Un Ejecutivo “distante” y las reformas en puerta agravan la crisis Sin brújula, sin dinero, dividido, el PRI navega a la deriva en pos de cinco gubernaturas y cientos de alcaldías

Con la promesa de realizar lo que sin lugar a dudas será –en este fin de siglo y fin de milenio– su última reforma, el PRI se debate en la peor crisis financiera, económica y política de la historia moderna de México.
Sin brújula, como el país, el PRI navega entre el discurso neoliberal del presidente Ernesto Zedillo y la propuesta, también zedillista, de lograr una “sana distancia” entre el gobierno y el partido de Estado.
Hasta hoy, en plena crisis nacional, el PRI sigue funcionando más como Secretaría de Asuntos Electorales del gobierno –en sus tres niveles– que como organización movilizadora y vanguardista de la sociedad mexicana y de las causas populares.
Ni siquiera ha podido contrarrestar las versiones de que, ante la crisis, “la propia sobrevivencia del gobierno de Zedillo está en duda”. Así lo dice, por ejemplo, La Carpeta Púrpura, publicación de circulación privada que en su edición del 6 de enero afirma que “sólo un milagro parecería poder salvar a su gobierno”.
Ernesto Zedillo, por su parte, pasó de la angustia y la zozobra de cuando fue coordinador general de la campaña de Luis Donaldo Colosio, al amor furibundo y ciego por una organización “anquilosada, llena de intereses y vicios”, pero que tuvo la eficacia operativa de llevarlo al triunfo –para sorpresa del propio Zedillo– en forma menos discutible que a Carlos Salinas de Gortari.
Del desprecio tecnocrático, Zedillo y su club de seguidores –hoy miembros del gabinete presidencial, cuya verdadera alma mater son el Banco de México y las universidades de Estados Unidos– pasaron, merced a las movilizaciones del PRI en campaña, a una gran admiración por el partido que los llevó al poder.
Desde que era secretario de Programación y Presupuesto, y más tarde secretario de Educación Pública, Zedillo se expresaba con desprecio de las organizaciones políticas mexicanas, especialmente del PRI.
Y cuando Colosio lo nombró coordinador de la campaña presidencial, Zedillo nunca ocultó su dolor, su angustia y su furia contra lo que él llamaba los viejos moldes, las peores tradiciones del partido en el poder. Decía que en el PRI campeaban la intriga, la zancadilla, el golpe bajo.
El dolor y la amargura de Zedillo ante las tácticas más sucias del “estilo priísta de hacer política”, se acrecentaron hace un año, cuando sufrió los embates de la fracción mayoritaria del colosismo, encabezada por José Luis Soberanis, hoy senador de la República por Sinaloa.
Hace un año, Soberanis era secretario de Organización del CEN del PRI, representante del partido ante el IFE, coordinador electoral en el noroeste del país, compadre –padrino de bautizo del niño Luis Donaldo– y manejador de los dineros confidenciales de Colosio. En suma, era el hombre más poderoso en el equipo del político de Magdalena de Kino.
Soberanis tenía pugna cerrada con Zedillo, a quien pretendió derrumbar de la Coordinación General de la campaña y confinarlo a la senaduría por Baja California.
En esa pretensión lo ayudaban, entre otros, el coordinador de asesores de Colosio, Samuel Palma, hoy diputado federal por Morelos; Santiago Oñate, en ese tiempo secretario de Asuntos Internacionales del PRI y ahora secretario del Trabajo, y Javier Treviño, actual subsecretario de Relaciones Exteriores, persona cercana al gobernador de Aguascalientes, Otto Granados, y que era asesor de Colosio en materia de prensa internacional.
Por el contrario, entre los pocos aliados del Zedillo coordinador de la campaña estaban Mario Luis Fuentes, Esteban Moctezuma, Oscar Espinosa Villarreal, Antonio Argüelles y Pedro Joaquín Coldwell, quienes en el CEN del PRI ocupaban carteras no vitales en el trabajo político de campaña.
