Mientras el presidente Ernesto Zedillo continuaba explicando las causas de la crisis, hacía llamados a la unidad nacional para enfrentar la emergencia económica y reiteraba su invitación al diálogo político, el pánico y la irritación cundían en los mercados financieros nacionales e internacionales.
Dentro y fuera del país era absoluta la desconfianza en que el gobierno mexicano pudiera controlar por sí mismo la crisis ocasionada por la devaluación del peso. Los mercados financieros se desquiciaron durante los primeros días de la semana pasada y sólo la intervención del gobierno estadunidense logró calmar los ánimos de la comunidad financiera. Había temor real de que la crisis mexicana se convirtiera en emergencia internacional.
Ni las explicaciones ni las medidas tomadas por el presidente Zedillo han servido para que su gobierno, y él mismo en lo personal, recuperen la confianza
Con la firma del Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica, suscrito la semana antepasada por los sectores productivos del país, no pudo el Presidente obtener la calma ni la certidumbre sobre la capacidad del gobierno para mantener bajo control la economía. Tampoco logró ese efecto el paquete de apoyo financiero de 18,000 millones de dólares puesto a disposición de México por la comunidad internacional.
Pasó inadvertida, también, la aparente buena recepción que tuvieron los funcionarios enviados por Zedillo a diversas partes del mundo, para informar sobre el nuevo programa económico mexicano y solicitar créditos.
(El canciller José Angel Gurría estuvo en Japón y en Canadá: explicó el programa, dijo que no habría otra devaluación y que la crisis sólo durará unas cuantas semanas; arrancó, por lo menos de los japoneses, compromisos de apoyo financiero, aunque no se precisaron montos. El vicegobernador del Banco de México, Francisco Gil Díaz, y el director del Banco Nacional de Comercio Exterior, Enrique Vilatela, estuvieron en Londres y Bonn. También explicaron el programa económico, llamaron a la confianza de ingleses y alemanes y prometieron que México pagará sus obligaciones externas como estaba planeado antes de la devaluación.)
Nada pudieron hacer.
Si el lunes cayó la bolsa mexicana –6.65%, con lo que la pérdida en este año superaba el 16%–, el martes se desplomó y arrastró a las bolsas latinoamericanas –”efecto tequila” le llaman desde que empezó la crisis mexicana– e hizo cundir el pánico en los mercados financieros de los “países emergentes”. Y México, en la prensa internacional, dejó la aureola de país maravilla para la inversión y pasó a ser acusado de generar desconfianza mundial sobre América Latina y, aun, de convertirse en riesgo para la estabilidad financiera internacional.
El martes 10, más allá del efecto que produjo un alza descomunal en las tasas de interés –cetes a 55%–, que azuzó la desbandada de inversionistas en el mercado de valores, la bolsa vivió su peor día desde el crack de 1987. En medio del pánico y la zozobra, el principal indicador llegó a perder hasta 11% cuatro horas después de iniciada la sesión en el piso de remates. Al final, gracias a la intervención de los inversionistas “institucionales”, pudo remontar la caída para quedar en una pérdida de “sólo” 6.26%.
Nadie entendía nada el convulsionado martes en la bolsa mexicana. Los operadores de piso fueron presa de la angustia y del nerviosismo. Atendían órdenes de venta, aun en casos en que a sus mandantes les significara deshacerse del papel con pérdidas de hasta 70%. Como apestadas, las acciones se vendían masivamente. Nadie quería tener el papel en sus manos.
Y si como dicen los economistas, que la bolsa anticipa acontecimientos, la caída de ese martes se antojaba premonitoria de momentos más negros, según los especialistas. El propio presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, Manuel Robleda, que acudió lo mismo al piso de remates que a la sala de prensa para calmar los ánimos y llamar a la cordura, aceptó que no entendía nada. Y se preguntó qué podrán estar “viendo” los mercados para comportarse tan “irracionalmente”.
“El golpe ha sido más fuerte que nunca”, dijo Robleda, quien se esforzaba, ante reporteros igual de incrédulos, por hallar explicaciones al crack. Intentó:
–Los mercados están contagiados de nerviosismo: están cayendo las bolsas latinoamericanas (9.6% en Argentina; 9.8% en Brasil; 5.12% en Chile y 9.9% en Perú).
–Los inversionistas están saliendo masivamente de los mercados “emergentes” y propician más nerviosismo y bajas abruptas en los mercados de valores.
–Las calificadoras internacionales llaman a no comprar papeles mexicanos y latinoamericanos en general.
–Los títulos mexicanos que cotizan en Nueva York caen estrepitosamente. (El martes fue un día aciago para los ADR mexicanos. Por ejemplo, Telmex, que algún día se cotizó a 76 dólares la acción, cerró a 33 dólares. Otra: Tribasa, que hace un año se colocó a 16.50 dólares, se cotizó en 3 dólares.)
–Azuzó el mar de confusión y nerviosismo el incremento sustancial en las tasas de interés domésticas. Los cetes llegaron a estar en el mercado secundario entre 60% y 65%, cuando apenas hace un mes la tasa primaria estuvo entre 13% y 14%.
