El futuro de la industria cinematográfica mexicana “no puede limitarse a la coyuntura de los problemas de liquidez”: Lozoya, nuevo director de IMCINE

Especialista en asuntos orientales y de la Cuenca del Pacífico, formado en la desaparecida Unión Soviética, en Stanford y en El Colegio de México, Jorge Alberto Lozoya fue el “caballo negro” en la carrera por la Dirección General del Imcine, en sustitución de Ignacio Durán. En la pista se quedaron Diego López, director de los Estudios Churubusco y el realizador Alejandro Pelayo, este último candidato de Gabriel García Márquez.
Sobre la devaluación y sus efectos, el nuevo responsable del Imcine afirma que aquella afectará al cine mexicano “en la misma medida que afecta a toda la vida nacional, es decir, plantea a la producción cinematográfica nuevos costos, pero que están dentro del proyecto integral de la participación del sector privado, como de los trabajadores, en un periodo de ajuste de la economía nacional”.
Minutos después de tomar posesión del cargo, en una sencilla ceremonia presidida por Rafael Tovar y de Teresa en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, Lozoya acepta hablar con Proceso de la situación que enfrenta la industria cinematográfica mexicana.
Sostiene que “hay un factor que vincula crisis y cine de una manera que a mí me parece creativa e importante: el cine, como medio excepcional de la comunicación de nuestra época, tiene un papel fundamental en la consolidación de los valores y las actitudes de las sociedades. Por eso, paradójicamente, en momentos de crisis, las principales sociedades del mundo, las que tienen una mayor fuerza civilizacional, y México es sin duda una de ellas, han fortalecido su industria cinematográfica, entendida en ese macroconcepto de la transformación de la imagen y la comunicación”.
En este sentido hace un recuento: “La gran depresión de 1929 en Estados Unidos estableció la eclosión y la expansión de la industria cinematográfica; la Segunda Guerra Mundial replanteó la industria cinematográfica de Francia e Inglaterra. Algunos de los momentos más difíciles de la historia contemporánea de China están punteados por un avance extraordinario de la vida cinematográfica; y todos los momentos de consolidación y avance del Japón tienen una lectura en su avance cinematográfico”.
–¿Y en el caso de México?
–Independientemente de la complejidad de la crisis económica de un país, cuando hay un liderazgo político, cuando hay una sociedad consciente de su propia problemática, este país necesita profundizar en la problemática de sus lenguajes de comunicación social. La economía, para los que no somos economistas, es sólo uno de los factores de la existencia, no es la existencia misma. Ahora bien, es el caso de la Segunda Guerra Mundial: El momento de la consolidación de la nueva identidad, empujada por el cardenismo, es el inicio del afianzamiento de los lenguajes cinematográficos de México. El 68, con todas sus limitaciones, con toda la problemática que mi generación vivió, significó –para quienes han hecho del cine su profesión, su pasión, su trabajo– una relectura a profundidad del papel del cine en México.
Concretamente, agrega Lozoya, una situación económica difícil “puede detonar, en el sector de la comunicación y de la cultura toda, un nuevo impulso a la creatividad artística, al planteamiento de la temática social y política en los medios de comunicación y los del arte; y generar, por ende, empleo y ocupación para quienes hacen de las artes su modus vivendi”.
El mismo día que Lozoya fue designado, la presidencia del CNCA ratificó a Diego López como director de los Churubusco, nombró al historiador José Iturriaga como director de Culturas Populares, en lugar del etnólogo José del Val, y a Salvador Villaseñor como su nuevo contralor.
La designación de Lozoya al frente del Instituto Mexicano de Cinematografía causó sorpresa, dada su poca experiencia oficial en el área. De acuerdo con el comunicado número 23 del CNCA, “Jorge Alberto Lozoya se desempeñó como director en jefe para Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Anteriormente ocupó la Dirección de Asuntos Internacionales de la SEO y fue secretario de la Comisión Nacional para la UNESCO. Lozoya conceptualizó la exposición internacional Re-Visión del cine mexicano y es autor del libro del mismo nombre”. Nada más.
