GINEBRA.- La inesperada y maratónica jornada de cabildeo del expresidente Carlos Salinas de Gortari para promover su candidatura a la dirección general de la Organización Mundial de Comercio (OMC), rompió el protocolo que suelen respetar las grandes instituciones internacionales y dejó sorprendidos a numerosos embajadores ante la OMC.
El rumor de la posible llegada de Salinas de Gortari a Ginebra empezó a correr en los círculos de la OMC el viernes 13 de enero y llegó a los periodistas el lunes 16 por la mañana. El mismo día por la tarde, oficiosamente, ya todo mundo sabía que el expresidente mexicano había decidido reunirse a puerta cerrada con los representantes de los 128 países miembros de la OMC, el jueves 19, en el muy exclusivo hotel La Réserve.
Pero oficialmente, nada. Los embajadores presentes en Suiza no habían recibido invitación alguna, la representación permanente de México ante la OMC negaba toda información a la prensa en forma poco amable, mientras el director del hotel juraba solemnemente no tener reservación alguna para Salinas.
El martes 17 aumentó el misterio. El embajador mexicano ante la OMC, Alejandro de la Peña, y su primer ministro, Ricardo Barba, se volvieron casi descorteses para alejar a los reporteros y el director del hotel tuvo que repetir mil veces las mismas piadosas mentiras.
El miércoles 18, a las 10 de la mañana, Ricardo Barba aceptó atender telefónicamente a la corresponsal: no sabía cuándo iba a llegar a Ginebra el expresidente de México, ni cuánto tiempo se iba a quedar, ni en qué hotel. Tampoco sabía con quién se iba a entrevistar, ni dónde, ni a qué horas, ni mucho menos de qué iba a hablar…
¿Acaso no es la representación de México ante la OMC la que organiza la visita de Carlos Salinas a Ginebra?, se le preguntó.
“No –protestó enérgicamente Barba–, nosotros sólo ayudamos un poco aquí. No manejamos la agenda del señor Salinas. No hemos organizado nada.”
En el mismo momento en que el primer ministro afirmaba su total desconocimiento del programa de trabajo de Salinas, todo el personal de la representación se apresuraba para enviar por fax las 128 invitaciones a los embajadores de los países miembros de la OMC. Decía el texto de la invitación:
“La Representación Permanente de México ante el GATT/OMC tiene el agrado de invitar a usted a una reunión informal de trabajo para intercambiar opiniones sobre el funcionamiento y el futuro de la Organización Mundial de Comercio. El señor Carlos Salinas participará como invitado de honor.
“La reunión se llevará a cabo el día 19 de enero de 1995 en el Salón Jura del hotel La Réserve (301 route de Lausanne, 1293 Bellevue). (Aquí se mencionaba la hora a la que estaba invitado cada embajador).
“Se agradecerá confirmar su presencia con anticipación.”
Finalmente llegó el día 19.
A las 8:30, mientras el administrador del hotel colocaba estratégicamente algunos atléticos vigilantes al pie de las escaleras que llevaban al salón reservado por Salinas, el embajador De la Peña explicaba a un equipo de la televisión suiza que se trataba de una reunión privada de trabajo, que no había esperanza de una entrevista con el expresidente mexicano, que tampoco se había programado conferencia de prensa alguna.
Luego De la Peña desapareció, para reaparecer media hora después, escoltando a Carlos Salinas de Gortari. Vestido de azul oscuro, sonriente y relajado, el expresidente recorrió rápidamente un largo pasillo, subió las escaleras y se encerró en el salón Jura, cuya puerta también estaba protegida por vigilantes.
Con extrañeza, los periodistas, fotógrafos y camarógrafos suizos e internacionales observaban ese inédito despliegue de seguridad.
A las 9:30 empezó a llegar el primer grupo de embajadores invitados por la representación mexicana. Salieron una hora después. El asombro de los periodistas se transformó rápidamente en abierto descontento cuando de repente vieron llegar, muy tranquilos, a la corresponsal del Financial Times y al del Kyoto News Service, quienes tenían cita con Salinas. Los vigilantes los dejaron pasar.
Mientras llegaban los primeros embajadores del segundo grupo de trabajo, los reporteros exigieron hablar con la delegación mexicana. No fue posible. Iniciaron entonces arduas negociaciones con el personal de seguridad para hacer llegar sus solicitudes de entrevistas al salón Jura.
Al poco rato salieron los corresponsales privilegiados y todos les preguntaron si habían logrado hacer hablar al expresidente sobre sus responsabilidades en la actual crisis mexicana, tema que obviamente les interesaba muchísimo más que su candidatura a la dirección general de la OMC.
“Imposible; no quiere comentar eso”, respondieron.
En ese instante un vigilante anunció a la corresponsal de la agencia noticiosa española EFE y al del New York Journal of Commerce que se le otorgaban cinco minutos a cada uno para hablar con Salinas de Gortari.
Diez minutos después regresaron desanimados. Tampoco habían logrado comentarios sustanciales sobre la situación mexicana.
Salió el segundo grupo de embajadores y entró el tercero, que salió una hora después. A la una de la tarde, Carlos Salinas decidió ir a comer. Escogió una salida lateral discreta y regresó por la misma un poco antes de las 2. A las 2:20 llegó el cuarto grupo de trabajo, mientras los corresponsales de las agencias de noticias Reuter, AFP y ATS (de Suiza) se reunían para elaborar una nueva táctica “ofensiva”.
