Bassols, maestro de aspe en el ITAM, lo defiende: la culpa fue de Serra Puche

El problema de Chiapas, los asesinatos de políticos y aun “el déficit en la balanza” comercial planteaban la necesidad de modificar la banda de flotación del peso frente al dólar desde mediados del año pasado, pero entonces “no era conveniente, precisamente por lo que pasó ahora”.
Antonio Bassols, maestro en el ITAM de Pedro Aspe, considera que la situación “se pudo sostener indefinidamente”.
–¿Qué pasó entonces?
Responde que el principal problema fue la falta de confianza.
Explica: “La confianza resquebrajada no sólo por los acontecimientos sociales y económicos, sino también por el cambio de gobierno, por el cambio de personas, aunque se siguiera con la misma política económica”.
–¿Actuó mal Jaime Serra Puche?
–Yo creo que sí.
–¿Políticamente?
–Sí. Creo que primero debió haber ido a Estados Unidos, para hablar con todos los que nos están apoyando, el Fondo Monetario Internacional, los grandes consorcios internacionales, para garantizar que los tesobonos se iban a pagar, que era el principal temor. Si hay miedo, empieza a aumentar la demanda de dólares por la pérdida de la confianza.
Sobrino nieto de don Narciso Bassols, fundador de la Escuela Nacional de Economía de la UNAM, Antonio Bassols se ufana de haber convencido a Pedro Aspe de que estudiara Economía. El ahora exsecretario de Hacienda se había inscrito en la carrera de contaduría en el ITAM y él –dice– descubrió que le serviría más la economía (Proceso 944).
Director de la carrera de Economía en el ITAM, Bassols defiende el proyecto de su alumno:
“El sexenio pasado fue de mucho éxito económico, innegable. Sí, sí, reconocido por todo el mundo.
“Las decisiones desatinas tienen efectos rapidísimos y nefastos. Es cierto que el peso estaba sobrevaluado, pero así puede seguir toda la vida.”
–¿Finalmente no iba a pasar nada?
–En algún momento sí, pero se puede seguir con una tasa de crecimiento e inflación razonables. En algún momento empezaríamos a exportar más con la infraestructura que estamos creando y entonces se empieza a corregir ese déficit comercial. Mientras, se aguanta con lo que nos presten y vamos a estar dando respuesta a la demanda de dólares y, además, propiciando la confianza.
Afirma que el “meollo del problema no es el déficit comercial, sino que los inversionistas se llevaron la lana. Ahora saldremos de la crisis cuando regresen esos dólares”.
Está de acuerdo con las medidas tomadas hasta el momento por el presidente Zedillo, aunque le llama la atención el hecho de que todavía no regresen los dólares fugados, a pesar del aumento en las tasas de interés.
“Hay algo más detrás”, reflexiona.
Recuerda que durante el sexenio anterior se sentaron las bases para empezar a crecer productivamente; se abatió la inflación, se aumentó el gasto social y los salarios empezaron a crecer en términos reales.
–¿Aun con los aumentos salariales en porcentajes de no más de un dígito?
–Sí, porque la inflación era baja, había recuperación real del salario.
–Pero se castigó fuertemente a las capas sociales bajas…
–Siempre. Pero empezó a crecer el salario.
Reconoce que “se beneficiaron muchos, muy descomunalmente. También es malo y desgraciadamente la distribución del ingreso siempre ha sido mala en México y sigue siendo pésima. Eso es contra lo que hay que luchar, no es posible que al lado de unos supermillonarios existan millones de miserables”.
–Las cifras oficiales dicen que son 40 millones de mexicanos pobres. ¿Cómo se iba a resolver el problema?
–Porque se tienen las bases para que la economía crezca. El cambio fue estructural en México. Las bases están y en un escenario normal la economía tiene que crecer. Siendo optimista podía llegar hasta 5% en tres años.
–Había un crecimiento cero.
–Había un crecimiento muy pequeño, pero las bases estaban dadas. Lo que pasa es que los logros económicos se ven a muy largo plazo, son muy difíciles de alcanzar y las decisiones desatinadas tienen efectos rapidísimos y nefastos: echan a perder lo que se ha hecho durante mucho tiempo. Eso es malo.
–¿Qué va a pasar ahora con los que se endeudaron en dólares para acceder a la modernización?
–Depende de cómo puedan crecer sus exportaciones, cómo puedan mantener su producción en relación con la deuda que tienen. Se les va a tener que apoyar de alguna forma, porque no se puede engañar así, traicionar así a las personas ni a las empresas ni a nadie. Todos vamos a hacer el sacrificio; el mayor es de los que menos tienen y de estas empresas que van a tener que aumentar su productividad y sus exportaciones.
–¿No se puede cambiar la política económica?
–No, no se puede cambiar. No hay alternativas. No se puede decir bueno, ahora me cambio por el sistema “b”, no hay.
–¿Por la situación del país?
–Porque el mundo tiene un sistema económico determinado y nosotros estamos dentro del mundo. Claro, podríamos cerrar al estilo Mao. Estaríamos peor.
–¿Ser socios comerciales de países poderosos nos ayuda?
–Creo que sí.
En su cubículo del ITAM, mientras atiende los cambios de grupo de los alumnos que empezarán clases este lunes, Antonio Bassols dice que “estrictamente en términos económicos”, el problema de Chiapas no influyó en la crisis actual. Sin embargo, aclara, “influye en las expectativas que tienen las personas y eso sí hace cambiar las variables económicas. Si la gente espera que el problema de Chiapas se solucione en quince días y no se acaba, los inversionistas actúan distinto a como lo hubieran hecho si el problema desaparece”.
–¿La confianza?
–Sí, esa confianza, que es una cosa tan etérea.
En este momento –acepta– la situación económica del país está subordinada a la política, cuando lo ideal sería que hubiera un equilibrio.
Dice que desde marzo, el asesinato de Luis Donaldo Colosio provocó “ataques especulativos y creo que sí se pensó en cambiar la banda de flotación. No era conveniente, precisamente por lo que pasó ahora. Entonces se aguantó. Ahora no. ¿Por qué? Porque quienes manejan los grandes capitales, además de la confianza, quién sabe a qué otras variables respondan”.