Hizo una maestría en Harvard que no es válida en la UNAM Expulsado y desertor escolar, el titular de Educación no es licenciado ni doctor

–Mejor dígame maestro, para evitar las equivocaciones.
Fausto Alzati, secretario de Educación Pública, saludaba a los reporteros de la fuente invitados a un desayuno-conferencia de prensa, en la que el funcionario ocupó tres cuartas partes del tiempo en aclarar su biografía: no es ni licenciado ni doctor. Sólo obtuvo una maestría en administración pública en Harvard.
“Mejor díganme maestro, me gusta más”. O de plano que lo llamaran por su nombre: “Deberíamos ser el país de la antisolemnidad”.
Y se explayó. No reparó en el tiempo para detallar su biografía, porque “la de los provincianos suele ser un poco más complicada”. Quería que todo quedara perfectamente aclarado. Detuvo otras preguntas para insistir en si nadie tenía más dudas sobre su persona. Dudas propiciadas –según él– por el Diccionario Biográfico del Gobierno Mexicano.
“Cuando se mandó la ficha famosa para ese Diccionario, yo siempre puse que tenía estudios de licenciatura y era candidato a doctor. Alguien lo tachó. Tengo publicaciones de Conacyt, cuando fui designado director, que así lo consignan.”
Sin embargo, la revista de Conacyt, Ciencia y Desarrollo, de marzo-abril de 1991, al informar que Alzati fue designado director de esa institución el 3 de enero, también eliminó la expresión “estudios en” y dejó: “licenciado en derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México”.
–Cuando se percató del error en el Diccionario, ¿mandó la aclaración?
–Palo dado ni Dios lo quita –respondió a esta reportera al término del desayuno.
–¿Ahora lo mandará aclarar?
–Pediré que saquen mi biografía de ese Diccionario.
En la introducción del Diccionario Biográfico del Gobierno Mexicano, editado en noviembre de 1992, los autores explican que para integrarlo enviaron “nuevamente cuestionarios para su requisición a la totalidad de los funcionarios”. Contestó el 85%, y los datos del resto los retomaron de las fichas publicadas en ediciones anteriores.
Alzati pidió a los reporteros decir la verdad, ser honestos, tomar conciencia de la responsabilidad que representa –y sacó su pluma– escribir, ejercer “el cuarto poder”.
Los comentarios que se hacían desde que era director del Conacyt, en el sentido de que no tenía el grado de doctor –a pesar de que siempre se le mencionaba como tal–, se volvieron polémica unos días después de su designación como secretario de Educación Pública: El periódico Reforma informó que en los archivos de la Universidad de Harvard no aparecía el funcionario mexicano con ese grado.
Ante la revelación, el secretario general del PAN, Felipe Calderón Hinojosa, dijo que era preocupante el nivel de deserción educativa en el país, pues incluye ya al propio secretario de Educación Pública.
Pero para Alzati eso no es problema: “Que yo sepa, no es necesario tener cédula profesional para ser titular de la SEP. Si saben algo, háganmelo saber. Pero si se requiere, jamás hubieran sido secretarios Jaime Torres Bodet o José Vasconcelos”.
Y agregó: “Si no disponer de una cédula profesional de abogado me descalifica para ejercer la tarea educativa del país, es algo que deberán juzgar quien designa a los secretarios de Estado y quienes participan en la propia tarea educativa”.
Cursar una maestría sin tener el título de licenciado –no cédula profesional, como insistió Alzati–, en la UNAM y en El Colegio de México no es posible, porque “hay invasión de ciclos”. La sanción puede llegar hasta ser dado de baja.
Pero en Estados Unidos es distinto. En la Universidad de Harvard, a Fausto Alzati solamente le pidieron el certificado de terminación de la licenciatura. Es decir, una constancia de que había aprobado todas sus materias.
“¿Por qué no me pidieron el título? Pregúntenselo a ellos. Si me lo hubieran pedido, me hubiera quedado un año más en México, lo obtengo y luego me voy.”
Posteriormente, hizo estudios de doctorado y al mismo tiempo trabajó como investigador y maestro, porque la beca que le daban no era suficiente y ya estaba casado. Esta beca se acabó y tuvo que regresar a México. Ya no obtuvo el grado de doctor.
Insistió: “Quiero aclarar las cosas. Esto es algo muy personal, y el que sea motivo de escándalo, que haya propiciado esta reacción… quiero que no queden dudas”.
En el Salón Luis Nishizawa –alberga un gran mural de este artista– del edificio de la SEP, en el que se encuentran los retratos de todos los secretarios de Educación Pública, entre los que están grandes pensadores, humanistas y reformadores de la educación en México –José Vasconcelos, Narciso Bassols, Ignacio García Téllez, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Jesús Reyes Heroles–, el secretario más joven que ha tenido esta dependencia contó sin rubor que lo corrieron de la escuela particular donde cursaba el segundo año de primaria, “por mala conducta”.
