ALBUQUERQUE, NUEVO MEXICO.- En 1982, al declararse incapacitado para continuar pagando su deuda externa, México inició una severa crisis mundial. El viaje del entonces secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog, a Washington para pedir ayuda al Tesoro estadunidense fue como una señal convenida. Un estremecimiento recorrió el mundo entero y uno a uno, los países de tres continentes siguieron sus pasos declarándose en quiebra. Doce meses más tarde, una veintena de ellos habían dejado de pagar su deuda externa. Exactamente doce años más tarde, después de los sexenios de Miguel de la Madrid y Carlos Salinas, México parece acercarse, después de recorrer un amplio círculo en medio de abundantes fuegos artificiales, al mismo punto de partida.
El derrumbe del peso y de la Bolsa de Mexicana Valores están teniendo repercusiones internacionales inesperadas, que señalan que la economía mundial no estaba tan boyante como lo habían dicho los analistas en los últimos cuatro o cinco años. Primero se desplomaron los precios de los valores latinoamericanos, y ahora se tambalean las monedas de una docena de países y se resienten todas las inversiones en los famosos “mercados emergentes”, hasta el punto de replantear la orientación de los grandes flujos de capital que predominaron en los últimos años.
Al día siguiente del intento de Clinton de reconstruir la pérdida de confianza de los inversionistas en México, los periódicos financieros norteamericanos estaban llenos de artículos analizando la situación.
El Investors Business Daily sostiene que detrás de las oscilaciones de la moneda mexicana se deja entrever ya una creciente inestabilidad de las monedas alrededor del globo. El dólar canadiense ha llegado a su punto más bajo respecto del dólar norteamericano en los últimos nueve años. La peseta española y la lira italiana tuvieron bajas muy sustanciosas respecto del marco alemán, y algunos analistas sostienen que el franco francés y el krona sueco pueden muy bien seguir sus pasos. A medida que crece el caos cambiario, los funcionarios financieros tratan desesperadamente de pararlo.
Señala que la confianza de los inversionistas en los “mercados emergentes” de todo el mundo, ha sido fuertemente sacudida por la aguda caída del peso mexicano, y su creciente angustia está haciendo estragos en las monedas de muchos países que tienen balanzas comerciales deficitarias o serios problemas políticos. La crisis mexicana ha arrojado nuevas luces sobre los peligros que existen en invertir en países con esas dos características.
Un influyente analista alemán considera que la crisis monetaria estaba latente hace ya varios años. “El éxito más fulgurante era México, pero ahora los inversionistas aterrizan en la realidad de que los grandes riesgos pueden realmente terminar en grandes pérdidas. Por eso, muchos inversionistas están comenzando a mirar con recelo a los países que tienen serios problemas internos tales como grandes deudas e inestabilidad política”.
“Claramente la gente está repatriando su dinero –dice William Dudley, un economista internacional de Goldman, Sachs and Co.–, y esto podría transformarse en un problema también para los países desarrollados.”
Explica que cuando un país en desarrollo quiere reducir su déficit en cuenta corriente y frenar la huida de capitales, sólo puede recurrir a dos tipos de medidas. Puede aumentar las tasas de interés o devaluar su moneda.
Mientras que algunos comentaristas consideran que la escasez de capital y el cambiante estado de ánimo de los inversionistas están llevando los mercados cambiarios del mundo al borde de una seria crisis, otros consideran esto una exageración.
En todo caso, si la reducción de la capacidad de importación de México en el próximo año es seguida por tendencias similares en otros países de América Latina, eso puede tener serias consecuencias para la economía norteamericana. Los economistas consideraban que después de haber crecido en 1994 con base en la demanda interna, su principal estímulo para 1995 serían las exportaciones. Pero la validez de ese pronóstico está siendo ya seriamente cuestionada.
