El peso no estaba sobrevaluado; las reservas eran suficientes; el déficit era manejable La economía se cayó por los errores de Zedillo: el exbanquero Abedrop

Retirarse del mercado cambiario, tras “un manejo muy poco afortunado” de la decisión de ampliar la banda de flotación del tipo de cambio –el solo anuncio propició el último golpe, devastador, a las reservas–, “dio al gobierno una imagen de inseguridad e impotencia”, dice Carlos Abedrop Dávila.
El exbanquero, poderoso empresario, líder entre sus pares, impugnador severo de la nacionalización bancaria decretada por José López Portillo en septiembre de 1982, se libera del silencio que con frecuencia se autoimpone, enjuicia la situación actual y expone, entre otros, estos puntos:
–Falló la acción política, no la estrategia económica.
–México no vive una crisis económica sino una crisis financiera.
–No es el déficit en la cuenta corriente, que existe desde 1992, ni la supuesta devaluación del peso, que es muy discutible, lo que produce la crisis. Esta se deriva de hechos políticos que provocaron la fuga masiva de capitales.
–No hay tipo de cambio, por alto que sea, que rescate la confianza en la estabilidad política.
–La solución a la crisis actual está en Bucareli y no en Cinco de Mayo.
En entrevista con Proceso, el empresario carga sobre el gobierno del presidente Ernesto Zedillo la responsabilidad de la crisis que hoy vive el país. Pero no exonera –en lo político, aunque sí en lo económico– a Salinas de Gortari. Manotea y casi grita:
“No se puede vender la idea de que el sistema político funciona con PRI o sin PRI si se viene encima una elección como la de Guanajuato, y primero se dice que es una buena elección y luego se acepta que es mala y se pone a otro gobernador.”
Reflexiona: Lo que pasó en Guanajuato, en San Luis Potosí y en Michoacán, antesala de lo que estuvo pasando todo el año pasado –violencia, secuestros, asesinatos, manifestaciones públicas, paros, bloqueo de carreteras–, proyectó hacia el mundo la idea de que se había acabado la estabilidad en México. “No hubo capacidad de infundir confianza, ni dentro ni fuera del país. Ese es el problema”.

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Accionista mayoritario del Banco del Atlántico hasta la nacionalización de 1982, y último presidente de la Asociación de Banqueros de México entonces, Abedrop desestima –descalifica inclusive– los razonamientos económicos del presidente Zedillo: la economía mexicana era sólida, lo es ahora incluso “con los platos rotos”; ni el peso estaba “importantemente sobrevaluado”, ni el déficit en cuenta corriente es tan grave, ni el capital especulativo es “pecado”.
Señala: “Decir que el plan económico es malo, es desconocer las cosas más elementales de la historia reciente de México. En los últimos 25 años, nunca ha estado México mejor que en este momento. Las variables esenciales de la economía, hoy, son las mejores que ha vivido México en el último cuarto de siglo, desde Luis Echeverría. Llevamos cuatro gobiernos para llegar a lo que tenemos ahora –el menor rezago en infraestructura física y social de los últimos 25 años–: dos de desastre, la `docena trágica’ para llamarla de algún modo; uno de esfuerzo, de equilibrio –como el propio Miguel de la Madrid dijo algún día, para que no se le deshiciera el país en las manos, o a pedazos–, y uno de construir sobre una cimentación más o menos confiable”.
–Pero el nivel de vida de la población, que es al final de cuentas lo que importa, sigue muy bajo –se le cuestiona.
–Yo no sé si la pobreza es mayor o menor que antes. Me inclino a pensar que es menor, pero no tengo números. No confío en los números sobre la pobreza. Usted sabe que se pueden manejar de diferente manera. Pero sí puedo decir que el avance que se ha hecho en infraestructura social –me refiero a lo que sí se puede medir: el número de escuelas, de hospitales, de viviendas, de acceso al servicio eléctrico, al agua potable– es extraordinario.
–… en las cifras oficiales…
–En lo que se puede medir, el rezago es mucho menor ahora. No estoy diciendo que estén resueltos todos los problemas. Faltan, aunque han aumentado, los empleos, que es lo único con que realmente se puede combatir la pobreza.
