Le da una calificación de 5; “me desagradan sus madruguetes” Con Hugo Sánchez el Atlante perdió espectacularidad y ofensiva: Ricardo Lavolpe

Fiel a su personalidad, franca y polémica, Ricardo Antonio Lavolpe asegura que tener a Hugo Sánchez en su equipo no es lo mejor que le ha pasado en la vida.
Por cuarta temporada consecutiva entrenador del Atlante, Lavolpe señala que Hugo “no es sólo un buen jugador, sino un muy buen jugador”, pero reconoce que no le funciona y que es “malo” para el sistema de juego que prefiere.
Además, aunque Hugo es un futbolista “inteligente, muy vivo”, el entrenador argentino explica que su forma de interpretar el futbol no va con las marrullerías y el oportunismo de Sánchez.
Afirma: “No van conmigo, no me siento a gusto ni siquiera cuando ganamos gracias a un corner, un tiro libre o un autogol circunstanciales… Si estuviera en la banca contraria protestaría, y fuerte, sus madruguetes”.
Dice también que hace dos o tres años jamás hubiera aceptado la imposición de un jugador que no deseaba. Asume su debilidad, pero la justifica, primero, por el hecho de que ya tenía un contrato firmado, y segundo, porque siente los colores azulgranas y quiere a su plantel, plagado de jóvenes.
Sobre la calificación que le daría a Hugo, según lo realizado hasta la mitad de la temporada, dice que sería de cinco a seis.

AQUELLAS CHILENAS

A regañadientes, la tarde del jueves 5 Lavolpe aceptó analizar el desempeño que Hugo ha tenido con el Atlante. Ese día el jugador faltó por segunda vez consecutiva a los entrenamientos.
Portero suplente en la selección argentina que ganó el campeonato del mundo en 1978, Ricardo Antonio Lavolpe llegó a México como refuerzo del Atlante en 1979, y desde el primer partido en que actuó llamó la atención por su personalidad atrayente y, a veces, conflictiva.
Temperamental, se recuerdan de él grandes atrapadas, pero también enormes pifias y, sobre todo, los dos goles de chilena que le anotó el entonces novato Hugo Sánchez. En un partido entre los Pumas y el Atlante, Hugo le anotó un espectacular gol de chilena; arrogante, Lavolpe declaró que jamás le volverían a meter un gol igual, pero poco tiempo después Hugo le hizo otro tanto de chilena.
Actualmente es uno de los directores técnicos más cotizados del futbol mexicano y en varias ocasiones se le ha nombrado como serio candidato para dirigir a la selección nacional.
Sentado en la banca del campo azulgrana, luego de casi cuatro horas de entrenamiento, Lavolpe advierte al reportero: “Mira, este tema es muy problemático para mí porque mucha gente tiene presente todavía el lío de las famosas chilenas y no está consciente que yo ahora soy técnico, que mis épocas como jugador ya pasaron”.
Por eso, cuenta, “a veces uno trata de manejar con pinzas a un jugador tan importante como Hugo dentro de México. No cabe ninguna duda: uno sigue siendo extranjero y mucha gente puede pensar mal si uno saca de la cancha a Hugo Sánchez; son tantas las cosas que rodean esto”.

