MOSCU.- La primera gran ofensiva de las tropas rusas contra Grozny empezó en la noche del 31 de diciembre, a las 0:30 horas. Sin duda el ministro de la Defensa quería regalar al presidente un informe victorioso desde Chechenia. Pero en lugar de una victoria grandiosa, fue una derrota vergonzosa.
Las tropas rusas fueron enviadas a Chechenia sin plan de batalla, sin mapas, sin objetivo preciso. Se contó con las fuerzas blindadas que, sin la cobertura adecuada de la artillería que debe acompañarlas, se transformaron, en un contexto urbano, en blancos poco móviles. De hecho, el fracaso del 26 de noviembre se repitió (los tanques rusos, oficialmente bajo las órdenes de la oposición chechenia, habían intentado en vano derrocar a Dudaiev), pero esta vez los montones de metal calcinado y las montañas de cadáveres de soldados rusos son incomparablemente más importantes.
No veo qué provecho esperaba sacar de esa operación el ministro de la Defensa. Pero veo la amplitud de lo que hemos perdido. El mundo entero conoce ahora el secreto de las Fuerzas Armadas rusas: la reforma de nuestras fuerzas militares, dirigida por el “mejor ministro de la Defensa de todos los tiempos y de todos los pueblos” (dijo Yeltsin a finales de diciembre), se acabó con su derrumbe total. Es aterrador y amargo tomar conciencia que Rusia ya no tiene Fuerzas Armadas, sólo dispone de tropas de opereta, que ya no son capaces de hacer gran cosa.
Es triste, pero es un hecho. Todos los errores cometidos por las tropas soviéticas en Afganistán fueron repetidos en Chechenia: ignorancia completa de las características y de las condiciones locales de las particularidades nacionales, religiosas y otras. Nadie aparentemente se preocupó por planificar esa operación. Todo parece haber sido puesto en marcha al azar, a la manera rusa. Es muy simple: en estos años hemos hablado sobre todo de “retirada” de nuestras tropas (de Europa Central, de los países bálticos, de la ex RDA) y de compras de coches Mercedes Benz, pero todo el mundo se olvidó del arte del ataque y de la utilización de nuestros equipos… El uso de “armas de alta precisión”, como los misiles Uragan, Smertch o Grad, capaces de destruir amplias superficies, y que exterminan sobre todo a los civiles en las aglomeraciones, es totalmente inútil e ineficiente contra pequeñas formaciones móviles.
Por otra parte, esa táctica transforma a los adversarios en verdaderos lobos. Afganistán me enseñó eso: el soldado hoy más intrépido era ayer un campesino apacible. Un día, mientras araba su tierra, una bomba cayó sobre su casa. Su madre, su esposa y sus hijos murieron entre las llamas. El campesino agarró entonces su metralleta y salió a pelear. ¿Qué es lo que lo caracteriza ahora? Su propia vida ya no tiene importancia para él, combate para vengarse, se ha vuelto un lobo que se ensaña con su adversario mientras esté con vida.
Es ese tipo de comportamiento el que el “sabio” Grachov está generando en toda la población chechenia, con sus operativos aéreos bárbaros y sus disparos de artillería. Por mucho que la información oficial repita que se están “desarmando formaciones ilegales de bandidos”, esa agresión se ha convertido para los habitantes de esa república del Cáucaso, en la guerra de todo el pueblo chechenio.
Las tropas de opereta rusas combaten contra un pueblo, y es precisamente eso lo que las condena a la derrota. Vietnam, Afganistán e inclusive Somalia demostraron que no se puede vencer a un pueblo. Hoy en Rusia mucha gente deplora que se esconda el número real de las víctimas. Es lógico: los cuerpos de los muchachos rusos con uniforme se acumulan esperando una victoria que debe borrarlo todo. Hay que saber, sin embargo, que un ejército impotente desde el punto de vista militar puede hacer sufrir a su víctima, más no la puede vencer.
Es probable que sigan los bombardeos y los disparos en Grozny. Ya la ciudad de Argun ha sido borrada del mapa. ¿De qué sirvió todo esto? Grozny ya es una ciudad fantasma, que también se volverá cenizas. ¿Y después, qué? Después ocurrirá lo que ya ocurrió en Afganistán. Una guerra de guerrillas que nunca acabará…
Todo lo que pasa actualmente en Chechenia es un crimen del poder contra su propio pueblo.