Liébano Sáenz, amigo de Luis Donaldo –había sido oficial mayor de Sedesol–, también fue hostilizado por la crema y nata del colosismo. Inclusive estuvo a punto de ser despedido de la Secretaría de Información y Propaganda del PRI.
Al sentirse agredido, Liébano se replegó y se alineó con el zedillismo. Y después de ese acercamiento recibió la alternativa: el nuevo candidato presidencial lo nombró su secretario particular, cargo en el que lo ratificó ya como Presidente de la República.

LA DISTANCIA

En plena campaña electoral, Zedillo se impresionó y hasta se azoró por la capacidad movilizadora y política de su partido. Pero no obstante ese súbito amor por el PRI, el entonces candidato presidencial acuñó el discurso de la “sana distancia”, discurso que ha generado dos vertientes:
De una parte la sorna, la mofa de los priístas que se oponen a dicha distancia –no divorcio–, y por otra, la parte minoritaria, la que afirma que urge tomarle la palabra a Zedillo para democratizar internamente al PRI, para respetar a la oposición y atenerse a los resultados electorales de cada elección.
En plena lucha se encuentran unos y otros. Sobre todo los que se disputan 1,482 presidencias municipales, 284 diputaciones locales y cinco gubernaturas que serán renovadas a lo largo de 1995. La primera de estas elecciones –para gobernador, 20 diputados locales y 124 ayuntamientos– será el próximo 12 de febrero, en Jalisco.
En cuanto a la cacareada “transparentación financiera”, tema que no deja dormir a los dirigentes estatales y nacionales del partido, el PRI sufre, como el país, su más profunda y peligrosa crisis financiera.
Dependiente, desde siempre, del dinero gubernamental, el PRI enfrenta ahora una oposición más vigilante, crítica y exigente, todo ello en el marco de un irreversible proceso de ciudadanización de los órganos electorales que otorgan a los partidos las prerrogativas económicas, vigilan su aplicación y tienen facultades para auditar, en todo momento, el gasto político.
El PRI informa no tener recursos económicos ni para sostener el aparato burocrático que le dejó la anterior dirigencia encabezada por Ignacio Pichardo, actual secretario de Energía.
De cerca de 2,000 empleados que había al principio de diciembre en el CEN del PRI, los recortes tecnocráticos redujeron la cantidad a poco más de cien, incluidos los trabajadores de limpia, mantenimiento y seguridad.
En noviembre, a la mayoría de los empleados se les otorgó una ínfima gratificación-liquidación “para que aguanten hasta fin de año”.
Cuando María de los Angeles Moreno asumió la presidencia del PRI, le dijeron que le entregaban una “administración limpia y saneada”, sin problemas laborales.
La realidad fue otra: gran parte del personal siguió laborando, sin sueldo, con la esperanza de una recontratación o nueva ubicación.
Y al igual que la mayoría de los mexicanos, los empleados del PRI tuvieron una Navidad amarga y un gélido Día de Reyes: en el partido no había recursos para pagarles.
Con hechos, sin discursos, María de los Angeles Moreno tuvo que mostrar su vocación solidaria, sus raíces evangélicas, para darles una cantidad modesta a los trabajadores más pobres y más antiguos que laboran en los tres edificios de la sede del Comité Ejecutivo Nacional.
En lo ideológico, el PRI navega a la deriva luego de que Zedillo, siendo ya presidente electo, hizo que Jesús Reyes Heroles González Garza fuera designado presidente de la Comisión Nacional de Ideología, en una actitud aún no descifrada:
No se sabe si esa designación tenía por finalidad honrar la memoria del político tuxpeño fallecido hace diez años, don Jesús Reyes Heroles –considerado el más ilustre ideólogo que ha tenido el todavía partido en el poder–, o si había sido producto de la amistad gestada entre Reyes Heroles hijo y Zedillo en los corrillos del edificio Guardiola que alberga al Banco de México, lugar donde se formaron ambos con la pléyade de miembros del gabinete que integran la clase tecnocrática más poderosa que haya ascendido a los niveles de dirigencia nacional en México, en todos los tiempos.
