Para Sergio Vela, director del Festival Internacional Cervantino, la posibilidad de llevar a cabo un evento de alta calidad artística en período de crisis es una encrucijada.
Después de respirar profundamente, dice: “Es difícil hacer el FIC en esta situación, no quisiera ponerme en el papel de víctima ni de héroe que va a sacar esto adelante de modo totalmente airoso. Yo creo que se necesita primero optar por una disyuntiva: o se baja la calidad o se hace un festival más pequeño. Creo que la opción es a todas luces la segunda, o sea, disminuir el tamaño del festival, si es que llega a ser necesario. Bajar la calidad sería terminar con la razón de ser del FIC”.
Entrevistado en su oficina de la colonia Roma, Vela explica a Proceso los problemas que ponen en jaque al festival artístico más importante del país, su apreciación del fenómeno cultural artístico en general, y las opciones que tiene en mente para buscar la permanencia del proyecto que encabeza desde hace dos años y medio.
A la espera de la estabilidad económica, y de la notificación oficial de su presupuesto 1995 para poder concretar las contrataciones de los artistas que participarán en la edición XXIII del FIC, Vela insiste en su postura:
“Yo creo que estamos obligados a darle al público lo mejor que se pueda; si nos alcanza para dar 75 espectáculos como tuvimos el año pasado, qué bueno, si nos alcanza para 40, pues que sean 40 buenos espectáculos. Pero de ninguna manera bajará la calidad. Ya asumí la disyuntiva y lo hice a favor de la calidad, no a favor de la cantidad. Si en algún momento las circunstancias parecieran obligarme a tomar otra decisión, creo que no tendría nada que hacer al frente del festival.”
Para él, la razón de su vehemencia es muy sencilla de explicar: “No creo en ese tipo de proyectos donde impera la cantidad sobre la calidad. Para mí es muy importante estar comprometido anímica, emocional e intelectualmente con una forma de ver la necesidad artística. Creo que dice mucho más un muy buen espectáculo que 10 espectáculos de calidad dudosa.
Esto significaría que “a lo mejor nos vemos obligados a reducir el número de 19 días a 2 semanas, a diez días, no lo sé. No lo puedo decir en este momento, porque desconozco, primero, el alcance de la devaluación. Hay que decirlo claramente, la devaluación en la proporción en que se llegue a estabilizar, ya sea un treinta, cuarenta o cincuenta por ciento, lo que sea, afecta inmediatamente mi capacidad de contratación artística internacional, exactamente en la misma proporción”.
Sin querer adelantar los eventos artísticos que se planean para este año porque “la programación en esta etapa no está totalmente definida” y además “no quiero crear falsas expectativas”, precisa: “Necesitamos evaluar y esperar que se asiente el mercado cambiario, que se sepa de cuánto va a ser la inflación y de cuánto va a ser la reducción presupuestal, misma que a la fecha no conozco, para entonces poder armar la programación de modo definitivo”.
Por fortuna, señala, “no se han firmado compromisos internacionales, porque hubiéramos tenido que echar por tierra algunos de ellos y creo eso sería muy grave porque se pondría en entredicho el nombre del festival, que a nivel internacional ha alcanzado alturas insospechadas”.
Explica el funcionario de tan sólo 30 años de edad: “La inflación afecta, en la proporción en que se dé, mi pago de servicios generales, servicios técnicos y los materiales que necesitamos para hacer el FIC. Esto, más el encarecimiento inflacionario de los honorarios artísticos nacionales”.
Así, para él, la posible solución ante el nublado panorama es “hacer un ejercicio de imaginación con un criterio cualitativo que permita que el FIC siga viviendo como el festival artístico más importante de México, aunque atraviese por un período en que tenga que ser un festival más pequeño.
“Quisiera ser muy enfático en esto: en un momento dado no es malo tampoco que el FIC decrezca cuantitativamente, lo importante es que continúe y siga ofreciendo diversidad y calidad”. Tal criterio le es fundamental y norma todo su proyecto, pero aclara: “Esto no significa que el festival sea minúsculo ni mucho menos, sino que se privilegia de algún modo la calidad de los distintos espectáculos de los distintos componentes de la programación, para ofrecer al público lo mejor que esté a nuestro alcance. La nota definitoria de nuestro espíritu de trabajo se reduce, insisto, a dos palabras: calidad y diversidad.
