Sostenidos a cinco metros de altura por el frágil hilo del control físico y mental, seis bailarines mexicanos integrantes del grupo francés Roc in Lichen arriesgan su vida en el inusual montaje coreográfico El gorrión tejedor, que se presentará del 12 al 22 de enero en el Teatro de la Danza.
Roc in Lichen es reconocido en Francia por sus presentaciones en el Teatro de La Bastilla en París, Lincoln Center en Nueva York y en el Festival de Invierno de Aviñón. Asimismo, se encuentra financiado por el Ministerio de la Educación Nacional y la Cultura de Francia y la Asociación Francesa de Acción Artística. Su trabajo ha trascendido en su país por la gran importancia que da el grupo a los talleres y cursos con niños y adolescentes.
Invitados a participar en 1993 al festival artístico Multiarte Escénico INBA’93 con su puesta en escena El cuarto de baño, en la cual se mostraba “el lugar donde uno se vuelve sobre sí mismo, un lugar de intimidad y de calidez, y el sitio donde uno se inspecciona y observa”, los directores del grupo, Laura de Nercy y Bruno Dizien se entusiasmaron con el interés que generó su coreografía y decidieron por ello realizar un proyecto de intercambio cultural con México.
Así, propusieron al INBA el montaje de El gorrión tejedor con un reparto integrado por seis bailarines mexicanos y dirección, iluminación y sonido a manos de Roc in Lichen.
“El trabajo que hacemos es muy particular porque trabajamos sobre la vertical –comenta a Proceso Laura De Nercy–, es una técnica que comenzamos a construir desde hace diez años. Bruno y yo somos bailarines desde hace mucho tiempo, pero con formación técnica muy diferente. Desde que nos encontramos, incorporamos ambas formaciones con el interés por la vertical y empezamos a investigar sobre otra manera de entrenarnos.”
Por segunda ocasión en México, el grupo presenta ahora una obra difícil de lograr por ser sumamente abstracta, de tendencias minimalistas, requerimientos de gran precisión en sus acciones físicas y por la lucha permanente contra el miedo a caer. Así, El gorrión tejedor encuentra su origen en la historia de un gorrión aficionado a la caza de cebras, lo cual realiza al lado de sus dos hermanas en las noches de luna llena.
Desplazándose de manera temeraria y a gran velocidad, los bailarines efectúan movimientos acrobáticos en planos verticales. La escenografía diseñada a manera de paredes para escalar se levanta hasta los cinco metros de altura, desde donde los jóvenes intérpretes hacen evidente despliegue de tranquilidad.
Agiles y flexibles, como resultado del entrenamiento que han seguido desde que fueron escogidos el año pasado para participar en el proyecto, los bailarines experimentan de otra manera el esfuerzo dancístico tradicional; sus ejes de equilibrio han sido modificados y sus puntos de sostén sustituidos por una forma de movimiento nada convencional.
De esta manera, señala la coreógrafa francesa de 40 años, “el cuerpo se comporta de otra manera por la fuerza de la gravedad, la verticalidad diseña los cuerpos en proporciones más largas porque trabajamos con grandes distensiones musculares. Se cambia la forma y la musculatura”.
Seleccionados por Bruno Dizien en julio de 1994, con base en su espontaneidad y posibilidades de adecuación a cualquier tipo de movimiento, Dery Fazio, Roberto Robles, Jeraldhy López-Bosh, Zoraida Vargas, Juan Manuel Ramos y Deyanira Valverdea participan en el ambicioso proyecto que los llevará junto el equipo técnico francés a presentaciones en Francia y Venezuela.
Los criterios para su elección, afirma De Nercy, fueron sencillos: “La técnica es muy importante, pero también lo es tener bailarines no estereotipados y que puedan adecuarse a otro concepto de la danza; necesitamos, en resumen, gente muy bien formada técnicamente pero con gran plasticidad para no limitarse a un sola manera de moverse”.
De esta forma, los jovencitos mexicanos han desarrollado un enorme potencial físico, similar al de los escaladores especializados: la fuerza de sus brazos y espalda se destaca por encima de sus otras capacidades físicas, y además, afirma la directora del grupo, “su seguridad y aplomo se han incrementando con los ensayos”.
A pesar de lo temerario que se ve el espectáculo, “no es peligroso, los bailarines saben ya cómo trabajar mental y físicamente”, asegura.
Es tal la audacia del grupo francés, que en una ocasión presentó su montaje El cuarto de baño en un precipicio, al sur de Francia, sobre los acantilados del Cañón de Verdon: “Un lugar para escalar muy famoso. Pusimos la escenografía a 400 metros de altura y representamos fragmentos de la propuesta. Pienso que estábamos un poco locos en ese tiempo, pero es un recuerdo increíble, muy intenso, por el miedo a caer porque no estábamos colgados ni sujetos a nada”.
Decididos a impactar con su arriesgada propuesta, los Roc in Linchen involucrarán además al grupo de mexicanos en un taller profesional de tango: “Pensamos que es fundamental después de esta experiencia, para relajarse y experimentar con otra forma de movimiento”.