“Lo que quiero destacar, es que la situación económica en este momento, con todo y la crisis, es la mejor que hemos tenido en los últimos 25 años en México. Por más que se nos hayan roto los platos con la devaluación, no debemos ignorar que es la mejor situación que hemos vivido. Hay fallas enormes, pero son menores que las que tuvimos hace un cuarto de siglo.”
–¿Qué fue, entonces, lo que pasó? El presidente Zedillo dice que heredó una economía “muy vulnerable” por el abuso de capital externo volátil, el abultado déficit en cuenta corriente y la sobrevaluación del peso…
Punto por punto, el empresario responde. Con vehemencia afirma que no es ningún pecado el uso de dinero externo de corto plazo. “La necesidad de tomar ahorro externo –porque el ahorro nacional es insuficiente– nos lleva a tomar ciertos riesgos, usando dinero de corto plazo, en inversión o en pago de importaciones. Esto no lo inventó México. Todas las economías emergentes lo hacen. Tailandia tiene 20 años con déficit en su balanza. Corea ya acabó con él pero lo tuvo durante 25 años. Japón lo tuvo. Los europeos después de la guerra, tuvieron déficit en la cuenta corriente.
“El uso de recursos volátiles en inversiones de plazo no es ningún pecado. Eso es lo que hacen los gobiernos, los bancos, en todo el mundo y en todas las épocas. Lo que se necesita es cierta prudencia y cierta racionalidad de cuánto es el dinero que usted puede convertir en capital y que puede cambiar de corto a largo plazo. Usted tiene que partir de la base que no se lo van a retirar todo. Es lo que hacen los bancos. No hay banco que opere con una liquidez mayor del 10 o15%. Claro, hay normas que permiten apoyos interbancarios para que si a un banco le retiran más del 15 o 0% no quiebre. Pero si le retiran el 50%, quiebra. Bueno, no quiebra, pero tiene que declararse en incapacidad de liquidar a sus acreedores o a sus depositantes.
“¿Qué es lo que pasa en México? Véalo con números. El número generalmente más aceptado de los recursos volátiles en el mercado mexicano es 50,000 millones de dólares, a principios del año pasado. Este es otro dato muy difícilmente precisable, porque no son sólo recursos extranjeros. Son extranjeros y mexicanos que están a la vista. Muchos recursos de mexicanos que están invertidos a través de bancos de inversión extranjeros. Un banco de inversión, como los grandes bancos de inversión del mundo, reciben el dinero de un mexicano, o de un polaco, de un chino, de donde sea, y lo invierten según las opciones que ofrece el mercado internacional. Si los valores mexicanos son buenos, invierten en valores mexicanos. Si al rato son mejores los brasileños, los sacan de México y se los llevan a Brasil.
“Aceptemos que sean unos 50,000 millones. Si México tenía en febrero del año pasado 29,000 millones de dólares de reserva, estar usando una proporción de 50 o 60% de ese dinero volátil, cuando usted tiene una reserva con qué soportarlo, no es ningún pecado. Es un riesgo. Cierto. Pero es un riesgo que todas las empresas toman, todos los bancos del mundo. Si usted quiere crecimiento tiene que tomar ciertos riesgos. A mí me parece que fue un riesgo muy razonable el que se tomó.”

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En relación con el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, cuya magnitud fue, según el gobierno, el detonante de la crisis, Abedrop Dávila –accionista principal de la casa de bolsa Fimsa y los fondos de inversión de la misma, de Seguros Olmeca, Americana de Fianzas y la empresa Ingeniería Financiera Internacional– discrepa de la interpretación oficial:
“En primer lugar, México tiene tres años de déficit en cuenta corriente, más o menos semejante, arriba de los 20,000 millones de dólares. Pero desde 1992 traemos un déficit arriba de los 22,000 millones de dólares. Qué es lo que ha pasado: que hemos sido capaces de financiar ese déficit con inversión extranjera de corto y de largo plazo, y hemos mantenido una reserva en el Banco de México igual al importe total del déficit en cuenta corriente. Es una situación verdaderamente privilegiada.
