Comienzan raras las circunstancias deportivas en este 1995.
Definitivamente, porque las cosas se han manejado mal: no encuentro cambios substanciales entre los nuevos funcionarios deportivos. Las excepciones, desde luego son ineludibles y, lo más preocupante, las omisiones.
Más en la Confederación Deportiva Mexicana, que en la Comisión Nacional del Deporte. Pero igual y peor.
Es cierto que el gobierno federal reducirá en 17,000 millones de nuevos pesos el gasto público. Ah, pero en apoyo al programa de emergencia, vienen 18,000 millones de dólares.
Y resulta que en el deporte todo aparentemente se está acabando, más que antes, en lugar de crecer. Es, quizá, un reflejo de nuestra lamentable historia política contemporánea.
Las mariposas siempre han sido bellas compañeras: metamorfosis. Y por ello revolotean entre el museo para los niños y la tragedia de la escuela. ¿Cuántos escuincles requieren de iniciación al recreo? Quienes están en las escuelas. La mayoría de nuestros chiquitos.
Hablo de un país que cuenta entre 15 y 29 millones de jóvenes que no han podido ser ganadores.
¿Saben lo que dijo el nuevo Director General de Educación Física, el señor Mario Ramírez Barajas? Devolver al maestro de educación física su dignidad. ¡Aguas! No habló de proyectos. No habló de las escuelas ni de los barrios y otros asuntos fundamentales, como prioridades. Porque las desconoce.
Felipe Muñoz, ahora que asumió su cargo como presidente de la Confederación Deportiva Mexicana, en lugar de conciliar, lo primero que hizo fue despedir a 39 empleados: ellos tienen niños que necesitan comer. A Felipe Muñoz se le ha olvidado cuando en Munich, los Olímpicos del 72, echaban “agua bendita” a la alberca para tener un resultado satisfactorio.
En Codeme no hay aguas benditas.
El trabajo del deporte mexicano jamás se hará con palabras. Estamos cansados ya.
Se ha olvidado a la gente de trabajo cotidiano, la que se la juega en instituciones como el ISSSTE y otros que se especializaron en el extranjero, como otras personas que trabajan en el interior del país.
Y otra omisión fundamental: ¿cómo es posible que la iniciativa privada se encargue del patrocinio de atletas cuando no existe este producto?
Cuando el presidente Zedillo nos pide un sacrificio, algo anda mal. Y se refleja en el deporte: es muy fácil ofrecer penurias y exigir triunfos olímpicos.
Como matar a los ruiseñores.
Y eso es lo que está ocurriendo en nuestras escuelas, con nuestros niños, con nuestros jóvenes… y con nuestro país.








