Maradona en Cuba: Fidel, Varadero, el Tropicana y su opinión sobre Hugo Sánchez: “pobre muchacho”

LA HABANA.- Reunidos en privado, Diego Armando Maradona le comentó a Fidel Castro las presiones a que es sometido para dejar el futbol y el doloroso sacrificio que representa no estar en la cancha.
Fidel, paternal, le aconsejó: “En este año nosotros hemos tenido muchísimas presiones, algunas que no se pueden siquiera imaginar, pero no dejamos de luchar. Tú no debes aflojar la lucha para seguir jugando”.
Eso contó el futbolista argentino a Gianni Miná, periodista italiano amigo de Maradona desde que éste jugaba en Nápoles, Italia. Se lo dijo en singular entrevista: copa en mano, mirando el show del Cabaret Tropicana que esa noche –jueves 29 de diciembre– cumplía su 55 aniversario. Allí, como en todos lados donde se paró en la isla, Maradona fue la estrella.
El astro argentino estuvo en Cuba del 24 de diciembre al primero de enero para “descansar”, “encontrar tranquilidad” y “disfrutar de la isla y de su gente”.
Y vaya que lo hizo: se bañó en la playa de Varadero; cantó tangos en un centro nocturno; bailó en el Tropicana y se emborrachó en la piscina de los hoteles que lo hospedaron.
Sin embargo, dejó plantados a varios deportistas cubanos en un “encuentro” en el Instituto Nacional del Deporte (Inder), a los animadores de la Marina Hemingway –los que habían preparado para él una fiesta especial de fin de año– y a los aficionados que esperaban ver una exhibición de futbol en el estadio Pedro Marrero.
“Haré lo que los cubanos quieran… A lo mejor no un partido grande, pero sí uno de cinco contra cinco”, dijo al llegar a La Habana ante la pregunta de si jugaría futbol durante su estancia en la isla. Fuentes del Inder comentaron que las autoridades deportivas de Cuba desecharon la idea de un encuentro de futbol para evitar “roces con la FIFA”, que sancionó a Maradona con quince meses de inactividad como jugador.
En realidad, a Maradona no le importó mucho. Le interesaba más ver a su amigo Fidel Castro, por quien, aseguró, “daría la vida”. Se reunió con él la tarde del jueves 29 de diciembre. Fidel le regaló una gorra militar autografiada. Maradona le entregó la camiseta de la selección Argentina con el número 10 en la espalda. Ambos repitieron el intercambio de regalos que habían hecho en 1987, cuando el futbolista argentino visitó por primera vez la isla.
Luego, el comandante en jefe se retrató con la esposa de Maradona, Claudia Villafañe, y con sus dos hijas, Dalma Nerea y Gianina. “¡Cómo has crecido!”, le dijo Fidel a la menor de las niñas ante la mirada orgullosa del futbolista, que expresaba: “¡Pero qué lindo!”.
Con Fidel “hablamos de todo lo que concierne a cómo se encontraba de salud y de cómo enfrentaba toda esta situación”, comentó Maradona a Miguel Hernández, reportero del diario Granma, uno de los pocos que tuvieron acceso a sus actividades privadas.
–¿Y qué dijo Fidel?
–Que estaba fuerte, que iba a seguir tratando de que el pueblo cubano esté bien y a nosotros nos dio fortaleza… me dio oxígeno para seguir adelante… Que la lucha de él es la lucha de la familia Maradona y de muchos argentinos que quieren ver al pueblo cubano fortalecido, no sufriendo, y de eso hablamos.
Polémico, el futbolista se explayó en todos lados sobre su amor a Cuba y a Fidel, actitud que contrasta notablemente con la del presidente de Argentina, Carlos Menem, quien no deja pasar oportunidad para criticar a Castro; reiteró los ataques a Joao Havelange y Josef Blatter, presidente y secretario de la FIFA, quienes “me cortaron las piernas”; rehuyó el tema del consumo de drogas (por el que se le siguió un juicio) y apenas se refirió al doping con efedrina que lo dejó fuera en el Mundial de Futbol de 1994.
Eso sí, abrió la posibilidad de regresar al futbol profesional antes del Mundial de Francia en 1998: “Para volver a jugar me lo tendrían que pedir mi esposa y mis hijas”.