Lo cierto es que Reyes Heroles González Garza, doctorado en economía en Massachussets, carecía de experiencia política, de conocimientos y de presencia como para ocupar la presidencia de la Comisión Nacional de Ideología y encabezar los trabajos preparatorios de la reforma del PRI.
Reyes Heroles elaboró un proyecto de agenda para la reforma del PRI. En noviembre lo sometió a consideración del Consejo Político Nacional –todavía en tiempos de Ignacio Pichardo–, en el Auditorio Plutarco Elías Calles, última ceremonia partidista a la que asistió Zedillo en su carácter de presidente electo y “priísta distinguido”.
La cúpula priísta recogió el documento y escuchó, en esa misma sesión, discursos de Jesús Salazar Toledano, de Bernardo Sepúlveda Amor, de Julieta Guevara, de Ignacio Pichardo y, desde luego, de Jesús Reyes Heroles González Garza, quien ese día se despidió de su efímera militancia y de su forzada e incómoda posición de presidente de la Comisión Nacional de Ideología.
Hoy, la cúpula del CEN del PRI revisa los documentos entregados por la Comisión Nacional de Ideología. Se da por hecho que habrá recortes y añadidos: pretenden pasar, de un pliego de peticiones a Santaclós, a un “realismo pragmático”.
Por lo pronto, en plena crisis nacional, el PRI se dispone a celebrar, a finales de enero, una reunión del Consejo Político Nacional para revisar las correcciones a la agenda propuesta por Reyes Heroles hijo.

PRUEBAS ELECTORALES

Además, la presidenta del partido, María de los Angeles Moreno, iniciará un recorrido por todos los estados de la República para celebrar reuniones de consulta, tomar el pulso a los militantes, escuchar críticas, proposiciones, reclamos.
La senadora Moreno hará un diagnóstico del estado que guarda el PRI en todas las entidades del país. También analizará el desempeño de los gobernadores priístas, innegables jefes políticos del partido en los estados.
Muchos de esos gobernadores se oponen a la reforma del partido; pretenden conservar sus cotos de poder caciquil al amparo de un hecho: son los principales sostenedores económicos del PRI en sus respectivos estados.
Así, además de los elementos de crisis, la presidenta del PRI tendrá que enfrentarse al poder de los gobernadores, de cepa dinosáurica la mayoría, empeñados en impulsar a sus cuadros exclusivos y en dejar al margen a los políticos que no les son afines o incondicionales.
Mientras tanto, el PRI, desacostumbrado a la “sana distancia” con el gobierno, no acierta en el manejo de la autonomía tan proclamada por Zedillo. Sí, en cambio, sufre los embates de la decisión presidencial que, aparentemente, le niega recursos financieros y lo deja a la deriva para ver si sobrevive frente al creciente poder del PAN y del PRD.
Jalisco representa el reto más inmediato para el PRI de estos tiempos. Moreno y los integrantes de su Comité Ejecutivo Nacional no descansan en pos del triunfo de sus candidatos en esa entidad.
Hace unos meses el PRI ensayó un modelo de democracia dirigida con el fin de legitimar el proceso de selección del candidato a gobernador para Jalisco. Pedro Joaquín Coldwell y Dante Delgado Rannauro tuvieron la responsabilidad de armar una convención a la usanza norteamericana y panista para, entre los aspirantes priístas, elegir al candidato.
Participaron, en este modelo, el triunfador, Eugenio Ruiz Orozco y su principal oponente, Jesús González Gortázar, además de precandidatos menores como María Ester Scherman, Enrique Dau Flores –exalcalde y expresidiario de Oblatos– y Guillermo Vallarta Plata, expresidente municipal de Guadalajara.
