De nuevo frente a la promesa gubernamental de una reforma electoral definitiva, el presidente nacional del PAN, Carlos Castillo Peraza asume: “Es una apuesta que se puede perder”, pero justifica: “El que no se sienta a la mesa, no crea las condiciones para ganarla”.
Habla del Acuerdo Político Nacional: “Es muy importante. Manifiesta una voluntad política de todos los actores de poner fin a la anormalidad democrática que padecemos los mexicanos”. Y cuenta que hubo muchas reuniones “secretas, casi domicilarias”, antes de llegar a la firma de este pacto.
A propósito, hace un juicio sobre el presidente Ernesto Zedillo: “Es un mandatario convencido y dispuesto a trascender el viejo presidencialismo”, y desliza, en el hilo de la conversación, una crítica a su antecesor: “Antes no hubo esa convicción. Se pensaba que así debía ser, pero no se impulsó”.
De irónico, sin soltar el tema del llamado “Pacto de Los Pinos”, pero en evidente referencia a Cuauhtémoc Cárdenas, que “si se trata aquí de hablar de operaciones de salvamento, hay dos beneficiados: la parte moderada del PRD y el gobierno”.
Y ya metido en la conversación, advierte “el alto riesgo” que pudiera significar para el acuerdo tripartidista el conflicto poselectoral tabasqueño y aprovecha, entonces, para referirse al PRD.
Bajo la advertencia de que “no es un restregarle a nadie las cosas en la cara”, sostiene que ese partido “va a tener en Tabasco su Guanajuato”.
Castillo Peraza se pasea entre la ironía y la reflexión en la defensa del PAN:
“Ahora ya podemos llamarle Presidente al Presidente. Ya lo hace el PRD, ya lo podemos hacer nosotros”.
Y de nuevo la advertencia frente al acuerdo político nacional: “Ojalá no se echen las campanas al vuelo. Entiendo que haya quienes consideren eso como el ya definitivo de las cosas y se pongan eufóricos, pero Acción Nacional ha visto otros vientos y otras tempestades, y sí, es muy importante su firma, pero apenas es el primer paso”.
Así, previene sobre “los impacientes y los malos consejeros: el que se inicia es un proceso lento. En las dictaduras son veloces, en las democracias pausados, por eso, si queremos entrar a la democracia, tenemos que adquirir hábitos cronológicos democráticos”.
En principio dice que es injusto, luego incorrecto, comparar el nuevo acuerdo político con las insatisfactorias reformas electorales truncas de 89, 91 y 93, así como con los acuerdos de Barcelona, en referencia a la calle donde se ubica la casa donde la Secretaría de Gobernación realiza negociaciones políticas.
“No son comparables, se trata de un problema de tiempo, circunstancias y maduración. Lo que se pudo hacer en cierta época se hizo y se llegó hasta donde las condiciones permitieron que se pudiera llegar.”
Hoy, a diferencia de antes, juega Castillo Peraza, una de las condiciones posibles para llegar al acuerdo “es que hubo un antes, que las cosas no cayeron del cielo, que la voluntad de diálogo, de acuerdo, de consenso, de concertación existió antes de hoy y fue dando sus pasos”.
Considera que abonaron en favor del acuerdo “la maduración de las sociedad entera, una mayor comprensión del gobierno de la necesidad de ejercer así el poder, la modificación en la actitud de algunos partidos políticos, la presión que pudiera significar la crisis económica, simultánea la convicción de que no hay salida económica sin salida política”.
También sostiene que jugaron en forma positiva “la necesidad que tenía un sector del PRD de actuar más allá de la lógica de la belicosidad y entrar a la política como medida de sobrevivencia”.
Y da nombres, pues, de los beneficiarios: “La parte moderada del PRD y del gobierno”, pero ataja de inmediato sobre el pensable desplazamiento de su partido.
También Acción Nacional sale beneficiado “porque se demuestra públicamente que la línea política adoptada por el partido desde hace mucho tiempo era la correcta, a pesar de que en el camino padecimos todos los denuestos del mundo”.
De Zedillo comenta: “Yo creo que hoy nos encontramos con un presidente convencido y dispuesto a trascender el viejo presidencialismo. Zedillo empezó su mandato hablando con los senadores, luego con los diputados, más tarde con los asambleístas, es decir, empezaba un ejercicio del poder presidencial de otro modo; aunque creo que no tuvo suerte, porque cuando empezaba esta operación, que pudiéramos llamar despresidencialización, sobrevino la crisis económica y sepultó el paso inicial”.
Considera que el presidente Zedillo “no está en las condiciones de fuerza de otros presidentes”, pero que “el restregarle su debilidad quizá podría suscitar un regreso al viejo presidencialismo exacerbado, abusivo, prepotente. Creo por ello que hay que tener mucho cuidado con esos comentarios”.
Haber firmado el pacto nuevo, destaca el líder nacional panista, “es una apuesta que se puede perder, pero el que no se sienta a la mesa no crea las condiciones para ganarla. Entonces, nosotros asuminos esto, lo vemos con la esperanza y tratamos de poner los medios para que la esperanza se concrete”.
–¿Es la misma esperanza que tuvieron en los anteriores acercamientos y reformas? ¿Es el mismo voto de confianza que pudieron haberle dado a Salinas de Gortari?
–Yo quisiera no utilizar la expresión voto de confianza, sino asumir el riesgo de iniciar algo distinto. Creo que hay dos maneras de enfrentar la política en este ámbito. Administrar los hechos políticos pasados o crear los hechos políticos con miras al futuro, y creo que el PAN ha escogido la segunda.
–¿Cómo se empezó a concretar el acuerdo político firmado el martes 17, cómo fue negociado?
–Barcelona puso el terreno. Todo mundo sabe que aunque todo mundo lo niegue, hubo un enorme número de reuniones informales, secretas, casi domiciliarias, huyendo de la luz y eso tiene alguna razón de ser porque ningún proceso de negociación es totalmente visible.
“No hay por qué espantarse. Se habló mucho. Hubo una actitud muy abierta del secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, precedida de una actitud semejante del doctor Carpizo, aunque éste con más dificultades.
“El PAN había dicho públicamente durante seis años que sí habla. Entonces, había al menos un elemento de ese polígono de fuerzas, que estaba en esa disposición. Después empezaron a circular los documentos, hojas con frases en las que nadie se comprometía ni firmaba, hasta que se empezó a palomear y se aprobó todo.”
–¿Hubo algún momento cercano a su firma en el que el PAN tuviera algún desacuerdo?
–Sí, pero yo creo que sería indiscreto decir qué fue. Lo importante en la política es decir esto resultó, hasta aquí llegamos.
–Se afirma casi en consenso que Salinas de Gortari falló en la estrategia económica, ¿también falló, también engañó en el terreno político a los mexicanos?
–Yo creo que el tramo más veloz, trascendente de las reformas, se dio a partir de enero de 1994 y que a lo que se llegó en esa mesa (“acuerdos de Barcelona”) es a lo que pudimos llegar los partidos, y no es imputable a Salinas.








