Hasta morir

Para los que sobrevivimos a la adolescencia, todos los adolescentes son iguales. Parecen reírse, peinarse y tatuarse por ósmosis. Sin embargo, ese afán por identificarse con el otro yo tiene abismos más peligrosos, y según “El Boy” y Mauricio, protagonistas de esta historia, la adolescencia es en realidad un territorio minado en el que algunos logran hasta morir.
Este es el título de una canción del grupo Caifanes y de la Opera prima de Fernando Sariñana que trata sobre un chavo banda del D.F. y su amistad a punto de la fusión con un cholo de Tijuana, una historia escrita por la joven poeta y guionista telenovelera Marcela Fuentes Beráin.
Matrimoniada con un músico habitante de La Maldita Vecindad y los hijos del quinto patio, la guionista de Hasta morir tenía por dónde empaparse de la vida de los chavos que abarrotan los conciertos y el Metro y que encuentran en la noche la ternura y el desmadre. Pocas veces se escuchan sus gritos. A algunos les parecen mutantes que aúllan como lobos en noches de luna llena, pero más bien acostumbran secretearse y sus gritos se descubren por las mañanas en graffitis debajo de los puentes. Además de su formación sociológica, de su sensibilidad poética, Fuentes Beráin tiene una disciplina –quizá fogueada en la escritura diaria en Televisa– y distintas influencias en la dramaturgia que van desde su madre, Fernanda Villeli, y Gabriel García Márquez hasta el maestro hollywoodense Syd Field. Escribió también uno de los episodios de Ciudad de Ciegos, de Alberto Cortés.
Coproducida por IMCINE, el Fondo de Fomento a la Calidad Cinematográfica y la Universidad de Guadalajara, Hasta morir es una afortunada combinación de jóvenes que le inyectan algo de intravenosa energía al cine mexicano. Demian Bichir tiene una actuación fenómeno, a la que le hacen buen contrapeso Juan Manuel Bernal, Verónica Merchant, Dolores Beristáin y Vanessa Bauche. Bichir cuenta que vivió en Los Angeles, y convivió con los chavos de la Banda de Lemus, de los que aprendió gestos y ese spanglish que “cholo” se aprende hablándolo. Lamentablemente, la película tiene fallas de sonido y a veces no se entiende todo.
Además, la banda sonora a cargo de Enrique Quezadas es chida y obtuvo por ello el Coral en el Festival de La Habana, junto con los de Opera prima y Edición. En la Muestra de Cine de Guadalajara, la película obtuvo además uno de los premios que más interesan, el del público.
La dirección de arte es estupenda, y la ambientación y las locaciones dantescas de Gloria Carrasco son el marco ideal para esta historia de jóvenes que desde que nacen saben que “la vida no es igual para todos”.
Fernando Sariñana (nacido en 1958) había trabajado en Los Angeles –en una beca de cine y televisión– el tema de los cholos, y para la filmación de esta cinta realizó una investigación con el equipo de su película en Tijuana. Fue productor de Modelo antiguo (1992) y La vida conyugal (1993). Salvo por algunos momentos de falso esteticismo videoclipero, la dirección de Sariñana es muy lograda y congruente con la desolación de este submundo juvenil.
Hasta morir –estrenada por fin comercialmente en varios cines capitalinos– puede significar un buen regalo para la raza, quizá la más afectada por los Planes de Emergencia y las emergencias que han afectado su vida desde la cuna, y que impiden –entre drogas, delincuencia, judiciales y corazones rotos– que muchos lleguen con bien a la edad adulta.