LAS VERDADERAS INTENCIONES

Nunca ocultó el entrenador atlantista que el primer sorprendido por la inesperada contratación de Hugo Sánchez fue él:
“Esperaba un refuerzo extranjero, y no porque dudara de su calidad, pero mucha gente todavía está hablando del Hugo Sánchez de antes y el de ahora es otro.”
–¿Ha sido difícil su relación con él?
–No, difícil no, porque él es un profesional y para estar jugando a la edad que tiene sabe que se debe cuidar… pero también este equipo tiene una mística, una forma de jugar; allí sí se me han complicado un poco las cosas.
–¿Le presiona tener un jugador de esas características?
–No. Mira, cuando uno viene demostrando como entrenador cada año su capacidad no pasa eso. Pero siempre hay que tratar de no tener problemas, de buscar la mejor solución a todo. Trato de no llegar a un conflicto, pero primero está mi equipo que él.
Relajado, Lavolpe toca el asunto que le ha provocado sus últimos enojos con el jugador:
“Por ejemplo, esto de los cuatro días que se fue a Nicaragua y ahora esta semana a España, uno lo entiende porque es un personaje dentro del futbol, como lo es Maradona. Pero son situaciones que, como entrenador, hay que manejar con mucho cuidado, porque cualquier otro jugador te puede pedir lo mismo y creo en la igualdad. Entonces, te vuelvo a repetir, no me gusta su comportamiento en el sentido de que esas cosas me pueden romper el grupo, trato de hablar con los jugadores, más que con él, para que entiendan que a veces hay que aceptar algunas cosas y que no hay que verlas de mala fe.”
–En el futbol hay mucho espacio para la suspicacia, usted lo sabe, se dice que en el juego contra el Puebla Hugo se hizo expulsar para poder ausentarse una semana…
–Sí, es lógico que se pueda pensar eso. Cuando un jugador demuestra que no se sacrifica en la cancha, que no hace esfuerzos en la recuperación de la pelota, y de repente observas que en el partido da una patada por atrás, barriéndose, sobre la banda, cuando podía rebasar la línea del balón y apretar la marca, es lógico que mucha gente piense eso. Sin embargo, no creo que haya sido capaz de hacerlo intencionalmente.
“Ahora, sus verdaderas intenciones me las va a demostrar en los próximos partidos. Si Hugo no vuelve a marcar y a correr, como lo hizo en esa acción contra el Puebla, entonces ya pensaría otras cosas, lo llamaría y le diría: escúchame qué pasó con el Puebla, que corriste, diste una patada, corriste acá y diste otra patada y ahora ya no lo haces.”

RELACIONES DISTANTES

–¿Cuál era su concepto de Hugo como persona antes de tenerlo cerca?
–Por gente que ha estado en España, sabía que era algo difícil, pero al margen de esto puedo decirte que los muchachos del equipo lo respetan mucho. Te puedo asegurar que pongo otro nueve ahí y se le ocurre hacer las cosas que hace Hugo ¡cuidado! Protestarían, le gritarían; pero a Hugo no le dicen nada, lo respetan y bueno… Todo eso, lo que lo envuelve, hace que el equipo con él sea otra cosa.
–¿Cómo es su relación personal?
–De profesional a profesional.
–Se sabe que a usted le gusta llevar más allá de la cancha su amistad con los jugadores…
–No, con él no.
–¿Por qué?
–Porque el que te debe dejar entrar a su intimidad es el propio jugador, si no sucede eso, uno como técnico lo respeta y hasta allí. Con él hay un trato profesional en ambos sentidos, pero no hay ni comentarios futbolísticos ni nada por el estilo. Este intercambio sí lo tengo con los demás para saber cómo ven las cosas, en qué estamos fallando y todo lo demás que sucede en el futbol. En definitiva tengo mucho más diálogo con los demás que con Hugo.
–¿Sabe si él tiene participación en la propiedad del equipo?
–No y no me interesa tampoco; yo se lo dije una vez ya, cuando tuvimos un problema. También comenté que mientras fuera el director técnico de este equipo mandaba yo, y dije que en el momento en que viera que me faltaba poder para manejarlo, sería el primero en subir las escaleras de este estadio e irme…
“Jugué muchos años, gracias a Dios he hecho mi capital y no necesito ser basureado para seguir dirigiendo. Aclaro que nunca la directiva me ha dicho: oye hoy juega Hugo o a Hugo hay que darle tal permiso o tal cosa, para nada. La directiva me ha respetado y mientras siga así yo sigo mandando, ya se lo expliqué, se lo dije a él y aunque sea la figura que es dentro de México yo seguiré siendo el que dirija al equipo y maneje las cosas a mi manera.”