“Quiere decir –concepto totalmente teórico porque la cuenta corriente nadie se la va a cobrar en una fecha determinada; la cuenta corriente es un saldo de las operaciones– que si un día usted quiere cerrar la cortina, puede pagar el saldo de la cuenta corriente con las reservas del Banco de México, y dejar en cero para empezar de nuevo. Es una situación completamente teórica que nunca se da, pero sirve para explicar que si usted tiene en la reserva 28,000 millones de dólares y tiene inversión –volátil, acepto– de 50,000 millones y déficit de 25,000 millones, usted no tiene más riesgo que el riesgo normal que hay que afrontar para emprender el crecimiento.
“Lo que pasa es que paralelamente a eso iniciamos un año político que nos trajo una serie de problemas. Era tan sólida la situación mexicana…”
–¿Hasta cuándo?
–Hasta el día último de noviembre, bueno, hasta el día último de octubre, para tomar el dato de reserva que conocemos. El 1º de noviembre teníamos en la reserva más de 17,000 millones de dólares, y se habían sufrido fugas por 15,000 millones de dólares, de fines de marzo a fines de octubre, o sea, en ocho meses se fueron 15,000 millones de dólares. Tuvimos respaldo de reserva, que fueron los préstamos de estabilización de Estados Unidos y Canadá, por 7,000 millones de dólares que no se usaron. Y la reserva que teníamos todavía estaba arriba de los 17,000 millones de dólares. Después de las turbulencias que conocemos –en enero, Chiapas; en marzo, Colosio; luego el discurso de violencia que se dio para la elección de agosto; en septiembre, Ruiz Massieu– se estuvieron drenando las reservas. Mucha gente que dijo: bueno, si esto va a cambiar yo me espero a ver cómo cambia y hacia dónde cambia. Y lo menos que hacen es sacar su dinero. Si son mexicanos se lo llevan. Y si son extranjeros con más razón. O igual: no sé cuál sea más miedoso. El dinero es el mismo y es lo más miedoso del mundo.
Del tipo de cambio sobrevaluado –”verdadero lastre” en la economía, dijo Zedillo–, el entrevistado apunta: “yo no lo veo”.
Y explica: “La prueba más evidente de que el peso no estaba sobrevaluado es el aumento constante de la exportación de manufacturas. ¿Cómo puede usted concebir que aumente la exportación de manufacturas en la forma en que ha aumentado durante tres años? El año pasado aumentó más de 20%. Con un peso sobrevaluado, ¿logra usted esos incrementos en la exportación? Eso es lo que hay que medir, y no cuánto vale una cocacola o una hamburguesa MacDonald’s en la Ciudad de México y cuánto en Nueva York o Chicago, tampoco cuánto cuesta atenderse en un hospital de aquí y cuánto en uno de Houston. En alguna parte no vale nada y en otra parte vale mucho. En fin. Hay muchos precios dentro de la economía de un país que no son comparables con los de otro país. De manera que a mí me cuesta mucho trabajo aceptar eso de la sobrevaluación. No la veo. Además, ¿cómo va a ser un lastre si se pudo aumentar la exportación de manufacturas en más de 20%?
“Entonces, todas las variables básicas de la economía iban bien. Lo que pasó es que se fugó el dinero que se tenía a la vista. Eso es lo que nos ha parado de cabeza, esa es la realidad, y eso no tiene nada que ver con una sobrevaluación.”

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En el origen de la fuga de capitales, la última, la demoledora, la que dejó en 6,000 millones de dólares las reservas –casi 23,000 millones menos de lo que había en febrero–, Abedrop Dávila es particularmente severo con el actual gobierno y aplaude al anterior, que enfrentó también importantes fugas a lo largo de 1994 con tres “instrumentos”: alza en las tasas de interés, al doble luego del asesinato de Colosio, que después fue disminuyendo; uso de 12,000 millones de dólares de la reserva para enfrentar las oleadas especulativas y los menores flujos del exterior, y una devaluación en el año, sin hacer ruido, de entre 11% y 13%.
En diciembre, dice Abedrop, el gobierno pudo haber hecho lo mismo ante una fuga que él mismo propició. Pero se asustó ante los ataques especulativos, y aunque tenía reservas considerables, resolvió mal: anuncia su decisión de ampliar la banda de flotación, provoca una fuga mayor y de inmediato libera el tipo de cambio, cuando todavía quedaban 13,000 millones de dólares (6,000 luego de la última fuga más 7,000 de los apoyos de Estados Unidos y Canadá) para defender al peso.
