En el duelo con Marcos, fue cediendo posiciones, matizando juicios y aceptando condiciones “Nadie puede estar por encima de la ley”, afirmaba Zedillo, y acabó negociando con los “intransigentes”

TUXTLA GUTIERREZ, CHIS.- Menos de siete meses bastaron al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) para ablandar la dureza de Ernesto Zedillo, el cual, después de culparlo de casi todos los males del país, aceptó las condiciones y los tiempos de los zapatistas para reiniciar el diálogo. Y no sólo eso: envió a su principal funcionario político, Esteban Moctezuma, para negociar con los “inconformes”.
El secretario de Gobernación ahí, en la Selva Lacandona, en territorio fuera del control del gobierno federal, en diálogo con quienes han permanecido más de un año levantados en armas, en negociaciones con quienes se han mantenido encapuchados…
Como candidato a la Presidencia de la República, Zedillo acusó de intransigente al EZLN.
Ya en la Presidencia, tras de ordenar que se estrechara el cerco militar, atribuyó a los rebeldes responsabilidades en la actual crisis económica.
Rota la tregua por los zapatistas, aceptó los términos del EZLN para reiniciar el diálogo y reconoció a la Comisisón Nacional de Intermediación (CONAI), que encabeza el obispo Samuel Ruiz, dejando atrás a la comisión legislativa que había creado.
Después, ordenó al Ejército mexicano que saliera del territorio controlado por el EZLN.
“Nadie puede estar por encima dela ley”, dijo en su toma de posesión cuando aludió al EZLN. Poco antes, en secreto, se había carteado seis veces con el grupo armado, al que el Ejército Mexicano y la Secretaría de Gobernación hasta hace poco llamaban “transgresores de la ley”.

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“Es claro de qué lado está la intransigencia”, reprochó el entonces candidato a la Presidencia por el PRI, Ernesto Zedillo. Había ya renunciado como comisionado para la Paz y la Reconciliación Manuel Camacho Solís, y Zedillo acusó directamente al subcomandante Marcos de haber propiciado, con su intransigencia, el fracaso de las gestiones para conseguir la paz en Chiapas.
Casi 90 días después de haber sido designado candidato a la Presidencia en sustitución de Luis Donaldo Colosio, Zedillo declaró, durante una entrevista radiofónica –efectuada el 22 de junio–, que a él no se le podía juzgar como intransigente, cuando lo único que había pedido era “que haya paz en Chiapas”.
Sin embargo, Zedillo, después de la renuncia de Camacho, consideró que esa era “la mejor decisión para él y para el país”, y arremetió contra los rebeldes.
“Son los propios integrantes del Ejército Zapatista quienes han rechazado la propuesta emanada de las negociaciones de San Cristóbal.”
Pasaron los días y Zedillo, ya como Presidente electo, intentó resolver por sí mismo el conflicto de Chiapas. En cartas confidenciales dirigidas al EZLN, puso a su consideración:
“El diálogo será más provechoso en la medida en que sea más directo y más discreto, particularmente en las etapas iniciales. No desdeño el valioso papel que ha jugado y pueden jugar los intermediarios entre ustedes y el gobierno, pero considero que la comunicación prácticamente directa puede ser más provechosa”, escribió al subcomandante Marcos.
El 1o. de diciembre, al tomar posesión, se refirió a la violencia y a la injusticia en Chiapas. Aseguró que no habría ataques del gobierno contra “quienes se han inconformado”, pero advirtió: “La ley obliga a todos por igual y nadie puede estar por encima de la ley”.
Ocho días después, asistió a la toma de posesión como gobernador de Chiapas de Eduardo Robledo, y ordenó estrechar el cerco militar contra los zapatistas.
La presencia de casi 50,000 soldados parecía indicar que era inminente la ruptura del cese al fuego.
El 14 de diciembre, en un “mensaje al pueblo de México”, Zedillo dijo que el conflicto de Chiapas “ha mantenido en la zozobra a la sociedad mexicana” y “significado la suspensión de las condiciones constitucionales de soberanía nacional en una parte considerable del estado de Chiapas, cerca de una frontera internacional; se ha erigido como causa de división entre los mexicanos, representa una amenaza constante a la tranquilidad pública, a la paz y a la justicia”, y ha constituido “el deterioro agudo de las condiciones económicas y sociales de la población, señaladamente de los sectores y los grupos más necesitados”.

