WASHINGTON, DC- Pese a un apoyo de último minuto por parte del gobierno norteamericano, la candidatura de Carlos Salinas de Gortari a la dirección general de la nueva Organización Mundial de Comercio (OMC) parecía estar a punto de apagarse. El viernes 13, en medios diplomáticos y de comercio cundían las versiones en el sentido de que el expresidente mexicano se retiraría de la contienda, aunque lo mismo se decía de sus rivales, el italiano Renato Ruggiero y el sudcoreano Kim Chulsu.
Mientras tanto, se fortalecía la versión de que la disputa por la dirigencia de la OMC, estancada desde hace seis semanas, podría decidirse en favor de un cuarto candidato. De acuerdo con información que comenzó a surgir el mes pasado en Ginebra, sede de la organización, los tres bloques económicos regionales, que por ahora apoyan a sendos aspirantes, estarían poniéndose de acuerdo en una solución de consenso, que podría encarnar el ministro de Comercio de Nueva Zelanda, Philip Burdon (Proceso 948 y 949). Burdon, miembro del gabinete del primer ministro conservador Jim Bolger, declaró el jueves 12 en Wellington, la capital neozelandesa, que estaba contemplando la posibilidad de entrar en la contienda. Burdon habría suspendido sus vacaciones de verano para hablar al respecto.
Las posibilidades de que Ruggiero o Kim Chulsu declinaran sus candidaturas en favor de Salinas –prácticamente la única opción que tenía el expresidente mexicano para acceder al cargo– se fueron desvaneciendo.
Ruggiero siempre sostuvo que él tenía el apoyo de la mayoría de los 125 países miembros del desaparecido Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT), pero que como no era apoyado por Estados Unidos y la contienda se tiene que resolver por consenso, veía difícil su triunfo.
Kim Chulsu, en declaraciones a este semanario, expresó que no retiraría su candidatura y que emprendería una gira mundial para seguirla promoviendo. Mientras que Ruggiero parecía estar actuando pasivamente ante la campaña de Salinas de Gortari, Kim Chulsu daba la impresión de ir a la ofensiva. “Voy a dejar claro que seguiré hasta el final”, comentó, en entrevista telefónica, el embajador comercial sudcoreano, quien, a su vez, no perdía la esperanza de que Salinas o Ruggiero declinaran en su favor.
En tanto, Carlos Salinas continuaba su gira mundial en busca de apoyo a su autoproclamada “candidatura del Sur”. Salinas viajó en un avión privado matrícula XAAAS, según informó a Proceso un empleado de la torre de control del aeropuerto de Manama, capital de Bahrein, en donde el exmandatario arribó el domingo 8, durante un recorrido por los países del Golfo Pérsico.
Todavía el martes 10, Salinas parecía estar recibiendo aire para su campaña: El secretario de Comercio estadunidense, Ron Brown, reiteró el apoyo del gobierno de su país a la candidatura del político mexicano. Brown –quien rompió un silencio de varias semanas de la administración de Bill Clinton sobre este tema– opinó que la crisis financiera en México no afectaba las posibilidades de Carlos Salinas de llegar a la dirección general de la OMC. En visita a Tokio, el canciller mexicano José Angel Gurría también desestimó la relación entre los problemas económicos de México y las aspiraciones de Salinas a encabezar la OMC.
Sin embargo, versiones recogidas por este semanario en Washington y Ginebra señalaban que Estados Unidos, con su insistencia en apoyar a Salinas, luego de la tempestad económica en México, “seguramente” estaba negociando la capitulación de Ruggiero y la aceptación de la Unión Europea de buscar a un cuarto candidato –según una fuente del Comité de Comercio del Senado norteamericano–, y que, contra lo que dijo Brown, la crisis financiera en México sí había desinflado las expectativas creadas por la candidatura del expresidente mexicano.
“Es evidente que está fuera de la jugada”, comentaron fuentes de la OMC en Ginebra. Estas también confirmaron que un viaje a Suiza proyectado por Salinas fue cancelado a última hora, y agregaron que el aparente derrumbe de la candidatura de Salinas fue precipitado por “su propia responsabilidad” en la crisis que vive México. Las posibilidades del expresidente habrían sido directamente afectadas por el “lavado de manos” en que incurrieron, respecto del caso mexicano, las autoridades del Fondo Monetario Internacional (FMI) y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Por todas partes resonaron las palabras de Michael Camdessus, director general del FMI, dichas en París la semana anterior: “Ya se había advertido a las autoridades mexicanas de las posibles consecuencias de ciertas imprudencias”.
En la Ciudad de México, la prensa daba cuenta, el viernes 13, del regreso de Salinas al país, vía Nueva York, y de la suspensión intempestiva de su gira mundial. En tanto, en Wellington, Nueva Zelanda, el letargo en que entran las actividades gubernamentales durante enero, de pronto se acabó. El ministro Philip Burdon, quien estaba de vacaciones hasta el 30 de enero –según dijo a Proceso, a principios de mes, su asesor Philip Lewin–, repentinamente empezó a hacer declaraciones sobre la contienda por la dirección general de la OMC. “El gobierno –dijo Burdon a la agencia Xinhua– mantiene la opción de impulsar mi nombre”.








