos actuado con sentido patriótico, sin ingenuidad alguna, con un cálculo respecto de la opción histórica delante de nosotros, pero puede no resultar.
–¿Zedillo no tiene otra opción que empujar el acuerdo?
–El país es el que no tiene de otra. Imagínate lo que ocurriría si a las primeras de cambio resulta que no quieren una verdadera agenda democrática, sino una reforma al estilo de las del sexenio pasado… Sería el último día que nos verían en la mesa de negociación. Sería inauguración, beneficio y despedida. Nosotros vamos por una reforma democrática en serio. Ese el compromiso. Y lo digo: Ernesto Zedillo está comprometido ante la nación, y desde luego ante nuestro partido, a una transición democrática en serio.
El tiempo no es mucho, y Muñoz Ledo pone como plazo para fijar normas y aplicarlas en las elecciones locales y las federales del 97 y, a pregunta expresa, niega concesiones del PRD en cuestión de principios.
“En lo operativo, en donde haya diversas alternativas, siempre que sean democráticas, se tendrá que optar por alguna. Pero la transición a la democracia es o no es. Hay normas mínimas universales, que te dan un régimen democrático o un régimen autoritario. Abajo de esas normas no podemos estar.”
–¿Riesgos?
–Yo espero que la violencia deliberada, incluso la recurrencia al crímen político, no aparezcan. Cuidado con la mano blanca, esas prácticas que utilizan las oligarquías en derrota. La sociedad debe empujar este acuerdo. Yo no sé dóndo está ese club (sic) San Angel, o los de los 20 Compromisos por la Democracia, me gustaría saber qué opinan de este acuerdo. Sería preocupante que quienes han luchado por el cambio democrático se extravíen ahora en fundamentalismos.