Entre lo que no se menciona está el hecho de que fue Jorge Alberto Lozoya quien, en septiembre de 1991, destapó los vicios “modernos” del sistema político mexicano (Proceso 775), al participar en el Primer Curso-Taller sobre Modernización de la Administración Pública, realizado en las instalaciones de la Universidad Anáhuac.
En aquella ocasión, Lozoya impartía cátedra ante 20 funcionarios de países centroamericanos… y un reportero. Dijo, entre otras muchas cosas: con el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), el presidente Carlos Salinas incurrió en “competencia desleal” con los partidos políticos, pero estuvo a tono con el programa de inserción en la economía mundial; que el PRI ganó más de lo que debía (ese año fueron elecciones federales) y que tendría que dar respiración de boca a boca a la oposición; que la prensa no sirve para nada y es la televisión la que tiene influencia.
Siete meses después, Jorge Alberto Lozoya se estrenaba como cónsul de México en Sevilla.
En la entrevista, el funcionario sostiene que sus antecedentes con el cine “son un poco más complejos” que la sola Re-Visión del cine mexicano: “Trabajé en el área de guionismo, he escrito mucho para cine y para cine en televisión, pues mucho de la televisión documental se hace en cine. Trabajé en la Unidad de Televisión Educativa y Cultural de la SEP, a la que Durán le dio un perfil que la llevó a su época de oro. Colaboré con él ahí, y luego en otras áreas. La última, como director en jefe de asuntos culturales de la Cancillería, donde la difusión del cine es prioritaria. Trabajé estrechamente con el Conaculta y con Imcine. En ese sentido estoy cerca del medio, en el que tengo muchos amigos, con los que a lo largo de años, y durante largos periodos, hemos discutido e intercambiado ideas sobre el futuro de la industria”.
La visión del cine que tiene Lozoya va mucho más allá de los presupuestos o la distribución o las grillas. Aunque no especifica la manera de hacerlo, sostiene que México “tiene mucho que decir en el manejo universal de la comunicación masiva”. A nivel internacional, “el avance tecnológico de los diversos lenguajes no divide ya entre televisión y cine. Son los tiempos de la Supercarretera de la Información, que va del satélite a la fibra óptica, pasando por las nuevas formas de la tecnología del video y del cine, hasta el compact disc”.
Se ha transformado, dice, el lenguaje integral de la comunicación en el mundo.
–¿Cuenta México con la infraestructura necesaria para esta “aventura”?
–No me refiero sólo a los medios tecnológicos que se adquieren, sino al gran debate, a nivel universal, de la mejor, más justa y equitativa distribución de los fenómenos de la comunicación. Este, por cierto, es uno de los temas que estará presente en la Organización Mundial de Comercio y que ha dado lugar a un renacimiento, significativamente en Europa, de la conciencia sobre el papel que tienen el cine, la televisión, y la comunicación en general. A la cabeza de este debate se encuentra el cerebro privilegiado del presidente francés Francois Mitterrand que diagnosticó, de una manera brillantísima hace apenas unos meses, que el reto para Europea, y para la humanidad, significa replantear el papel que la comunicación tiene en el establecimiento de las civilizaciones del nuevo siglo.
“Esto convoca, necesariamente, la presencia de América Latina, y dentro de América Latina, un papel protagónico es para México. Lo sabemos los mexicanos, lo sabe el mundo. Uno de los grandes temas, antes del fin de siglo, será el de la cinematografía como medio, como industria, como mensaje, como lenguaje. Esto me permite presumir que habrá una intensa interrelación entre la experiencia que yo pueda haber adquirido en la televisión y el avance de los lenguajes cinematográficos.”
Para Jorge Alberto Lozoya, son tres los niveles esenciales que deben tomarse en cuenta respecto del cine: como arte, como industria y como una parte fundamental de la identidad de México. A partir de ahí, delimita el papel del Imcine:
“En primer lugar, el instituto no maneja la industria. Imcine es un instrumento de la política cultural del gobierno de México, y está claramente delimitada su función en el ámbito de la creación, de la elevación de la calidad y de ciertos aspectos importantes de la normatividad de la producción cinematográfica.”