“No nos explicamos cómo puede haber tanto nerviosismo en los mercados”, dijo Robleda, quien aceptó que los precios de las acciones de algunas empresas estaban quedando en verdaderas gangas. “Hay valores que ahorita (lo dijo poco antes de la una de la tarde) tienen un valor 70% abajo del que tenían la víspera de la devaluación”.
Pero la pregunta fundamental del dirigente bursátil fue: “¿Realmente qué están viendo (por venir en la economía) algunos agentes o participantes de los mercados como para poder llegar a esos extremos de vender sus posiciones con 70% de castigo?”.
“Estoy muy confundido”, dijo. “No puedo entender esa actitud tan negativa”.
CLINTON AL RESCATE
En medio del desconcierto, y de acusaciones a nivel mundial de que México oscurecía las perspectivas de las economías latinoamericanas, el presidente Zedillo intentó, el miércoles 11, calmar los ánimos. En público, dijo que la volatilidad que han estado experimentando los mercados financieros “no corresponde con la fortaleza real de nuestra economía”.
“El programa económico y el paquete financiero harán patente muy pronto la plena solvencia del país y restituirán la necesaria confianza interna y externa en los mercados financieros”, dijo el Presidente quien, optimista, expresó su confianza de que “en unos días habremos logrado estabilizar las principales variables financieras, incluyendo el tipo de cambio”.
Lo dijo muy temprano, el miércoles, pero poco efecto tuvo: Los mercados financieros siguieron desquiciados toda la mañana –la bolsa llegó a perder, al mediodía, 6%, y el mercado cambiario siguió presionado, al punto de que el dólar estuvo cerca de los 6 nuevos pesos–, y el gobierno echó mano del impacto psicológico. Con prisa, se difundió desde la residencia oficial de Los Pinos el contenido de una conversación telefónica, el día anterior, entre los presidentes Zedillo y Clinton.
En ella, el mandatario estadunidense le informa al mexicano haber convocado a las instituciones financieras internacionales para que en breve instrumenten un paquete financiero en apoyo al programa económico del gobierno mexicano, así como haber instruido a la Reserva Federal para que “continúe tomando medidas adecuadas para ayudar a que México atraviese estas presiones financieras de corto plazo y construya sobre las bases sólidas para el crecimiento creadas en los últimos años”.
Dijo Clinton: “Tenemos un gran interés en la prosperidad y la estabilidad de México. El que México tenga éxito forma parte de los intereses económicos y estratégicos de Estados Unidos”.
Más tarde, el mismo Clinton salió al paso de críticas que hacían ver al TLC como un error, vistas las debilidades en la conducción económica de México. En información distribuida por Los Pinos, recogida de la televisora estadunidense CNN, Clinton señala: “Yo tengo confianza en el futuro de México. Lo que vemos ahora es una crisis pasajera. Ellos serán capaces de corregir el valor del peso porque ya han experimentado déficit en su economía, y han salido adelante. Ellos tienen buen liderazgo político, estable, una buena dirección económica, y están mostrando disciplina en sus decisiones.
“El presidente Zedillo ha hecho un llamado de sacrificio al pueblo mexicano, y el gobierno de EU hará todo lo posible para que México pueda salir pronto de esta crisis… Hablé con el presidente Zedillo ayer por la tarde, y estamos estudiando el problema muy minuciosamente. Tenemos que recuperar la confianza del mundo hacia México. Para los que pensaban que el TLC representaba grandes desventajas para la economía de EU y ventaja para México, les puedo decir que ha habido grandes aumentos en la productividad y se ha recuperado en los últimos dos años la economía de los tres países.
“Lo que está pasando en México nadie lo había previsto, pero reafirma nuestro compromiso de apoyar el progreso y la democracia no sólo a México sino a toda Latinoamérica.”
Lo que Zedillo no consiguió con sus palabras, Clinton sí lo obtuvo con las suyas. Vino una calma relativa en los mercados: la bolsa mexicana ganó casi 3%, los títulos mexicanos en Nueva York y las bolsas latinoamericanas empezaron a recuperarse.
Mejor, aún, fue el impacto que produjo la labor del mandatario estadunidense, el jueves 12, con los líderes del Congreso de ese país. En la Casa Blanca se reunió con el presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich; el líder de la mayoría republicana del Senado, Robert Dole; el líder demócrata del Senado, Tom Daschle, y el líder demócrata de la Cámara de Representantes, Richard Gephardt.
Acordaron promover un amplio paquete crediticio –que podría ser de entre 25,000 y 40,000 millones de dólares– para rescatar la economía mexicana. De ese encuentro se informó, la noche del jueves, en Los Pinos, pero no se precisó el monto de la ayuda financiera. No obstante, al día siguiente, los mercados mostraron menos nerviosismo, lo mismo en el país –la bolsa mexicana ganó 4.6%– que en el extranjero.