Sus padres lo metieron entonces a un internado federal, donde iban hijos de soldados, de quienes “aprendí mucho”. Guanajuatense, estudió la preparatoria en la universidad de su estado. Después quería estudiar economía, pero esa institución no tenía esa carrera: “Le pedí muchas veces al gobernador Luis H. Ducoing –con quien colaboraba– que la abriera, pero no quiso”. Tuvo que elegir entre filosofía y derecho. No quería ser abogado, porque “mi abuelo y mi padre lo habían sido”. Estudió tres años la carrera de derecho y se vino a México.
Como tenía que trabajar para mantener a su esposa –argumentó–, entró al sistema de Universidad Abierta de la UNAM para completar sus estudios. Ya laborando en la Secretaría de Hacienda, lo convencieron  de que estudiara una maestría en el extranjero. En dos semanas –dijo– presentó exámenes extraordinarios de dos semestres de la carrera.
Se fue a Harvard a estudiar la maestría.
Como consecuencia de la firma del TLC, se deberá reformar la Ley Reglamentaria del Artículo 5º de la Constitución, también conocida como Ley de Profesiones, con el fin de que los profesionales de México, Estados Unidos y Canadá no tengan necesidad de registrar sus títulos para poder trabajar en cualesquiera de los tres países.
Pero mientras no se realice esa reforma, la maestría de Alzati carece de validez legal en México.
Según el artículo 17 de la Ley de Profesiones, “los títulos expedidos en el extranjero a mexicanos por nacimiento serán registrados por la Secretaría de Educación Pública, siempre que los estudios que comprenda el título profesional sean iguales o similares a los que impartan en los planteles dependientes del Estado”.
Para la UNAM, Alzati no es licenciado y no puede tener el grado de maestro, aunque sí constancias de actualización y diplomas de especialización. Estos –dice el artículo sexto del Reglamento General de Estudios de Posgrado de la UNAM– “no confieren grado académico”.
Tanto la UNAM como El Colegio de México inscriben alumnos en niveles de maestría y doctorado presentando únicamente el “certificado” de terminación del ciclo anterior. Pero tienen que entregar el título después. De lo contrario, se les anulan los estudios de maestría o doctorado, según el caso.
Ser un número más en las estadísticas de los no titulados de la UNAM no preocupa a Alzati. En cualquier momento puede cubrir el requisito: “Nada más que tenga un poquito de tiempo”.
A los reporteros de la fuente educativa les aclaró la diferencia entre título profesional y grados académicos: El primero es una certificación de que se tienen los conocimientos necesarios para ejercer una profesión, que se tiene la calidad necesaria para esa función; los grados académicos, como maestro, lo facultan para dar clases, hacer tareas académicas; y el de doctor “es que se puede hacer investigación original y se domina el método científico; son dos cosas diferentes”.
Para la UNAM no hay tal diferencia: la maestría “tiene como propósitos proporcionar al alumno una óptima cultura científica y humanística; ofrecerle una formación metodológica que lo capacite para la solución de nuevos problemas”, además de “capacitarlo para las actividades de investigación y docencia”.
Durante cuatro años, como director del Conacyt, Alzati tuvo a su cargo el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), al que sólo acceden personas con grados de maestría y doctorado.
Al respecto explicó: “Los requisitos para entrar al SNI no los instituí yo. Tiene un Consejo Directivo que forman miembros distinguidos de la comunidad científica, que son los que fijan las reglas. Hay comisiones evaluatorias, y son ellos quienes modifican y deciden el reglamento; mi función como director general era simplemente afinarlo”.
Ciertamente, para ello no necesita tener doctorado, como José Miguel Yacamán, quien fue su director adjunto en Concacyt, puesto en el que fue ratificado; o maestría en educación y en economía por la Universidad de Stanford, como la de su antecesor en la SEP, José Angel Pescador Osuna; ni siquiera doctorado en economía en la Universidad de Yale, como Ernesto Zedillo, también extitular de la SEP.
Bueno, ni siquiera la licenciatura como médico cirujano de la UNAM, maestría en ciencias por la Queen’s University de Canadá, doctorado en la misma área en la UNAN, estudios de posgrado en el Instituto de Investigaciones Científicas sobre el Cáncer de Francia, o ser miembro de El Colegio Nacional, del Sistema Nacional de Investigadores y Premio Nacional en Ciencias Físico-Matemáticas y Naturales (1986), grados y méritos académicos del doctor Adolfo Martínez Palomo, a quien Alzati dio posesión, el miércoles 11, apenas como director del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional.
Los títulos académicos, para el secretario de Educación Pública, son peccata minuta. Lo importante es lo que se aprendió. Eso dijo.