Cada uno había obtenido siete minutos de entrevista. Era obvio que, como lo había hecho por la mañana, Carlos Salinas planeaba dedicarse a hablar exclusivamente de su candidatura. Por lo tanto, los reporteros decidieron sumar sus tiempos de entrevista y entrar juntos en el salón Jura. En un poco más de 20 minutos, calculaban, y tres contra uno, era ya mucho más fácil acorralar al expresidente y obligarlo a tocar el tema del caos económico mexicano.
Muy pronto sus ilusiones se vinieron abajo. Antes de la llegada del quinto grupo de embajadores tuvieron que entrar uno por uno, y salieron tan defraudados como sus colegas de la mañana, justo antes de la llegada del equipo de Televisa… Entonces, derrotados, todos los periodistas abandonaron el hotel La Réserve.
La reunión con el último grupo de embajadores duró hasta las 6:00. Una hora más tarde, ya sin periodistas presentes, los diplomáticos mexicanos emitieron un escueto comunicado de prensa que empezaba así: “A solicitud de diversos medios de comunicación la Representación Permanente de México ante el GATT/OMC informa lo siguiente…”
LA DETERMINACION DE SALINAS
En cada uno de los cinco grupos de entre 20 y 25 embajadores ante los cuales Carlos Salinas expuso su concepción del comercio internacional y del papel de la OMC, se encontraban mezclados representantes y funcionarios de países desarrollados, en desarrollo o emergentes, partidarios de su candidatura u opuestos a ella.
El expresidente mexicano prefirió esa solución a la de encontrarse con grupos regionales o continentales.
Todos los representantes latinoamericanos entrevistados por la corresponsal a la salida de estas pláticas coincidieron en que para ellos, más que nunca, el mexicano era el candidato ideal.
En cambio, la opinión de los otros embajadores o funcionarios fue muchísimo más matizada. Como siempre suele suceder en la OMC y, más aún en esta tensa campaña presidencial, los diplomáticos consultados optaron por expresarse en forma anónima, con excepción de los africanos, que simplemente no quisieron hacer comentarios.
Los más locuaces fueron los europeos y algunos asiáticos, o representantes del Medio Oriente, quienes apoyan la candidatura de Kim Chulsu. Todos reconocieron que Salinas tenía “un excelente conocimiento del comercio internacional”, algunos llegaron hasta a calificarlo de “experto en esa materia”, pero también subrayaron que la amplitud de la crisis mexicana y sus profundas repercusiones en el sistema financiero internacional habían “manchado bastante” su imagen y jugaban ahora fuertemente en su contra.
También recalcaron que si bien su jornada de cabildeo había sido útil, tenía el defecto de haber sido muy tardía. Varios agregaron que diplomáticamente no había sido muy “afortunado” organizarla precisamente el día en que el exdirector general del GATT y actual director interino de la OMC, Peter Sutherland, estaba en Moscú.
Precisó un diplomático europeo:
“Como bien se sabe, en el GATT, y ahora en la OMC, las decisiones se toman por consenso. Por lo tanto, era indispensable que los tres candidatos tuvieran largas sesiones de trabajo con todas las partes contratantes. Renato Ruggiero y Kim Chulsu llenaron perfectamente bien ese requisito. Salinas no. No podía hacerlo por sus labores presidenciales, ya que tuvo que enfrentar serias dificultades sociales y políticas en su país. Entendimos esa situación, pero era un handicap, porque no nos había dado la oportunidad de escucharlo ni de hacerle preguntas precisas. Era un poco un candidato fantasma. Ahora, por lo menos pudimos verlo, hablar con él. Quizás lo hizo un poco tarde, pero de todos modos fue interesante.”
Todos los diplomáticos consultados enfatizaron también que en sus pláticas Salinas había intentado tomar distancia de los Estados Unidos. Recalcó uno de ellos:
“Nos llamó la atención la insistencia de Salinas sobre su pertenencia al Sur. Quiso dejar bien claro que no era el candidato de Estados Unidos. Repitió que en varias oportunidades en el curso de su sexenio había tenido que enfrentarse con Washington. Repitió también que lo que podía ofrecer a la OMC era ser un puente entre el Norte y el Sur.”
–¿Convenció?
–No sé si convenció a los demás. A mí no mucho. Menos ahora, cuando vemos que sin la intervención de los Estados Unidos no se podrá salvar la economía mexicana. En principio, un alto funcionario de una institución internacional debe olvidarse de su “identidad nacional”, pero en la realidad no ocurre siempre así… A mi juicio hay un riesgo aquí…
Varios jefes de representación de Europa y Asia se quedaron impresionados por la “determinación” de Salinas. Un europeo confió:
“Después del anuncio de la crisis monetaria mexicana, muchos pensamos que el expresidente iba a retirar discretamente su candidatura. Pero por el contrario, hoy lo vimos más decidido que nunca a mantenerla.”
–¿Cómo explica esa actitud?
–Hay dos hipótesis: O Salinas, con un alto sentido del honor, decidió pelear hasta el final. O recibió realmente serias garantías de Washington.
–¿Qué hipótesis privilegia usted?
–Ninguna.
–Ultimamente se hablaba de un posible compromiso: los tres candidatos se retirarían a favor de un cuarto, el exministro de comercio de Nueva Zelandia, Philip Burdon.
–Fueron rumores. También se habló del exprimer ministro de Nueva Zelandia, Mike Moore. Tal como acaba de reiterarlo el embajador francés Jean Bonnecorse, no estamos dispuestos a retirarnos. Bonnecorse expresa el punto de vista europeo, ya que ahora Francia preside la Unión Europea.
–Por lo tanto sigue la contienda…
–Más que nunca.
–Pero también la OMC sigue atrapada en un callejón sin salida…
–Habrá salida, no se preocupe.