“La diversidad –explica– es una regla de oro, porque no se trata de un festival temático con una exclusividad en una sola de las disciplinas artísticas.”
Al mismo tiempo, otro de los elementos que afirma tener a su favor “es la importancia de que el FIC se lleve a cabo desde hace 22 años en Guanajuato. Porque un festival como el Cervantino, en la Ciudad de México, se diluiría por el tamaño de la ciudad; en Monterrey y Guadalajara pasaría lo mismo.
“Guanajuato es la sede idónea porque cuenta con infraestructura teatral, es una ciudad de atractivo turístico que de alguna forma el FIC impacta, transforma y modifica. Hay una alteración de la vida normal, esto en el mejor de los sentidos. Claro que hay una serie de situaciones que pueden considerarse perniciosas pero eso no es tema de nuestro trabajo.”
Con 44 personas como plantilla fija para su organización previa, el FIC se encuentra integrado en 3 direcciones de área: planeación, difusión, administración, y una coordinación, así como en las subdirecciones de: información; programación de espectáculos; actividades académicas; proyectos especiales; recursos materiales, y recursos financieros.
Durante el transcurso del festival se hace contratación de personal eventual, “no contamos con una plantilla de técnicos permanente ni edecanes, los cuales se contratan sobre las necesidades derivadas de cada programa artístico”.
El trabajo se divide, a decir de su director, en tres grandes segmentos: “La preparación del festival, que abarca la primera parte del año, hasta el anuncio de la programación oficial. En segundo lugar estaría el calentar motores y la propia realización del festival, y por último, el cierre y evaluación de cada una de las secciones festivas”.
Con una organización que requiere de aproximadamente un año, Vela desmiente la idea de que se requiera “de unos cuantos meses para hacerlo todo. Es una falsa apreciación del enorme trabajo que hay que hacer”. Enfatiza: “Primero hay que imaginar el programa, ver qué se quiere ofrecer. Empezar a buscar los distintos proyectos y canalizar los que espontáneamente llegan aquí por diversas vías.
“Después viene la negociación, económica y técnica, así como la determinación de las condiciones de viaje, hospedaje y requerimientos técnicos, y el establecimiento concreto de las posibilidades financieras, técnicas y de logística. Finalmente la información se captura y se realizan los contratos.”
Las dificultades apenas comienzan: “Pasamos entonces al terreno de lo real. Cómo lo vamos a hacer, cómo vamos a lograr que tal o cual petición o requerimiento técnico de un grupo se logre”. Subraya:
“No todos los grupos viajan con todo su equipo técnico, en muchas ocasiones, además de utilizar el equipo propiedad del festival, y el de los distintos foros de Guanajuato, tenemos que rentar equipo adicional. El año pasado, por ejemplo, tuvimos un festival extraordinariamente complicado en materia técnica, vinieron grupos muy grandes, de requerimientos muy importantes y modernos. Cada año varían esas necesidades.”
De manera paralela, existen otros proyectos que se tienen que prever con muchos años de anticipación. “Este año, la mayoría de los eventos que se van a ofrecer vienen siendo recibidos, estudiados y planeados desde 1993 e inicios de 1994”.
Al mismo tiempo existen otros, como los musicales, que son menos complicados en materia técnica, pero que en ocasiones son difíciles de realizar porque las agendas de los artistas en múltiples ocasiones están muy comprometidas: “Es el caso de Maurizio Pollini, que tiene comprometidos todos los octubres en el Festival de Berlín, de aquí a que se le termine la vida. Su respuesta siempre es la misma: por favor, no insista más”.
Existen también las empresas irrealizables, aquellas que son imposibles prácticamente por su elevado costo o por sus complicaciones técnicas. En el primer caso, dice, hay que tener muy claro cuánto se está dispuesto a pagar. Cita el caso de Pina Bausch, que era un proyecto que si no se hubiera contado con el apoyo oficial alemán, difícilmente se hubiera hecho: “Por fortuna tenemos una relación de gran amistad, confianza, credibilidad e incluso afecto personal con los funcionarios del Instituto Goethe. Alemania es un país que siempre ha promovido la vida artística y nos ayudó de una manera fundamental. Aún así tuvimos que aportar 90,000 dólares”.