El hombre más rico de México opina. En una entrevista otorgada al The Wall Street Journal, Carlos Slim, el inversionista mexicano más conocido en el mundo, considera que ya es tiempo de comenzar a buscar ganancias en medio de las ruinas. Aun cuando sigue viendo serios peligros en el mercado, comenzó a comprar acciones del Grupo Alfa, Celanese Mexicana y Kimberly Clark de México. La participación de Slim en la economía mexicana es tan enorme, dice el Wall Street Journal, que sus pérdidas han sido incontables. Pese a ello –aun cuando suena más cauteloso que de costumbre– está comprando. “Lo cual –dice el matutino– es muy importante para todos los inversionistas en México”.
Dice que Slim y su socio, “señor Chico”, son moderadamente optimistas y están orientando sus fondos hacia una simple pero poderosa apuesta de inversión. La devaluación forzará a los consumidores y empresarios a comprar productos locales en lugar de importados. Además, las compañías mexicanas que exportan podrán aumentar sus exportaciones porque sus costos habrán disminuido. “El peso devaluado –afirma Slim– fortalece la economía real”.
La preocupación principal del dueño de Teléfonos de México es el sistema bancario. Considera que la devaluación ha aplastado a algunos bancos y si ellos dejan de dar crédito, las ruedas de la economía mexicana se pararán. Slim ve también peligros serios de una espiral inflacionaria en México con los empresarios y trabajadores exigiendo aumentos de precios y salarios.
Como otros empresarios mexicanos, Slim se ha lanzado a defender las acciones de su compañía. Está comprando acciones de Telmex y del Grupo Carso. Telmex declaró que había comprado 7.2 millones de sus acciones de la Serie L a un promedio de 9.54 nuevos pesos, cada una. En otro anuncio similar, Ricardo Salinas Pliego, presidente de Elektra, declaró que había comprado 1.5 millones de sus acciones, a lo que él mismo llamó “precios ínfimos”.
Adiós amigos. Los fondos de inversiones huyen de los “mercados emergentes”, guiados por sus ejecutivos. Bajo este título, el mismo matutino publica un artículo que dice entre otras cosas:
“A medida que los precios de los valores en los `mercados emergentes’ se derrumban a consecuencia de las malas noticias desde México, no es el pequeño inversionista quien se retrae, sino los profesionales: Los ejecutivos de los fondos han iniciado la estampida buscando una salida. Las mayores ventas no han sido hechas por pequeños inversionistas, sino por los gerentes en busca de efectivo para hacer frente a lo que puede venir. Sus pasos son seguidos por otros fondos mutuos que aun cuando no llevan la palabra `Latino’ o internacional en su nombre, no pudieron resistir la tentación de los `mercados emergentes’ y ahora están vendiendo apresuradamente. Muchos de esos ejecutivos están preocupados por sus empleos. Van a tener que enfrentarse a sus juntas directivas y explicar por qué estaban en los `mercados emergentes’.”
Las casas de bolsa dicen que aun cuando el pequeño inversionista está nervioso y hace muchas preguntas sobre el futuro, no ha hecho grandes movimientos. Una de las cosas que ellos han aprendido recientemente, es que es difícil salirse de los mercados emergentes en caso de urgencia. Por eso, muchos esperan que a la larga, sus acciones se repondrán, estimuladas por el crecimiento de la población y las exigencias del desarrollo económico. Algunos analistas siguen sugiriendo a los pequeños inversionistas que aumenten sus inversiones en los “mercados emergentes” y se olviden de esas inversiones durante algunos años.
Los valores de esos países se derrumbaron ya en 1987 –dicen– y después se repusieron. En cambio, los administradores de esos fondos están preocupados por el día de mañana, y la carnicería en Latinoamérica comienza a extenderse en mercados al otro extremo del mundo. Desde el 19 de diciembre, los fondos que invertían principalmente en América Latina han perdido 30%. Aun cuando no en forma tan dramática, otros fondos que tenían valores latinoamericanos en su composición han seguido sus pasos.