DE VARADERO A TROPICANA

Maradona llegó a La Habana en la madrugada del 24 de diciembre en compañía de su esposa, sus dos hijas y 28 acompañantes: futbolistas, actores, cantantes y otros miembros de la farándula argentina.
Se fue directo a Varadero, al hotel Cuatro Palmas, de la cadena Gran Caribe, la que oficialmente lo invitó.
Desayunó en la mesa bufet y se fue a la piscina. Nadó un rato. Varios turistas lo descubrieron. Se tomó fotos con ellos: hacía gestos, enseñaba los bíceps y sumía el estómago para disimular su ya evidente obesidad.
Al ritmo de un grupo de salsa que tocó en el lugar, Maradona empezó a tomar ron añejo y a bailar. Cuatro horas después daba tumbos. Lo tuvieron que llevar “de trenecito” a su habitación. Esa noche era Nochebuena y Maradona no salió a cenar y a celebrar la Navidad con sus acompañantes. Se quedó dormido y no salió hasta dos días después.
El lunes 26, Maradona fue a la playa. Llevaba puesta una playera roja con la imagen del Che. Jugó volibol un rato, pero sólo usaba –con la maestría de que goza– la cabeza y los pies. Lo aplaudieron los turistas que se formaron alrededor de la cancha y él, como si estuviera en un estadio, celebró la ovación.
Un frente frío entró en las costas occidentales de Cuba. No había forma de salir a la playa. Maradona se escapó dos días a Cancún, México. El jueves 29 de diciembre estaba de regreso en La Habana. No podía perderse el encuentro con Fidel y el espectáculo del Tropicana.
Al famoso cabaret cubano llegó a las 10 de la noche en punto, cuando la ceremonia de aniversario ya se había iniciado. Al frente de su comitiva, avanzó “partiendo plaza”, tomado del brazo de Claudia Villafañe.
Todo vestido de negro –pantalón de mezclilla, camisa a cuadros, saco sport–, Maradona llevaba puesta una gorra militar verde olivo… la que Fidel le acababa de regalar. Se había reunido con él momentos antes.
“Tenemos entre nosotros a un invitado muy especial, a un valiente amigo de Cuba: Diego Armando Maradona”, anunció el maestro de ceremonias y los reflectores y las miradas se posaron sobre el argentino, quien se levantó y saludó a la concurrencia con la mano derecha en alto y mostrando su gorra militar, que no se quitó en toda la noche, ni cuando fue al baño.
Luego, la cena: espagueti, ensalada verde, y una fuente de carnes grillé. “Come como desesperado”, comentó el mesero cuando regresaba a la cocina por más carne. De tomar: el típico Ron Havana Club siete años.
Después, el show: al ritmo de la música tropical, Maradona palmeaba con las manos, movía los hombros y se inclinaba para brindar con sus acompañantes. Cuando las bailarinas bajaron del escenario para bailar entre las mesas, Maradona movía la cara y los ojos a la velocidad de las caderas caribeñas de la mulata que, de espaldas, se le puso enfrente. “Ohuuuu, ohuuuu”, exclamaba.
Al terminar el espectáculo, salió a bailar con su esposa Claudia. Tres agentes de Seguridad del Estado cubano se apostaron en las escalerillas de la pista y no dejaron subir al que tuviera cara de fotógrafo o periodista.
Mientras, el astro argentino –la camisa fuera, sudoroso– brincoteaba y cantaba al ritmo de Maná: “Como te deseo /  Shalalalarala…”.
Un fotógrafo cubano de la agencia Publicitur se acercó demasiado a la mesa, y tomó una foto justo cuando Maradona tenía sentada en sus piernas a su esposa Claudia. Enojado, Maradona lo agarró por las mangas de la camisa y lo acercó a su cara: “Pero qué te pasa, no me dejan ustedes en paz. Te voy a dar de trompadas”.
Sus amigos intervinieron. Cinco minutos después vino la policía y se llevó al fotógrafo.

