Al desempleo por la vía del “efecto tequila”

A unos pasos del Río Bravo, José Luis El Chapulín, enganchador de indocumentados, dice en la zona conocida como Anapra: “Nos va a ir mejor. Esta es buena temporada porque regresan a Estados Unidos los mexicanos que vinieron a vacacionar y también con la bronca del peso y la devaluación, pues muchísima más gente va a querer pasar al otro lado”.
Con un pantalón tipo militar, playera, zapatos y gorra desgastados, la piel ceniza por el efecto del sol, y al frente de unos quince indocumentados que esperan indicaciones para llegar de manera ilegal a El Paso, Texas, El Chapulín comenta que en lo que va del mes “estamos pasando de 200 a 300 personas diarias por aquí. Los fines de semana llegamos hasta 400”.
El cobro para pasar a un indocumentado, dice, era el año pasado de 20 a 30 dólares, “pero ahora estamos cobrando 300. Si los pesca la Migra, los regresa y se intenta otra vez, lo que significa otros 300 dólares. La mitad es por adelantado y si quieren llegar hasta el aeropuerto de El Paso son 100 dólares más”.
Son los efectos del crack de la economía mexicana. A todo el que regresa al “otro lado” se le pegan uno o dos familiares más. Es el fenómeno del desempleo acentuado por la devaluación.

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Filigonio Jiménez Cruz es uno de los 5,000 trabajadores que a principios de este año quedaron desempleados en Oaxaca por el cierre de 300 empresas, la reducción de personal en el gobierno del estado y la suspensión de proyectos.
Cargando un morral con su herramienta en espera de que algún contratista le ofrezca un trabajo, Jiménez Cruz, de 33 años de edad, reconoce que para conseguir algo de dinero, y al igual que lo hacen los albañiles, estibadores, plomeros y otros que se reúnen diariamente en la explanada del mercado de abastos, acudió a bancos de sangre, en los que les pagan entre 100 y 150 nuevos pesos por litro.
Prácticamente la devaluación del peso hizo más severa la crisis para las micro y pequeña empresas, pues en 1994 desaparecieron 6,700 negocios, dice el presidente de la Canaco de Oaxaca, Rafael García.
Por si fuera poco, la incertidumbre se acrecienta entre los empleados del gobierno, de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca, del Instituto Nacional de Antropología e Historia y de Petróleos Mexicanos, ante la inminencia del recorte de personal.
El problema mayor es que en Oaxaca hay un “ejército de reserva” de 454,254 personas que están en posibilidades de trabajar, pero que no encuentran empleo, indica un estudio del investigador Carlos Sorroza Polo.

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Agobiadas por la crisis económica, en Veracruz cerraron durante el último semestre de 1994 más de 30 empresas, que dejaron sin empleo a casi 25,000 trabajadores.
A estos se sumaron los despedidos de Petróleos Mexicanos (Pemex) y los últimos que han sido recortados en los 24 ingenios azucareros de la entidad y de la compañía Astilleros Unidos de Veracruz, declarada en quiebra hace un mes.
Según el gerente de la empresa Covintec, cuyo soporte es la industria de la construcción, por la crisis económica más de 300 empresas que constituían el soporte económico de la entidad han tenido que cerrar.
La situación se agrava en el estado porque el precio del acero aumentó 45% y el polietileno, que es un derivado del petróleo, aumentó su costo, lo que ha provocado la paralización de cientos de obras.
De acuerdo con Carlos Corona, de la Canacintra local, en Veracruz hay más de 150,000 desempleados. La zona más golpeada es la sur, principalmente Coatzacoalcos, Minatitlán y todo el corredor petrolero. “En esta región hay más de 35,000 despedidos, todos de Pemex, y enfrentan problemas de liquidación”.

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Como resultado de la devaluación, la zona sur de Quintana Roo, que concentra el 50% de la población del estado, fue la más afectada. La planta laboral del sector privado se redujo 60%, mientras que el sector público, a través del gobierno local, anunció una reducción de por lo menos 20% de su personal.
Oficialmente, hasta diciembre pasado, Quintana Roo tenía el índice de desempleo más bajo del país. Según Noemí Canto de Conde, dirigente de la Coparmex estatal, los problemas se deben a la apertura comercial y a la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, toda vez que la principal actividad en la zona es el comercio de importación.
El líder de la Canaco-Chetumal, Claudio Herrera Vivas, dijo que por lo menos 300 comercios han cerrado tras la devaluación. Isidoro Mendoza de la Cruz, secretario adjunto de la CROC, calificó la realidad de “alarmante porque hay núcleos de población que están cayendo en niveles de subsistencia por el desempleo, que ya alcanzó un nivel superior al 30%”.