Ese “proceso innovador” fue el único recurso que tuvo el PRI para legitimar la selección de candidato a gobernador y, más tarde, las candidaturas a presidentes municipales y a diputados locales.
En el proceso se permitieron alianzas, amarres y golpes bajos. Y ganó Ruiz Orozco, quien coincidió con el presidente Zedillo cuando ambos eran secretarios de Educación Pública, uno a nivel nacional y el otro a nivel estatal.
Ruiz Orozco ha sido cuestionado por su desempeño al lado de Enrique Alvarez del Castillo al frente del gobierno de Jalisco, en la Procuraduría General de la República y en Banobras. Se inició en el PRI como dirigente juvenil y llegó a ser presidente del Comité Directivo Estatal, presidente municipal de Guadalajara, secretario general de Gobierno, secretario estatal de Educación Pública y senador de la República.
Su trayectoria y antecedentes contrastan con los de su contrincante panista, Alberto Cárdenas, quien tan sólo ha ocupado la presidencia municipal de Ciudad Guzmán, pero no lo salvan del descrédito en que han hundido al PRI los gobiernos de Guillermo Cossío Vidaurri y Carlos Rivera Aceves.
El pronóstico para Jalisco, según encuestas que circulan en la entidad –una de ellas elaborada por el mismo PRI–, es en el sentido de un triunfo apretado para Eugenio Ruiz.
Pero también se presume que el PRI perderá Tlaquepaque y Tonalá, así como un número importante de diputaciones locales.
Si efectivamente llegara a triunfar Ruiz Orozco, no sería tanto por sus méritos ni por la supuesta fortaleza del PRI, sino por la división interna de los panistas, cuyo abanderado, Alberto Cárdenas, empresario ultraderechista, militante de Desarrollo Humano Integral, A.C. (DHIAC), derrotó y ganó la candidatura al líder moral del panismo histórico, Gabriel Jiménez Remus, exdiputado federal y actual senador de la República, coordinador de la fracción panista en el Senado.
Después de las elecciones en Jalisco, el PRI expedirá –también en febrero– las convocatorias para las candidaturas de Guanajuato y Yucatán.
En Guanajuato, los priístas confían en recuperar la gubernatura –actualmente en poder del PAN– si su candidato es Ignacio Vázquez Torres, senador de la República que ha sido tres veces diputado federal, secretario de Organización del CEN del PRI al lado de Javier García Paniagua, oficial mayor de la Secretaría de Gobernación con Reyes Heroles, delegado en Cuauhtémoc cuando Manuel Camacho fue jefe del DDF.
El segundo hombre más mencionado entre los priístas de Guanajuato es Salvador Rocha Díaz, también senador de la República, dos veces diputado federal, dos veces secretario general de gobierno en la entidad y fugaz ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
El tercero es el diputado federal y exsenador Jesús Padilla, exlíder del PRI estatal. Carlos Chaurand, quien fue líder de la diputación local opositora al PAN, ha quedado relegado a un último lugar, frente al crecimiento obtenido por Vázquez Torres y Salvador Rocha en la elección federal que los llevó al Senado.
En Yucatán, el PRI podría llegar al extremo de pensar en la candidatura de Víctor Cervera Pacheco: no obstante su actitud caciquil, jurídicamente reúne los requisitos para volver a ser gobernador.
Una segunda carta, considerada riesgosa, es la del director de la Lotería Nacional, Emilio Gamboa Patrón, herencia delamadridista y salinista en el gobierno de Zedillo.
Gamboa carece de arraigo. El PRI tendría que hacer malabares jurídicos para justificar su candidatura, pues tampoco nació en la entidad, aunque podría alegar el famoso “derecho de sangre”: sus padres sí nacieron en Yucatán.