Al mismo tiempo, en ciertas circunstancias, afirma, “los costos de artistas internacionales con grandes nombres pueden variar para convertirse en proyectos más accesibles, entonces se puede negociar fácilmente. Te podría decir que una semana completa de un grupo como el de Lindsay Kempt, con toda su compañía y dando cinco funciones, cuesta menos que un solo recital de la cantante Jesse Norman. El mercado internacional es muy caro y difícil”.
Entre los artistas que han bajado sus precios para venir a México se encuentran: el pianista Cyprien Katzaris, el director italiano Guido Guida, los músicos Johannes Goritzky, Kim Kashkashian, así como la compañía teatral canadiense Carbono 14, y el caso del destacado cantante mexicano Ramón Vargas, que posiblemente se presente este año: “Le pedí bajar sus honorarios y está de acuerdo en hacerlo. No va a venir a regalar su trabajo, no tiene por qué hacerlo, es un artista profesional, pero sí hay una disposición a aceptar un pago menor al que aceptaría en otros foros internacionales, desea que lo oigan cantar en su propio país”.
A pesar de todas las negociaciones posibles, al FIC la crisis le afecta en todos sus rubros: “difusión, contratación de artistas, renta de equipos, adquisición de infraestructura, transportación internacional, transportación local, impresos. Todo se ve alterado, lo único que se salva son nuestros activos”.
Por esta razón, comenta, “nos tenemos que ajustar a la realidad. Sería gravísimo que pretendiéramos imponer un criterio que fuera en contra de la realidad urbana, económica y sociológica que estamos viviendo. Hay que jugar con las circunstancias que nos toca vivir. No significa esto que seamos conformistas, de ninguna manera es así.
“Espero que la crisis económica, como se ha dicho, sea transitoria y permita que el FIC mantenga su perfil y también su dimensión. Pero estoy seguro que el público, los medios y todo mundo entendería fácilmente y aceptaría un criterio cualitativo por encima del cuantitativo.”
Otra estrategia que pretende implementar Vela es la de racionalizar la presencia de los artistas, “que los que vengan presenten más actividades. En lugar de que un solista participe en uno o dos conciertos, que haga tres o cuatro actividades distintas”.
A pregunta expresa sobre la posibilidad de canalizar aún más los convenios internacionales, Vela responde: “El FIC tradicionalmente se ha aprovechado, en el mejor sentido de la palabra, de los convenios internacionales que México suscribe con otras naciones en materia cultural y artística. Convenios mediante los cuales los países pueden ofrecer apoyos financieros, técnicos, ayuda para viajes o los mismos honorarios. A veces se incluyen todos los gastos pagados y el FIC sólo paga el hospedaje, eventualmente contamos también con gastos de mano o viáticos para los artistas durante su estancia aquí.
“¿Cuál es el gran riesgo que hay con los convenios internacionales? Como es natural, las distintas naciones no promueven necesariamente a los artistas de mayor jerarquía, porque éstos no requieren de la promoción oficial. Puede haber artistas de gran talla o grupos que representan de algún modo la cultura nacional o un estilo, las artes folklóricas por ejemplo. Es frecuente que las naciones amigas estén dispuestas a apoyar grupos folklóricos porque representan, de algún modo, sus propias tradiciones y sirven mucho de presencia internacional, esto es totalmente comprensible.”
El gran riesgo estriba, según él, en que “se pudiera perder en algún momento la calidad. No sólo porque puede darse el caso que haya proyectos que no alcancen el estándar de calidad que el FIC pretende ofrecer, sino porque puede darse también el caso en que cinco países ofrezcan cinco compañías de danza contemporánea con un estilo similar o lo único que se ofrezca sea danza folklórica.