EL QUE SUFRE ES EL SISTEMA

–¿Es cierto, entonces, que la llegada de Hugo le creó problemas?
–Para mi sistema de juego sí. Este equipo había sido de los más goleadores. La temporada pasada hicimos 79 goles; el año en que resultamos campeones estuvimos en este sector sólo atrás de Necaxa y la temporada anterior estuvimos también entre los primeros. En cambio hoy no estamos allí.
“La explicación de por qué sucede esto es muy sencilla: si un equipo viene fuerte en ofensiva, en espectacularidad y de pronto te incrustan jugadores que no entran dentro del sistema… pues algo falla. Ahora, esto no quiere decir que sea bueno o malo el jugador, puede ser un gran jugador, pero no en tu sistema.”
–¿Qué tanto lo obligó Hugo y en qué a cambiar su forma de juego?
–Mucho, porque nosotros estábamos acostumbrados a jugar con dos nueves que picaban hacia las bandas, dos nueves que tapaban la salida del rival. Algunas veces jugábamos con los dos nueves sobre los centrales y algunas veces con uno sobre los centrales y con el otro sobre el de contención. Sí, hay muchas variantes.
“Cuando la directiva asume que Hugo puede ser la solución a lo que yo estaba pidiendo, sabía que él no tiene esas características y eso no es que sea bueno o malo, luego la gente interpreta mal; Hugo, lo reconozco, debe ser no bueno, sino muy bueno como jugador, por lo que hizo, pero quizá dentro de tu sistema no entra, entonces es malo para tu sistema.”

TODO POR LA TAQUILLA

–¿Esto lo hace sentirse frustrado? ¿Todo entrenador tiene que pagar este costo algún día?
–Mira, mucha gente puede preguntarse el por qué si te incrustan un jugador que tu no quieres no te vas, pero el problema aquí es que yo ya tenía firmado un contrato; entonces dije: bueno, si ellos piensan que él debe estar por taquilla o por muchas otras cosas extrafutbolísticas, lo acepto.
“Me costó mucho cambiar mi imagen de cuando era jugador, por eso no quise problemas. No quise que se dijera que me iba a otro equipo porque llegaba Hugo, porque ya después se engrandecen las cosas y es lo que no pretendo.”
Confiesa que tuvo ofertas del Cruz Azul y del América, pero que optó por quedarse en el Atlante porque vino a jugar a este equipo y siente los colores, y por el tipo de plantel que tiene, plagado de jóvenes con amplias perspectivas:
“Por eso dije: creo que puedo hacer una variante y jugar con Hugo.”
–¿Hugo está consciente de los cambios al sistema de juego que provocó su llegada?
–Es muy difícil saberlo, porque te vuelvo a repetir, es un muchacho con el que no tengo mucho diálogo, no le he llegado tanto como para poder saber por qué no hace esto o porque no hace esto otro. Busco un equipo que sea espectacular, que guste a la gente y haga que los estadios no estén vacíos. Para lograr esto tiene que haber mucho trabajo de cancha, muchos relevos, mucho sacrificio y ahí es cuando si no tienes a los jugadores, aunque sean uno o dos, te rompen todo el sistema. Volvemos siempre a lo mismo: tienes que adaptar tu sistema a los jugadores de los que dispones.
–Para no malinterpretar, ¿quiere decir que si no hubiera tenido contrato firmado hubiera dejado el equipo por la imposición de Hugo?
–Lo que pasa es que me llevo muy bien con la directiva, más allá de que sé que si no se te dan los resultados te echan; acá hay una identificación que rebasa lo profesional, hay amistad. Por ejemplo, con el presidente, Raymundo Palacios, me llevó de maravilla. Aunque… si esa imposición era un motivo, si me hubieran agarrado dos o tres años atrás, hubiera sido suficiente para irme. ¿Por qué? Pues porque yo pido los jugadores y yo sé por qué los escojo. Se buscaba que hubiera más taquilla, para que el Atlante sea mejor visto…
–¿Se ha logrado esto?
–En provincia, no puedo mentir, yo creo que sí. Se ve que Hugo es un ídolo.
–A ustedes también los iban a ver antes, no por ser figuras sino por su juego…
–Cierto, por lo que era el espectáculo. De todo eso se habló poco antes de que él viniera. Yo les expliqué a mis jugadores que tendríamos que estar conscientes de que de ahora en adelante Hugo iba a ser la figura. Esto no llamaría mi atención ahora si dentro de la cancha el equipo hubiera seguido igual; me sorprenden todavía los problemas que tuvimos de lesiones, de expulsiones. Toda la gente habla de que ya no es el Atlante de antes y eso si me duele más que lo otro. Por lo demás, no me siento mal porque si uno ve lo que fue Diego Armando Maradona: el Nápoles no existía, lo hizo él.
–Pero no es el caso de su equipo, habían sido ya campeones sin Hugo…
–Bueno, ahí viene el problema, nosotros ahora debemos tratar de que con él el equipo siga siendo espectacular, siga siendo un equipo que guste a la gente y gane convenciendo. Siempre he estado en contra de ganar por un tiro libre, por un autogol o por un corner circunstanciales.