LA COMISION INUTIL

Ese mismo día, propuso la creación de una Comisión para el Diálogo y la Mediación por la Paz, que estaría integrada por legisladores de los distintos partidos políticos representados en las Cámaras de Diputados y Senadores: dos por el PRI, dos por el PAN, dos por el PRD y uno por el PT.
La Comisión, dijo, la proponía “ante la negativa del EZLN de dialogar y negociar directamente con el gobierno federal”.
Aclaró: “Estos perfectamente consciente de que la labor de mediación institucional que puede realizar la Comisión de ningún otro modo me releva de mis responsabilidades de atender las razones profundas de inconformidad que han abandonado la violencia”.
Y enfatizó:
“¡Como Presidente de la República, no rehuiré ninguna responsabilidad!”
El lunes 19, el EZLN, en un comunicado, informó que como respuesta a la toma de posesión de Robledo, a la militarización del estado y a la creación de la nueva comisión, en un operativo militar que había sorprendido al Ejército Mexicano, habían roto la tregua decretada del 12 de enero de 1994 y había “adelantado posiciones” en 38 municipios. Como prueba de lo anterior, las principales carreteras de la entidad amanecieron bloqueadas.
En otro comunicado, dirigdo al presidente Zedillo, le recomendaron que “no desperdicie su inteligencia en crear comisiones plurales de paz”, y consideraron que “el gobierno no puede ser parte y mediador en el enfrentamiento”.
La noticia sobre el rompimiento de la tregua y el avance de los zapatistas fue difundida ampliamente por las estaciones de radio y las cadenas de televisión el mismo lunes, y por los diarios del martes 20.
El miércoles 21, el gobierno anunció que se había ampliado la banda de flotación del peso ante el dólar, y el jueves 22, el retiro del Banco de México del mercado cambiario.
Al explicar las causas que habían provocado la brusca devaluación del peso, el entonces secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, dijo que la intranquilidad causada por los zapatistas incrementó la fuga de capitales.
Entonces surgieron declaraciones y artículos periodísticos pidiendo al gobierno que aplicara mano dura contra el EZLN.

