Mientras en Estados Unidos el rescate financiero de México es motivo de controversia pública –el presidente Clinton y el Congreso como protagonistas– y gana los principales espacios de los medios informativos, aquí el gobierno calla: El presidente Ernesto Zedillo elude su discurso económico y el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, nada informa de sus gestiones de esta semana en Washington ni de las negocicaciones, aquí en México, con los funcionarios del Fondo Monetario Internacional.
El presidente Zedillo optó por no abundar en público sobre temas económicos, para no crear más inquietud en los mercados financieros. Sus últimas intervenciones públicas, en las que hablaba de lastres heredados y vulnerabilidades en la economía, habían sido factores de inestabilidad en los mercados bursátiles y cambiarios nacionales y de desconfianza en el exterior. A tal grado lo fueron que la semana antepasada tuvo que corregir su discurso para señalar que la economía goza de solidez estructural.
Esta semana de plano ya no abordó en público temas económicos. Sostuvo reuniones con las dirigencias nacionales de los principales partidos políticos, y también con grupos de empresarios y organizaciones sociales. En todas, hizo amplias exposiciones sobre la forma en que el gobierno está enfrentando la crisis financiera provocada por la devaluación. Pero fueron reuniones privadas y, de sus palabras, la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia decidió no ofrecer a la prensa, contra lo que venía haciendo, la versión estenográfica de su discurso. En ocasiones, no siquiera extractos en los que se refiere a temas económicos.
El lunes 16, el presidente Zedillo se reunió en Los Pinos con la dirigencia nacional del PRI, así como con los integrantes de las fracciones parlamentarias en el Senado y en la Cámara de Diputados del mismo partido. Al término, María de los Angeles Moreno, presidenta del CEN del PRI, dio una conferencia de prensa para informar de lo platicado con el Presidente.
Depuró contenidos y matizó tonos del discurso presidencial. Admitió que el mandatario “habló al partido mayoritario con toda la veracidad, en algunos casos con la crudeza que amerita el entendimiento y el esfuerzo adicional que se solicita a los mexicanos”. Pero no reprodujo los dichos que documentaran ello.
Por ejemplo, omitió que al hacer un recuento de los últimos acontecimientos y detallar lo que ha hecho el gobierno para enfrentar la crisis, el presidente Ernesto Zedillo reconoció:
“No es la mejor manera de iniciar un sexenio. Es evidente que superar la crisis requerirá de un gran esfuerzo de todos; es una tarea que requiere una enorme capacidad de comunicación. Es una batalla en la que todos tenemos que dar”. También, que enfrentar la grave crisis que atraviesa el país “es un asunto de unidad, de seguridad y de cohesión en torno a los más altos intereses de la nación”.
De acuerdo con la versión de María de los Angeles Moreno, el presidente Zedillo habría salido al paso de las acusaciones recientes, en el sentido de que está poniendo en riesgo la soberanía del país, toda vez que su gobierno, por el paquete financiero internacional, ha dado en garantía los ingresos por la venta de petróleo.
Moreno dijo que el presidente Zedillo fue contundente al señalar que “en ninguna de las negociaciones con el exterior se estaría poniendo en riesgo, en modo alguno, la soberanía nacional”; que el país conserva su pleno arbitrio sobre sus recursos fundamentales y sobre el destino que da, dará, a sus recursos; que “mantenemos en nuestra política exterior la misma línea de colaboración, sin hostilidades ni exclusivismos, pero siempre manteniendo y fortaleciendo la soberanía nacional”.
“Esto resulta muy importante destacarlo –dijo la dirigente nacional del PRI–, sobre todo a la luz de que próximamente será considerada en las Cámaras de Senadores y Diputados una modificación a la fracción cuarta del artículo 28 constitucional, para abrir a la inversión privada el acceso a los ferrocarriles y al sistema satelital.”
Esta reforma, puntualizó, “de ninguna manera implica poner en riesgo la soberanía o abrir la inversión, o sacar fuera del arbitrio del Estado mexicano cuestiones como las de energéticos”.