“Pero también hay que decirlo con todas sus letras: cada día hay menos apoyos internacionales. Antaño era posible obtener, sobre todo de los países de Europa del Este, y en específico de los regímenes socialistas, un enorme apoyo a la vida cultural y a los grupos artísticos. Podía uno recibir de la exUnión Soviética un espléndido grupo de teatro totalmente subvencionado. La situación económica mundial no permite esto actualmente, es decir, los apoyos aparecen solamente en cierta medida.
“Desde luego el propósito de mi dirección es mantener los beneficios de los intercambios culturales, pero no pueden ser de ninguna manera la única vía para armar una programación. Actualmente podemos decir que sólo un 15 al 18% de ésta se arma con base en intercambios culturales.”
Al mismo tiempo, el apoyo de empresas y organizaciones particulares para el FIC no es tan amplio, “hay que reconocer anticipadamente que la cultura nacional, la cultura mexicana no es al estilo estadunidense, en el que si el particular no paga el arte, nadie lo va a pagar. El Estado mexicano ha tenido una responsabilidad para la promoción artística, que me parece muy saludable que siga teniendo, que debe de continuar. Esto no significa que se excluya a los grupos particulares. Creo que lo ideal es obtener un esquema de coparticipación, un esquema mixto en el cual el Estado apoye y los particulares también. Asimismo hay muchas empresas o individuos que prefieren canalizar sus recursos a necesidades, sociológicamente hablando, más imperiosas: en un país con tanta diversidad y con tantos lastres de pobreza, es comprensible que muchos de ellos piensen que, antes de patrocinar un espectáculo artístico, está otro tipo de prioridades.
“Sabemos que la realidad mayoritaria del país es de un ingreso económico muy bajo, eso hace que muchos particulares opten por la caridad antes que los proyectos artísticos y culturales. Es previsible también que la iniciativa privada en una situación crítica vaya a tener una menor capacidad de respuesta. Seamos realistas, no se le puede pedir a una empresa que tenga en este momento una situación financiera poco saludable, que además de todo apoye la vida artística.”
A pesar de que la participación privada ha sido limitada, advierte Vela que además existen tendencias que minimizan la importancia del arte: “También hay que reconocer y valorar que la labor artística y cultural tienen una función pedagógica fundamental. De ninguna manera son un lujo ni actividades suntuarias.
“El hecho de que poca gente, proporcionalmente hablando, haga uso y disfrute de los bienes y servicios artísticos y culturales, significa simple y sencillamente que hay ciertos temas que por su propia naturaleza van encaminados a un menor público y esto no tiene nada que ver con la capacidad económica. No hablemos de elitismo por favor.”
Apasionado por el tema, cita un ejemplo: “Sabemos que el Palacio de Bellas Artes tiene menor cupo que el Estadio Azteca, porque hay menos público para el arte que para el futbol. Es decir, este fenómeno es una realidad mundial, no es una realidad mexicana. No estamos inventando ni descubriendo el hilo negro. Pero el futbol no le quita importancia al arte, no le quita seriedad, ni trascendencia. Al contrario, creo que uno de los remansos que puede haber en una época crítica de cualquier nación o sociedad, es la vida artística, en ella es donde frustraciones y anhelos se vivencian.
“Es donde lo mejor del ser humano queda plasmado. La actividad intelectual, encaminada hacia el arte, es una de las fuentes de fraternidad, alegría, capacidad de reflexión, crítica, reflexión histórica, etcétera. Creo que en ese sentido la cultura, y las artes específicamente, cumplen una labor que nunca debe de olvidarse.”
Así, para Vela, es fundamental continuar el FIC con la idea de “mantener un espíritu abierto hacia las manifestaciones de la cultura contemporánea. Para mí es fundamental no pensar que estamos subvaluados culturalmente, no considerar que no tenemos la jerarquía artística para competir con las figuras internacionales que se presentan, sino ser más selectivos, es decir, aun en los proyectos nacionales, ofrecer lo mejor de la actividad artística que tiene México.
“Hay que aprovechar el momento de esta charla para decir que estamos devaluados económicamente, pero ni intelectual ni culturalmente estamos devaluados. El nombre de la cultura mexicana tiene mucho peso a nivel internacional: no debemos sentirnos menos.”