EL EZLN, TAMBIEN PARA ATRAS

El 30 de diciembre, cuando el obispo Samuel Ruiz cumplía once días en huelga de hambre en favor de la paz en la Catedral de San Cristóbal de las Casas, el Presidente cambió de actitud: instruyó al secretario de la Defensa Nacional para que suspendiera cualquier avance de tropas, se limitara a mantener su presencia “actual” en la entidad y no a realizar acción adicional alguna.
A su vez, el EZLN informó que del 1o. al 6 de enero suspendía toda operación militar ofensiva en Los Altos, Norte y Selva chiapaneca, que mantendría su distancia de las fuerzas federales y no realizaría bloqueos de carreteras “ni acto militar alguno que obstruya las vías de comunicación”.
“Nosotros nos comprometemos ahora a una tregua temporal. Como llegó, empieza a alejarse el fantasma de la guerra. Es necesario ahuyentarlo más lejos todavía, es necesario conseguir condiciones dignas para una nueva tregua estable que, ahora sí, se encamine a una diálogo verdadero, respetuoso y serio”, dijo el EZLN.
En otro comunicado, el subcomandante Marcos ironizó sobre la “culpabilidad zapatista” por la devaluación del peso, y advirtió que ante las afirmaciones de banqueros y empresarios, “la sentencia de muerte está dictada, porque los dineros empiezan a buscar el precio de la bala que elimine el problema”.
Desde entonces, el EZLN prolongó treguas y fijó condiciones para el diálogo, lo que fue aceptado por el presidente Zedillo.
El EZLN, por el contrario, ratificó sus condiciones para una tregua estable, que conduzca a una diálogo serio:
–Solución satisfactoria para las partes implicadas en los conflictos poselectorales de Tabasco, Veracruz y Chiapas.
–Reconocimiento del Gobierno de Transición a la Democracia en Chiapas.
–Reconocimiento de la Comisión Nacional de Intermediación (Conai).
Después, un comunicado de la Secretaría de Gobernación informó: “Se reconoció como la instancia mediadora del proceso de paz a la Comisión Nacional de Intermediación, con cuyos integrantes se ha iniciado una intensa interlocución”.
Pocos días más tarde, el presidente Zedillo envió a San Cristóbal de Las Casas a la subsecretaria de Gobernación, Beatriz Paredes, para que se reuniera con el obispo Samuel Ruiz.
Y en la Ciudad de México, Amado Avendaño se reunió con el secretario de Gobernación, Esteban Moctezuma, el 11 de enero.
Finalmente, el domingo 15, Moctezuma se reunió, “en algún lugar de la Selva Lacandona”, con el subcomandante Marcos. Acompañado por Beatriz Paredes y Luis Fernando Aguilar, Esteban Moctezuma llegó ese domingo en un jet privado al aeropuerto militar de Terán, desde donde se trasladó en helicóptero, acompañado por Samuel Ruiz, al municipio zapatista de San Pedro Michoacán, antes Guadalupe Tepeyac.
El tema único de la agenda, según el subcomandante Marcos, fue discutir y acordar “medidas que distiendan el clima beligenrante y alejen el peligro de choques armados entre ambos ejércitos, con la finalidad de alejar el ambiente de guerra inminente”.
El EZLN se comprometió a “no realizar tratos con el Supremo Gobierno a espaldas del pueblo de México”.
Simultáneamente, en un boletín de prensa sin membrente y sin firma, atribuido a la Secretaría de Gobernación y distribuido por la Conai, se subrayó que “el proceso de restablecimiento del diálogo entre el EZLN y los representantes del Gobierno Federal vive un importante momento: la realización del primer encuentro directo entre la representación de ambas partes”.
El mismo documento reconoce la “eficaz mediación de la Conai”, cuando antes la rechazaba, y resalta el “ánimo abierto” del gobierno, “consciente de que cuestiones tan delicadas requieren de procesos de valoración que vayan permitiendo los acuerdos paulatinos entre las partes, que permitan avanzar de manera firme y segura”.
El lunes 16, el presidente Zedillo ordenó al Ejército Mexicano retirar sus tropas de Simojovel y San Andrés Larrainzar, municipios considerados por los zapatistas como “territorio en rebeldía”. Espectacular fue la salida de los miles de militares que, apenas dos semanas antes, hasta con perros perseguían a los sublevados.
El acuerdo presidencial restringió también los patrullajes en vías federales de comunicación y se anunció la continuidad en las actividades de la Cruz Roja Internacional en los municipios de Las Margaritas y Ocosingo. El mismo día, el EZLN decretó su cese al fuego por tiempo indefinido.
La disposición presidencial de cumplir con las demandas zapatistas provocó que el miércoles 18 y el jueves 19 creciera el rumor sobre la “inminente” caída del gobernador Eduardo Robledo.
Los diputados partidistas locales, en sesión del Congreso, rechazaron que “desde el centro se siga dictando el futuro de los chiapanecos”, y demandaron investigar el origen de las versiones.
De esta manera, a pesar de sus esfuerzos por terminar el conflicto en Chiapas, el presidente Zedillo se encuentra entrampado:
Por un lado, existe el peligro de una rebeldía activa de los priístas chiapanecos, semejante a al registrada en Tabasco, sin finalmente Robledo sale de la gubernatura.
Por el otro, una de las exigencias del EZLN para iniciar el nuevo diálogo es, precisamente, la salida del gobernador.
Al parecer las primeras pláticas resultaron fructíferas, pues el mismo Marcos en su último comunicado, comentó:
“Nos vuelven a amenzar con el desempleo.”
Y agregó:
“Esperemos que ahora sí sea en serio.”