LA VIDA POR FIDEL

Por la tarde del jueves 29, Maradona recibió la Medalla de la Amistad que le otorgó el Consejo de Estado de Cuba. La ceremonia se efectuó en el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), atiborrado de periodistas, funcionarios y argentinos residentes en La Habana.
En la ceremonia, el director del ICAP, Sergio Corrieri, destacó la posición de amistad de Maradona con la Revolución y puso en alto su valentía por mantener sus convicciones hacia Cuba durante estos duros años.
“Las opiniones de Maradona, por lo que es y representa, tienen una enorme repercusión en todo el mundo. El valor de sus firmes opiniones, de su amistad y solidaridad, es incalculable”, dijo Corrieri.
En su discurso, Maradona dijo sentirse “realmente emocionado”. La medalla, señaló, “era como recibir algo nuevo, parecido a un beso de mi hija o de mi madre”.
Afirmó que sus opiniones sobre Cuba no las hace para ganar medallas, sino “porque creo que del pueblo cubano debemos aprender muchísimo”. Y agregó: “Ojalá los demás pueblos tuvieran la lealtad y la nobleza que tienen los cubanos, pues yo sé que se pueden pasar momentos difíciles en este país, pero con gente como ésta no hay momentos duros”.
Luego, los periodistas se fueron sobre él.
–¿Qué haría usted por Cuba?
–Defendería a muerte a Fidel Castro y a su pueblo.
–¿Después de varios días aquí cuál es su apreciación sobre la realidad cubana?
–Que lo que se afirma afuera son infundios. Diré que las cosas de Cuba no son como se dicen allá.
–¿Qué es lo que más le gustó de Cuba?
–Su gente. Es un pueblo que es valiente y no se pondrá de rodillas.
Luego pasó a su tema: el futbol.
Dijo que se estaba planeando crear la Asociación Mundial de Futbolistas “para proteger nuestros intereses” y que paulatinamente va ganando adeptos entre los jugadores profesionales del mundo.
Advirtió: “Si los dirigentes del futbol mundial no vienen a hablar con nosotros (los jugadores), el Mundial de Francia 98 seguramente no se hará”.
Calculó que tal asociación debe estar formada antes del evento mundial, y comentó que antes de venir a la isla platicó con el crack uruguayo Enzo Francescoli: “Nos comprometimos para que, apenas tengamos un tiempo, vamos a organizar todo para que la FIFA no sea dueña absoluta del futbol”.
Luego comentó que ya tenía adhesiones del futbol mexicano, chileno y uruguayo.
Reiteró sus críticas a Joao Havelange y a Josef Blatter, titular y secretario general de la FIFA: “Ellos no saben nada de futbol. Saben de negocios y dinero, pero de futbol nada”.
Y aseveró: “De una vez y por todas los futbolistas tenemos que participar. No queremos plata por eso, sino que las cosas sean justas para los jugadores”.
En declaraciones posteriores –publicadas en Granma– comentó: “Me mandaron a matar cuando comprendieron que íbamos a ser campeones del mundo”.
Sostuvo que el caso del doping con efedrina en el Mundial de Estados Unidos fue un ardid en su contra: “Eramos invulnerables en el 94. Ibamos para campeones del mundo y pregúntele a Romario y a Bebeto que estuvo ahora en Buenos Aires y me dijo: `Cuando los vimos jugar a ustedes sentimos preocupación’. Para que eso te lo diga un brasileño hay que tenerlo de verdad”.
Reconoció, no obstante, que consumió efedrina: “Quizá fue por un descuido nuestro que ingerí el medicamento, pero no por eso se puede decir que me drogué para jugar. Si toda la gente sabe cómo entreno, ¿qué necesidad tendría de doparme?”.
Maradona anunció su retiro “definitivo” del futbol tras la decisión de la FIFA de suspenderlo por quince meses: “¿Para qué regreso?, ¿para que me hagan lo mismo?”.
Pero dejó abierta la posibilidad: “Para volver a jugar me lo tendrían que pedir mi mujer y mis hijas. El pueblo ya me lo pidió (cuando Argentina jugó contra Australia en las eliminatorias mundialistas) y volví. Y el pueblo entendió que ellos (los directivos de la FIFA) no me dejan volver”.
El 1º de enero Maradona partió hacia París. Recibió el “Balón de Oro”, premio que otorga la revista especializada France Football.
Al llegar a La Habana, se le preguntó por los méritos del jugador mexicano Hugo Sánchez para ganar tal distinción.
Irónico, con desdén, contestó:
–¿Quién? ¿Hugo Sánchez? Pobre muchacho.