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En Jalisco, hasta 155,000 personas podrían quedar sin trabajo a causa de la caída del peso, las cuales se sumarán a las 270,000 que permanentemente están sin trabajo en la entidad, para llegar a una tasa de entre 31 y 40% de un total de 775,588 personas registradas como asalariadas en el Instituto Mexicano del Seguro Social.
Los datos fueron proporcionados por el director del Instituto Jalisciense de Promoción y Estudios Económicos del Centro Empresarial de Jalisco, Javier Vizcaíno, quien desde octubre de 1993 había advertido los riesgos de una devaluación.
Se estima que por la difícil situación económica, alrededor de un millar de empresas jaliscienses se encuentran bajo el riesgo de cerrar.

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Las cifras “maquilladas” del INEGI dicen que en Monterrey la tasa del desempleo subió al 7% a fines de 1994. La realidad, dice la doctora Estela Gutiérrez, investigadora de la Universidad Autónoma de Nuevo León, es que ese índice puede llegar al 10%, si se considera que la zona metropolitana concentra una de las plantas industriales más importantes del país.
Advierte que en el rubro exportador puede ocurrir un estancamiento y que muchas ensambladoras cerrarán sus puertas ante el encarecimiento de los insumos provenientes de los Estados Unidos.
Para quien coordinó la serie Testimonios de la crisis, editada en la década de los 80 por Siglo XXI, “ya no hay dinero para rescatar a las empresas endeudadas como lo hubo en la crisis de 1982”.
María de los Angeles Pozas, investigadora del Colegio de la Frontera, dice que desde hace doce años, las grandes industrias entraron a un proceso de restructuración que por sí mismo ha generado desempleo. “La caída que se dará este año será producto tanto de la crisis como de la reconversión”.
De acuerdo con sus estudios, la restructuración de corporaciones como Vitro, Alfa y Visa han impactado tanto los cuadros directivos como las plantas de obreros, “pues en aras de una mayor competitividad, el recorte ha sido parejo. Ciertamente, hay toda una generación de profesionistas que se ha quedado sin empleo, de 40 años en promedio, pero también hay miles de obreros que han sido desocupados”.

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En Durango, a causa de la falta de trabajo, unos 200,000 campesinos abandonaron el campo, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática.
Según la misma institución, el índice de desempleo en San Luis Potosí asciende a 3% de la Población Económicamente Activa del estado, cifra que según estimaciones del director estatal de Fomento Industrial, Mayórico Hidalgo Cano, se podría incrementar en 30% (180,000 desempleados) como un efecto de la crisis económica del país. A falta de trabajo, hay por lo menos 30,000 vendedores de todo en la capital potosina.
El Frente Auténtico del Trabajo (FAT) reveló que en Guanajuato, los efectos de la devaluación traerán consigo alrededor de 600,000 desempleados.
De hecho, en 1994 –aseguró el analista económico del sector privado, Rubén Aguilar Sánchez–, las necesidades superaban los 42,000 empleos y sólo se crearon 11,000.
En León, ciudad que concentra 51.96% de los guanajuatenses afiliados al IMSS, la estimación del Consejo Coordinador Empresarial es que el nivel de desempleo llegó a 3%, y sólo en la industria del calzado, que ocupa el primer lugar a nivel nacional, se perdieron 6,200 fuentes de trabajo, de acuerdo con el último informe de afiliación del IMSS.

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“Tanto la devaluación del peso como el incremento de las tasas de interés crediticias podrían representar un aumento en los gastos de la industria, lo que podría provocar el cierre de 90% de las 7,000 factorías existentes en Michoacán”, aseguró Enrique Oceguera Galván, presidente de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación en Morelia.
Asimismo, en los 113 municipios de la entidad “las bajas ventas y la crisis hacen talco” a los establecimientos comerciales, dijo el dirigente de Canaco en Uruapan, Guadalupe Sáenz.
De 3.5 millones de indígenas, solamente 900,000 tienen alguna ocupación. Según el INEGI, Michoacán es el segundo exportador nacional de braceros con un millón 200,000 personas.

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Consciente de la situación, Fidel Velázquez, el máximo líder obrero del país, reconoció que el colapso financiero provocará mayor desocupación en el país y un descontento sin precedente por el cierre de fábricas y los despidos.