Agrega: “Nadie dentro del mundo del cine presume o asume que el instituto sea el centro o el rector del quehacer cinematográfico. Nadie supone que Imcine liderea la industria. La industria no necesita un liderazgo universal, necesita del trabajo y la experiencia compartidos del Estado, de los trabajadores del cine, de los productores”.
De regreso al tema de la crisis económica por la que atraviesa el país y su repercusión en la industria cinematográfica, el nuevo titular del Imcine explica que el problema de la producción está vinculado a los problemas del mercado internacional de la cinematografía, específicamente, señala, “el enorme espacio que la comunicación fílmica estadunidense ocupa en el mercado mundial del cine y que es un problema que preocupa a Francia, España, Inglaterra, Alemania…”.
Es por esto que el futuro de la industria cinematográfica mexicana “no puede limitarse a la coyuntura del momento actual de los problemas de liquidez o de presupuesto. Es un reto de enorme complejidad que, por cierto, todo el que está en la industria lo conoce”. De ahí, su insistencia “en la lectura universal del fenómeno y el presumir que mi experiencia como internacionalista creo que de alguna manera puede contribuir a lo que pueden ser algunas de las respuestas, de las alianzas, algunas de las acciones fuera de México y con los sectores de la industria mexicana y con los de otros países para organizarnos”.
–¿Será que con la devaluación, México se hará más atractivo, por barato, para que los grandes estudios vengan a filmar?
–Sí, siempre y cuando se den otras condiciones: que siga la reestructuración de los Estudios Churubusco; que siga la “desburocratización” de la industria, esto es, hacerla más eficaz, más eficiente y más barata; y que tengamos la habilidad, entre todos, de traer producciones a nuestro país. La industria tiene que tener una eficiencia de producción y de mercado. La posición del Imcine en este sentido es propiciar con fórmulas, con imaginación, con negociación, el que esto suceda.
Sin embargo, Jorge Alberto Lozoya reitera que hay una crisis general en la industria cinematográfica internacional, incluido Estados Unidos. “En todos los círculos cinematográficos del mundo se considera que no puede seguir estirándose la cuerda de la supermacroproducción multimillonaria, como el único eje para la creación del mercado del cine del siglo XXI, que está monopolizado por un número muy pequeño de intereses”, afirma y explica: “En los propios Estados Unidos se ha descentralizado la producción cinematográfica, la cual sale de los grandes estudios, se hace con costos muy bajos, en comparación a lo que fue la etapa de los años ochenta y los primeros noventa de la excesiva concentración de recursos financieros y tecnológicos. Entonces, hay un replanteamiento de cómo se puede hacer más y mejor cine en el mundo”.
–¿En tiempos de crisis, la gente va al cine?
–Claro. Ese es un tema muy intenso de sociología de la cultura. Las crisis, sobre todo las económicas, plantean una necesidad imperiosa de servicios de entretenimiento y arte.
Este punto da pie para hablar sobre el talón de Aquiles del cine mexicano: la distribución y exhibición de las películas nacionales.
Lozoya sostiene que ha pasado ya la crisis de que la gente no iba al cine. “La gente está volviendo al cine en el mundo. Los constructores de salas cinematográficas, los distribuidores están encontrando nuevas formas y nuevas tecnologías para atraer al público de una nueva generación a las salas cinematográficas”.
No obstante, reconoce que “se va a tener que negociar y trabajar activamente para que se puedan obtener, dentro de una economía de mercado, mayores espacios para la producción cinematográfica mexicana”. Y advierte: “Lo que toda la industria en México, y en otros países del mundo, sabe es que esto no puede ser por imposición. Si no se recuperan los mercados nacionales, no podría ser por mandato o norma burocrática que los exhibidores proyecten, a forziori, películas nacionales. Eso es un estadio del avance la industria cinematográfica superado en México y en Francia”.