Otro aspirante es el senador Carlos Sobrino, actual dirigente nacional del Movimiento Territorial del PRI y hombre de todas las confianzas del secretario de la Sedesol, Carlos Rojas Gutiérrez.
Un cuarto aspirante a la candidatura es Rubén Calderón Cecilio, diputado federal por tercera ocasión, exdiputado local y exdirigente de la Liga de Comunidades Agrarias por nueve años consecutivos.
En representación de la CNC, Calderón Cecilio ha sido miembro –fundador y hasta la fecha– del famoso y muchas veces violado Pacto para el Bienestar y la Estabilidad Económica: ha tenido que aplaudir y defender los compromisos de contención salarial y la autorización para el aumento de precios en artículos de primera necesidad.
Si el “centro” debe premiar la obediencia y la sumisión, Calderón Cecilio podría dar la sorpresa. Pero si imperan los temores de una derrota frente a un panismo cuyo candidato a gobernador fuera su líder nacional, Carlos Castillo Peraza, no sería remoto que se recurriese a Víctor Cervera Pacheco, quien ha sido todo, tanto en Yucatán como en la política agraria mexicana y en el propio Comité Ejecutivo Nacional del PRI.
En Baja California, ante el triunfalismo del PRI que ciertamente arrasó el 21 de agosto, los fronterizos de esa región mencionan a Francisco Pérez Tejada, presidente municipal de Mexicali, y a Antonio Meza Estrada, actual presidente de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito y que ha sido secretario particular de Ernesto Zedillo y director del CEPES del PRI bajacaliforniano.
Otro aspirante es el exsenador, expresidente municipal de Tecate y expresidente del comité directivo estatal del PRI, César Moreno, hijo del legendario director de la CFE, ingeniero Manuel Moreno Torres.
Por el lado empresarial mencionan a Eduardo Bustamante, reconocido como uno de los hombres más ricos de la entidad, y a Alejandro de la Vega, empresario multimillonario de nuevo cuño, conocido en Tijuana por su compadrazgo religioso con Luis Donaldo Colosio, con quien compartió aula y vivienda en el Tecnológico de Monterrey.
Si el zedillismo no logra colocar a Antonio Meza Estrada, recurriría a Hugo Andrés Castro Bojórquez, exdirigente estatal del PRI.
En el río revuelto bajacaliforniano, los senadores Amador Rodríguez Lozano y Güilebaldo Silva Cota también esperan su oportunidad; Amador, no obstante haber estado en contra del Zedillo coordinador de la campaña de Colosio, en tanto que Silva Cota, ensenadense de origen, lleva a cuestas sus 70 años de vida y la vieja guardia priísta aún le recuerda que se rebeló y se opuso a la candidatura de Hermenegildo Cuenca Díaz.
En Michoacán, frente a la amenaza perredista de escoger candidato al diputado Roberto Robles Garnica o al senador Cristóbal Arias, el PRI está pensando en el senador Víctor Hugo Tinoco Rubí o en Armando Vallinas, diputado federal y exdirigente del tricolor.
Las huestes de Ausencio Chávez, gobernador interino saliente, y de Genovevo Figueroa, exgobernador y actual senador, mencionan al secretario de Finanzas del actual gobierno, Manuel Antunes Oviedo, y a Ascensión Orihuela, presidente estatal del PRI.
Sin embargo, el nombre de Daniel Díaz y Díaz podría incorporarse de última hora a la lista de aspirantes considerados por el CEN para la selección del candidato.
Excepto en Jalisco, en los demás casos está por verse y decidirse el método de selección de candidatos a gobernadores, a presidentes municipales y diputados locales que se renovarán este año.
En este problema se debaten el CEN del PRI y su presidenta Moreno, agobiada por la “sana distancia” entre el Ejecutivo y el partido, por las penurias financieras del tricolor y por la pretendida reforma interna que se espera despegue este mismo mes.