REPROBADO O DE PANZAZO

–¿Hugo ha sido como una piedrita en el zapato para su proyecto? ¿Se puede decir eso?
–Uhmmmm, no sé, tendría que ver al equipo en la segunda vuelta, cuando estén ya todos los jugadores. Ya viene el regreso de Forte, de Beto Andrade, de Romano. Con todos recuperados entonces si te podría decir si el equipo funciona o no igual con Hugo. Pero cuidado con eso: en el momento en que yo tenga a todo mi equipo Hugo se tendrá que ganar el puesto como cualquier otro. La gente de experiencia dentro del campo es buena, pero si él no rinde, no te quepa la menor duda que Hugo no jugará.
–¿Qué calificación le pondría a Hugo a media temporada?
–En estos momentos creo yo, con cinco o seis puntos.
–¿Sobre 10?
–Sí, y algunos dirán y los goles qué, pero yo veo las circunstancias de los goles, es decir, me interesa cómo fueron los goles, si gracias a una jugada o porque él lo fabricó o porque se lo encontró. Para lo que yo pretendo como un jugador número nueve le pondría cinco o seis puntos, repito.
–La marrullería, el oportunismo de Hugo, no compaginan con su manera de interpretar el futbol…
–No, no…
–¿Cómo se siente por esto? ¿Le enoja ganar con un madruguete?
–Claro, si yo desde hace años declaraba que no me gustaba ganar por un tiro libre o por un corner no puedo ahora cambiar porque tengo a un jugador que hace un madruguete. No puedo estar contento en ese sentido, aunque yo respondería: bueno sí, hizo un gol de madruguete, pero esa noche al Puebla le metimos tres y con diez hombres. Por lo demás, es cierto, no comparto eso, aunque reconozco que son vivezas, y cuidado con eso, él es muy inteligente, muy vivo en ese sentido, lo que pasa es que no comparto que algunas veces por ser Hugo Sánchez los árbitros le permiten eso, estoy seguro que si patea otro no se lo permitirían, ahí es donde yo todavía no lo acepto, porque si estuviera en la banca contraria protestaría, y fuerte. Cuando un jugador busca mañosamente que le cometan falta o busca el tiro libre amagando varias veces… esas cosas las utiliza y algunos árbitros se ponen nerviosos porque no es fácil dirigir a Hugo Sánchez, cuando busca tres o cuatro fauls, se tira y todas esas cosas, entonces uno lo observa y se tiene que callar.
–¿El sabe que usted ve al futbol de manera radicalmente distinta a la suya?
–Sabe que yo siempre hablo de hacer un buen espectáculo, de hacer un buen futbol, que me gusta ganar contundente, hacer pressing, que mi equipo achique y juegue 30 ó 40 metros más adelante. En las charlas, si me escuchó, entenderá; si no me quiere escuchar, cada uno tiene su forma de ser y él como profesional viene a jugar y listo… Cualquier jugador que tenga dos dedos de frente se debe dar cuenta si lo que buscas es que tu equipo tenga artimañas. Nunca, jamás, les diré a mis jugadores que anulen a algún contrario con una marca hombre a hombre. Por un jugador puedes cambiar un poco el sistema, pero no tu manera de ser.
–¿Cómo calificaría la experiencia de dirigir a Hugo?
–Muy buena; primero, porque saber manejar a figuras como él no es fácil, todo lo contrario. Segundo, porque me dio la experiencia de que algunas veces por aceptar algo se te complica todo el año. Como debería asumirlo cada entrenador, siempre me hecho la culpa cuando las cosas no funcionan.