“Petróleos Mexicanos y electricidad permanecen en manos del Estado mexicano”, dijo que aseguró el presidente Zedillo.
Entre martes y miércoles, el Presidente envió al Congreso cuatro iniciativas: una que excluye los ferrocarriles y la comunicación vía satélite como áreas estratégicas reservadas al Estado; otra para permitir una mayor presencia de la inversión extranjera en las instituciones financieras; otra para reformar la Ley Orgánica del Poder Judicial, y una más para reformar la Ley de Ingresos de la Federación para 1995.
En esta última, el presidente Zedillo pide que el Congreso autorice al gobierno, adicionalmente al endeudamiento externo neto original por 5,000 millones de dólares –unos 17,500 millones de nuevos pesos al tipo de cambio estimado para fin de año–, a “contratar créditos o emitir valores en el exterior con el objeto de canjear o refinanciar los valores gubernamentales denominados Bonos de la Tesorería de la Federación (Tesobonos), hasta por su monto en circulación a la fecha en que entre en vigor esta disposición”. (Actualmente, según la Secretaría de Hacienda, hay en circulación Tesobonos por 29,000 millones de dólares).
El jueves 18, Zedillo recibió en Los Pinos a la dirigencia nacional del PAN. Y de la misma manera que con el PRI, fue privada y sólo se dieron a conocer algunos estractos de su discurso, sobre todo aquellos en los que –sin informar detalles de las negociaciones económicas en Washington– asegura que no está en juego la soberanía nacional.
Tampoco lo hizo el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, a su regreso de Washington. Estuvo allá –con el canciller José Angel Gurría, que se quedó, y con el gobernador del Banco de México, Miguel Mancera– del domingo al martes. Del miércoles en adelante se reunió con las fracciones parlamentarias de los partidos representados en el Congreso. Reuniones privadas todas. Nada de información al público.
Un sondeo entre legisladores de varios partidos, que se reunieron con Ortiz, revela que el secretario poco precisó sobre las reuniones con autoridades estadunidenses, y nada nuevo aportó de lo que ya se conoce por filtraciones de la prensa de ese país. Reiteró que el gobierno mexicano no iba a aceptar condicionamientos de tipo político, no siquiera económicos que no estén contemplados en el Programa de Emergencia Económica.
Diputados perredistas que el viernes se reunieron con él, señalaron a Proceso que el secretario se mostró preocupado porque la prensa estadunidense informó con cierta contundencia que tendrán que pasar dos semanas para que el Congreso apruebe el paquete de aval crediticio del gobierno estadunidense. “Yo tenía entendido que la aprobación sería la próxima (esta) semana”, les dijo Ortiz.
Luego de que el secretario les informó que aún no se llega a ningún acuerdo con el Fondo Monetario Internacional –”no hemos firmado ninguna carta de intención; no hay memorándum técnico”–, los diputados perredistas le preguntaron sobre qué haría el gobierno si el Congreso norteamericano finalmente no aprueba el paquete de ayuda a México, o bien si los condicionamientos son inaceptables.
“Tenemos alternativas”, les dijo no muy convencido el secretario, y refirió que de todos modos el gobierno emitirá bonos de deuda a largo plazo, pero con el aval de la banca comercial, aunque tengan un mayor costo financiero.
“A mí me dio la impresión de que el gobierno está sumamente preocupado; que no tienen cómo responder si efectivamente el Congreso norteamericano no respalda el aval crediticio”; dijo el diputado perredista Saúl Escobar. Agregó:
“Yo vi muy agobiado al secretario. El encuentro nos dejó una sensación de incertidumbre muy grande. Otros funcionarios nos han comentado que la situación política del país está afectando gravemente a la economía. Por ejemplo, el problema de Tabasco no genera ninguna buena noticia económica. Al gobierno se le está complicando mucho el panorama, por todas partes.”








