Una de las estratagemas pérfida, eficaz y constante del priato ha sido la insistencia maliciosa de convocar o hacer entender una presunta unidad nacional. Ernesto Zedillo ha celebrado un acuerdo de unidad con las cúpulas, reales y fictas, para superar la emergencia económica. El día de los Reyes Magros (El Nacional), Cuauhtémoc Cárdenas replicó con un llamado por un gobierno de salvación nacional.
El doctor Zedillo reunió a los principales del poder económico y político para llevarles a firmar, por lo menos firmar, un pacto de los muchos que han ido hundiendo la economía y la moral de la mayoría de los mexicanos. El pactismo ha sido otro artilugio que no ha concertado a fondo a nadie y que ha sido útil para divulgar creencias en que existe solidaridad –la noble palabra e idea que envenenó Salinas de Gortari– entre los habitantes de México, llamados eufemísticamente conciudadanos, compatriotas.
En el acuerdo divulgado, con un laconismo seco, los pactosos recuerdan los informes que aducen enteraron a los sectores productivos. En él dan su cuenta de los sucesos socioeconómicos que quebraron las finanzas públicas y las comunes. Con maquillaje economicista aluden a la fuga de capitales –llamada exceso de demanda de divisas; a la desventura tonta de la apertura comercial que aparejó el atroz déficit de cuenta corriente; al agio internacional, llamadas tasas de interés de los EUA– y se reconoció, tardíamente, que el colapso lo culminó el homicidio de Luis Donaldo Colosio. Este es un crimen político entre priístas.
Después de decir lo que piensan hacer los administradores actuales, examina la situación inmediata y mediata del país y proponen para prevenir y paliar las probables, casi ciertas, se dice aquí “etapas prolongadas de recesión económica, inflación elevada, pérdidas de empleos, y un severo deterioro del ingreso y de los niveles de vida de la población”. Para evitarlos, reclaman un esfuerzo de todos –habría que ver los “esfuerzos” de los capitalistas de los que “sacrifican ganancias” como si éstas fueran personas; a quienes vuelven a sacrificar es a los trabajadores de todo tipo y no a los “capitales” fetichizados dolosamente– y señalan medidas cuyo incumplimiento es incierto dada la crisis de confiabilidad política, interna y externa.
Culminan los pactosos: “El puntual cumplimiento de los anteriores acuerdos permitirá al país superar exitosamente la emergencia económica, renovar (??) la confianza y, en la unidad, alcanzar el crecimiento con estabilidad”. Con las alzas, con la censura informativa (Carlos Salomón), con la reserva internacional, exceptuando voceros oficiales, no se advierte ningún cumplimiento puntual, ni mucho menos.
Cárdenas le entra con su cuerno a la situación grave del país y propone 14 puntos para iniciar una reorientación de la economía y hace una contrapropuesta: moratoria de pagos; renegociación de acuerdos comerciales internacionales; aumento salarial de emergencia; controles de precios; reducción de tasas de interés; un fondo de apoyo para la micro y mediana empresa; apoyo integral al campo; reestructuración de carteras vencidas; una nueva política de comercio para recuperar mercado interno y exportaciones; no reducir inversión y gastos públicos, ni elevar el pago de la deuda; un programa de obras públicas de emergencia; reorientar el gasto público; elevación impositiva a bienes suntuarios; establecer impuestos para las ganancias de capital.
Las posiciones de Zedillo y de Cárdenas son antagónicas, en mucho. Los restos del priato proponen el rescate del pasado, una unidad sin preferencia popular. Cárdenas, el combate socioeconómico, reparaciones, enmiendas mayores. Antes de cualquier elección nacional los ciudadanos pugnarán por unos o por los otros. Debiera ser pacíficamente. Hoy no es probable. La unidad mexicana la fomentará la justicia, no el unionismo forzado, mistificador.