A cambio del paulatino regreso de la calma y –según espera el gobierno– de la confianza internacional, no será menor el costo a pagar: el país queda otra vez endeudado de manera peligrosa y la economía, de plano, no tiene para cuándo reiniciar el crecimiento. La meta de 1.3% de aumento en el PIB fijada en el nuevo marco macroeconómico para 1995, prácticamente quedó enterrada, de acuerdo con los primeros análisis, por las alzas abruptas en las tasas primarias de interés –que implicarán tasas en préstamos directos de hasta 70%– determinadas por el Banco de México en su intento de lograr lo que todavía no hace la devaluación: despresurizar, reducir la especulación, en el mercado de cambios.
Y, en efecto, tan no logra la devaluación quitarle presiones al tipo de cambio, que la Reserva Federal estadunidense tuvo que intervenir, el lunes, a petición del Banco de México, comprando pesos en el mercado neoyorkino, por el equivalente a unos 500 millones de dólares, en un intento por bajar la cotización del dólar y reducir los ánimos especulativos.
MR. JONES EN ACCION
El compás de espera que produjo el anuncio del paquete crediticio al final de la semana, derivó en un discurso presidencial optimista –se comienzan “a ver los signos alentadores de que nuestro esfuerzo por superar la emergencia económica va por buen camino”, dijo Zedillo el viernes 13, en Acapulco– que, no obstante, choca con los efectos que el manejo de la crisis tiene más allá de los circuitos financieros.
En principio, a los efectos de la devaluación se sumó el costo del dinero, que se elevó de tal forma que ya empezó el cierre de empresas y el despido masivo de obreros y empleados. Así lo han hecho patente las múltiples manifestaciones callejeras de trabajadores, y aun amas de casas, en diversos puntos del país. A tasas superiores al 60% nadie arriesga a solicitar créditos a los bancos. Atrapados, sin más destino que la quiebra, quedaron quienes ya los tienen. La contracción severa del consumo y la inversión, no apuntan más que a paralizar la economía.
Luego, en olvido del flamante Acuerdo de Unidad para Superar la Emergencia Económica, apenas firmado la semana antepasada, se desató ya la carrera entre salarios y precios. Mientras la CTM instruye a sus sindicatos a solicitar, bajo amenaza de huelga, incrementos de hasta 56% en los salarios contractuales, el gobierno autoriza incrementos a los precios: de más de 30% a los bienes con insumos de importación, y aun no fijados para algunos de la canasta básica, como leche, carne, medicamentos, aceite y otros.
En la confusión, muchos se van por “la libre”, a tal grado que la Procuraduría Federal del Consumidor ha clausurado, en los últimos 20 días, más de 347 giros comerciales por violación de precios.
Efecto también de la conducción de la crisis, es la nueva relación de México con quienes ahora se erigen en sus salvadores. A la presencia en el país de funcionarios de las instituciones financieras internacionales –Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo– para dar seguimiento –y orientación– en la instrumentación de la estrategia económica, se suma un abierto interés de los Estados Unidos por hacerse presente.
El jueves 12, el embajador de ese país en México, James Jones, acudió a la Secretaría del Trabajo luego de que allí se efectuó una sesión de la Comisión de Seguimiento del Pacto. Habló con el titular, Santiago Oñate, y lo interrogó sobre “el ánimo de los sectores productivos nacionales ante la emergencia económica” y sobre la forma de operar de esa Comisión.
Participante en la reunión, el secretario de Hacienda, Guillermo Ortiz, dijo al salir que los préstamos de Estados Unidos y de la comunidad financiera en general no implican que el país vaya a hipotecarse.
CONTRADICCIONES PRESIDENCIALES
Entre tanto, el presidente Zedillo recurrió al optimismo discursivo y se desdijo de interpretaciones anteriores. Ya no vio lastres ni vulnerabilidad en la economía, como lo había señalado desde que empezó la crisis. El tono acusatorio desapareció y llamó, inclusive, a no buscar culpables de la crisis.
Más aún, borró en sus discursos el distanciamiento conceptual que había manifestado respecto del equipo económico de su antecesor. De manera implícita reconoció que el discurso de “la verdad” y los señalamientos de una economía maltrecha por errores y subestimaciones, producen efectos negativos en el ánimo de los mercados financieros.
Por ello, en la semana habló de una economía bien conducida antes de que él llegara al mando del país. Dijo el miércoles: “La economía mexicana cuenta hoy con una solidez estructural que antes no tenía… esa solidez nos permitirá, ahora, enfrentar mejor los efectos de la devaluación de nuestra moneda; esa solidez nos permitirá retomar el crecimiento firme y sostenido que México necesita para resolver sus carencias”.
Y el viernes, ante parlamentarios, funcionarios e inversionistas de la Cuenca del Pacífico, reunidos en Acapulco, con particular interés ratificó su nueva tesis:
“En la pronta superación de esta dificultad económica, aprovecharemos las bases económicas firmes construidas en los últimos años. A diferencia de otros momentos críticos que ha vivido el país, hoy los principales elementos de nuestra economía son firmes y están sanos. Las finanzas públicas están en equilibrio.”
Así, a golpes de discurso, el presidente Zedillo está enfrentando la crisis. Pero las soluciones reales llegan de fuera.