Explica el entrevistado: “Cuando ya todo mundo creía que el problema de Chiapas, si bien no estaba resuelto, sí por lo menos estaba controlado, llega el nuevo gobierno y se dedica, los primeros días, a resucitar el problema; a recordarnos, a los mexicanos y al mundo, que las vías de solución que se habían buscado durante un año no habían funcionado; y que un año después seguimos buscando cómo resolver Chiapas que, gracias a la habilidad extraordinaria de los zapatistas para la comunicación, se ve como un problema más grande ahora que hace un año”.
El propio presidente Zedillo –sugiere Abedrop– magnificó el problema cuando propuso la Comisión Plural de legisladores, que al principio rechazó el Ejército Zapatista y a la que respondió con el anuncio –que recorrió el mundo– de que no eran ya cuatro los municipios en su poder, sino 38.
Y allí fue donde “todo se nos cayó”; la gente, los inversionistas, se espantaron, dice el empresario.
“Yo creo que fue un error salir hablando de que se iba a corregir la banda y 24 horas después retirarse del mercado, lo cual dio una imagen de inseguridad en lo que se estaba haciendo, y de impotencia, porque el retiro del mercado la gente lo toma como impotencia.”
Abedrop cree que esa imagen de impotencia fue gratuita, pues aún había reservas para defender al peso. Impotencia, dice, en 1976 y en 1982, cuando el Banco de México se retiró del mercado porque no tenía dólares. Ahora todavía quedaban reservas, pero fue “muy desafortunado” el manejo que hicieron de las cosas.
Explica: Discutir y difundir en el seno del Pacto, como lo hicieron, la decisión de ampliar la banda de flotación para enfrentar la caída en las reservas y las continuas fugas, no fue sino un aliciente efectivo para acelerar más la fuga. “Lo que debió hacer el Banco de México antes de ir al Pacto era retirarse del mercado, si esa era la necesidad. No sé si eso era necesario, yo creo que no, porque si todavía tenía 13,000 millones quizá hubiera aguantado, y si cree que no aguanta, porque eso sólo lo saben ellos, entonces retírate. Y luego que vayan al Pacto a explicar”.
En suma, sugiere el exbanquero, el origen de la crisis no hay que buscarlo en la estrategia económica –el modelo “sigue siendo magnífico y es admirable a nivel mundial”–, sino en la conducción política, lo mismo de este gobierno que del anterior, que llevó a la crisis monetaria que vivimos.
“Lo político está arruinando a lo económico, porque vamos a dejar de tener flujo externo y eso va a detener el crecimiento y vamos a tener más inflación con el ajuste cambiario.”
El deterioro en la economía ya se causó –”los proyectos que podrían hacerse en tres años, ahora se harán en diez, por decir algo para ilustrar”–, dice Abedrop, pero acepta que se puede evitar su profundización. La fórmula: evitar los bandazos políticos que debilitan la confianza en el país. Si no hay confianza en el país, no hay ahorro interno ni, mucho menos, externo. Y sin éste la economía no crece ni mejora el nivel de vida de la gente.
–¿Qué le falta al gobierno para infundir esa confianza?
–El oficio político, la habilidad, el arte… el cómo llevar las cosas para demostrar que somos capaces de superarlas. Por eso digo: la solución está en Bucareli y no en Cinco de Mayo.
–¿Saldremos pronto de esta crisis?
–Yo no sé la profundidad que alcance esta crisis. Yo sí creo que en el tiempo va a ser la más corta. Lo cual no es muy alentador, porque en estas cosas hablar de dos años es hablar de muy poco tiempo. Y para la desesperación que ya traemos, dos años es mucho. Yo creo que esto lo rebasamos en un par de años, a manera de volver a echar a andar la economía y hacerla crecer, a un tipo de cambio ya confiable, y de volver a traer la inversión extranjera. Si no traemos la inversión extranjera estamos perdidos. Aunque yo creo que va a tardar en volver.
–¿Cuál es el sentir en el medio en que usted se desenvuelve?
–La gente está muy asustada.